TELL NORTE ABRIL 2019
Marcela Geisse Vilicic “ Tenía veinticuatro años cuando me casé con Raimundo y des- pués de largos y muy disfrutados once años de matrimonio, nació nuestro primer hijo. Raimundito (16) fue un niño muy esperado por toda la familia y siempre dije que el día que tuviese hijos, dejaría de trabajar como educadora de párvulos y empre- saria para dedicarme a ellos y así fue. Tres años después nació Josefina (13), nuestra princesa. Estábamos felices con la parejita, pero yo sentía que nos faltaba un Clemente, un José Manuel y una Colomba, siempre quise tener una familia grande. En ese entonces vivíamos en Santiago y por un tema laboral de Raimundo, nos trasladamos a La Serena, en el 2009. Así partimos nuestra nueva vida familiar y un año después, a mis cuarenta y cuatro años de edad, supe que estaba esperando guagua, ¡no lo podía creer! Viví entonces un periodo de nega- ción y no le conté a nadie, incluso recién a los cinco meses de embarazo fui al doctor. Mi edad nunca fue tema, tampoco me atemoricé frente a posibles riesgos, el punto era lo que se venía… partir todo de cero. En Navidad, con un regalito, les di la sorpresa a Raimundo y a los niños. Estaban todos felices. En el 2011, y a mis cuarenta y cinco años, nació Dominga. Los primeros meses fueron complicados porque la Domi sufría de reflujo gastroesofágico y lo único que la calmaba era tomar pecho. Lloraba tanto que Raimundo tuvo que irse a otra pieza y estuve, prácticamente, seis meses encerrada con ella. Fue muy desgastador, tanto que mi dedicación a la Domi afectó a Josefina, y es que no fue fácil para ella compartir a la mamá. PARTIR DE CERO Con la llegada de la Domi he dedicado tiempo completo a mis niños y recién ahora he podido retomar mis actividades. Si bien he tenido que postergar muchas cosas y el cansancio a ve- ces no acompaña, siento que estoy en el me- jor momento de mi vida. Tengo cincuenta y dos años y me siento radiante. Somos una familia achoclonada y como padres no nos sentimos en deuda para nada. Les hemos inculcado que la familia es lo más importante y que está por sobre todo. Me siento muy agradecida de Dios, tengo un marido espectacular, hijos sa- nos y felices, y un “conchito” que nos alegra la vida y que nos va a acompañar por harto rato”.
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