TELL NORTE NOVIEMBRE 2018

43 tell. cl Dicen que las grandes ideas surgen de una buena conversación. Y así es precisamente como nació esta organización sin fines de lucro que busca acercar la medicina del más alto nivel a pacientes vulnerables. De esta forma, tres profesionales han realizado tratamientos quirúrgicos a más de cien pacientes en un periodo que apenas supera los dieciocho meses. Hoy, Mc John Vicuña, Marcelo Zamorano y Javier Labbé, nos relatan cómo convirtieron en realidad este sueño. Por Catalina Aparicio Fotografía por Rodrigo Herrera F ue en un asado cuando tres amigos decidieron que ya era hora de conver- tir en acciones concretas todas esas teorías sobre cómo mejorar el acceso a la salud en la región. Ya varias veces habían intercambiado experiencias y elaborado cientos de conjeturas sobre cómo, des- de el ejercicio de la medicina, podrían contribuir a la calidad de vida de quienes vivimos en el extre- mo del país. Pero esa tarde se pusieron manos a la obra. Así, Mc John Vicuña, ginecólogo-oncólogo, Mar- celo Zamorano, cirujano digestivo, y Javier Labbé, cirujano cardiovascular, dieron vida a la idea de crear la Fundación Manos que Ayudan. Conven- cieron a Nelson Valenzuela, el cuartomosquetero, y todo fluyó. De esta conversación ya han pasado cuatro años y ese sueño se convirtió en realidad. Cada uno de ellos tiene sus propias motivaciones, pero con un factor común, que es el motor de la fundación: vocación social. LAS DECISIONES DE VICUÑA Mc John Vicuña quería ser ingeniero civil, pero jus- to antes de rendir las pruebas de admisión —en aquellos años prueba de Aptitud Académica— co- menzó a rondar por su mente la idea de cumplir el sueño de su abuelo: tener un médico en la familia. Como estudiante, siempre su fuerte estuvo ligado Fundación Manos que Ayudan PROFESIONALES Con - a lo matemático, pero lo conversó con sus padres, dio la específica de biología y la de matemáticas y con resultados en mano, tomó la decisión. Hoy es ginecólogo con subespecialidad en on- cología y aunque su abuelo murió antes de verlo ejercer la medicina, Mc John sigue cumpliendo el rol de nieto mayor, buscando la forma de servir a los demás mediante su ejercicio profesional. Sus raíces antofagastinas lo impulsan a generar instancias para que los pacientes de todo Chile tengan el mismo acceso a la salud y a tratamien- tos de calidad, sin tener que sumar a sus preocu- paciones temas como los recursos o la calidad de los médicos. ¿Por qué surge esta inquietud por crear una fun- dación? Mi abuela, mi mamá, mi papá tenían una especial vocación por ayudar. Siempre participaban en dis- tintas agrupaciones y como familia hicimos propio ese ejemplo, siendo la empatía un valor que to- dos cultivamos. Cuando estaba en la universidad conocí una paciente con leucemia, la que fue tratada en una primera instancia. Pero la enfer- medad volvió y esa “segunda parte” no es cubier- ta por el Estado. Con unos compañeros hicimos un bingo, juntamos más de medio millón para el tratamiento y ese mismo día, ella murió. Fue una experiencia estremecedora y aunque la plata de alguna manera sirvió, la sensación de impotencia me acompaña hasta hoy. Ciencia

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