TELL NORTE NOVIEMBRE 2018

34 tell. cl pués me fui a Diego de Almagro y fui directora comunal de Integra, donde me desempeñé casi por dos años ad honorem . Mi trabajo siempre ha fluido de manera natural, la verdad es que nunca me lo planteé o me lo cuestioné. Crecí sin un padre al lado y casi como un gesto de sobrevivencia decidí ser feliz, de manera que no busco nada, se produce la magia y las cosas llegan solas. El arte es parte de esto. ¿Sientes que esas fortalezas te han permitido trabajar en un oficio poco común y que, además, no resulta fácil realizar en este país? Absolutamente. Mi experiencia de vida me ha permitido, además, mantenerme. El arte es mi militancia y desde esta otra trinchera sigo trabajando con la misma pasión y con el objetivo de aportar y contribuir a la comunidad. La gestión cultural es un compromiso y la siento como mi misión. En octubre, participé como anfitriona en el Quinto Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de las Culturas y las Artes, en Coquimbo, y fue muy revitalizante sentir las nuevas energías que confluyen y se aúnan entre las gestoras a nivel latinoamericano y mundial. Un encuentro que visibiliza, además, la realidad de las mujeres que trabajan en cultura, por ejemplo, sus bajos ingresos Y esto claramente es una realidad transversal, como muchas otras. Ahora, esta instancia colaborativa de la Red de Gestoras nos permite mirarnos y escucharnos en un diálogo abierto y ho- nesto. Tenemos claro quiénes somos, cuál es nuestra misión, pero queremos trabajar desde los contextos reales de cada territorio. Me preocupa que las políticas locales no estén tan vinculadas con nuestro quehacer. Lo importante es que los gestores, los artistas y “En 1920, esta casa era el edificio del Banco Sud- americano y más tarde fue la bóveda del Banco Estado. Cuando se inició el concepto del Barrio In- glés, se utilizaba como bodega municipal y, desde el 2004, tengo el comodato del municipio de Co- quimbo. Toda la implementación de esta galería la hice yo, orientada a la promoción, exhibición y cir- culación del arte contemporáneo local, nacional e internacional y, en el último tiempo, hice algunos cambios para que sea un espacio multidisciplina- rio, y así cubrir las diversas áreas del arte. En defi- nitiva, lo que hago es autogestión, trabajo mucho en terreno, articulo redes y en esta labor ya llevo más de veinticinco años”, recalca Alejandra. ¿Y cómo nace este vínculo con la gestión cultural? Vengo de un núcleo familiar muy pequeño, de un matriarcado. Mi madre, Norma Hernández, fue una gran líder y activista política y social de la Pro- vincia del Limarí. Y mi abuela, Adela Videla, prima hermana de un expresidente de la república, tam- bién fue una mujer muy potente en esos ámbitos. Me crié dentro de esa dinámica y para mí era coti- diano trabajar desde lo social y lo comunitario en el mundo de la ruralidad. Nací en Ovalle, he vivido en varios lugares, pero el norte es mi norte y don- de he estado me he vinculado con las personas de esos territorios. Pudiste optar por la política, sin embargo, elegis- te el mundo del arte y la cultura Es que el arte es política y es la herramienta más potente para hacer las transformaciones que se requieren y en todos los ámbitos; desde esa con- vicción siemprememantuve al margen de lo parti- dista. Fui dirigente de las juventudes campesinas de la Provincia del Limarí y desde ahí partí a Inca de Oro, donde armamos una agrupación cultural y trabajé con el sindicato de pirquineros. Des- … el arte es política y es la herramienta más potente para hacer las transformaciones que se requieren y en todos los ámbitos”.

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