TELL NORTE ABRIL 2019

30 tell. cl Patricia Castillo S oy de Santiago, pero luego de conocer a Daniel, nos fuimos a vivir a Iquique, lugar donde nos casamos y tuvimos a Daniel, que hoy tiene veinticinco y estudia medicina. Luego de un par de años, buscamos a Fabián, más conocido como el Fá, que era un bebé muy “normal” hasta que un día comenzó a tener algunas actitudes un poco extrañas. Decía “pa” en vez de pan, “ma”, en vez de mamá, daba vueltas en círculo alrededor de la mesa o se acercaba al televisor a tocarlo y se quedaba mucho rato mirando. Lo llevamos a un pediatra que nos dijo que eran cosas normales y que esperáramos hasta que Fabián cumpliera dos años. Cuando eso ocurrió, el diagnóstico fue “sí, puede que sea autismo”, pero no había mucha información y fue poca la ayuda que tuvimos. Es- tábamos muy angustiados, un poco perdidos. Una siquiatra nos derivó a un centro especial, CEDIN y a pesar de tener que cambiar- nos de ciudad, lo hicimos sin pensarlo mucho. Cuando llegamos a Santiago, al entrar a un centro especializado, por primera vez me sentí en el lugar correcto. Conocimos al doctor Jaime González Oporto —nuestro neurólogo hasta hoy— quien nos dijo, desde el principio, que el autismo es una condición y que el Fá siempre será así. Su diagnóstico es de autismo severo y es el hijo más dulce y lindo que pueda existir. Hoy tiene veintidós años, no habla y su forma de comunicarse es con miradas, movimientos, actitudes. Hubo momentos muy duros para todos. En el colegio gritaba sin consuelo y cuando decidimos no llevarlo más a clases, una asistente social nos advirtió que como padres le estábamos quitando el derecho de educarse. Quedamos destrozados por- que ni las leyes, ni el sistema de salud te ayudan. CONOCIENDO AL FÁ Hemos pasado por millones de tratamientos: rei- ki, biomagnetismo, dieta biomédica, jugos, me- dicina alópata y, ahora, resina de cannabis. Esta alternativa ayuda a bajar los niveles de ansiedad de Fá y mantiene controladas esas pequeñas cri- sis con las que tenemos que lidiar. La consegui- mos a través de la Fundación Daya, que apoya a varias familias con el cannabis terapéutico. Somos un equipo. Mi marido y yo tenemos un vínculo maravilloso como pareja, y mi hijo mayor es el mejor hermano que existe. Nuestra otra compañera es la Nina, una perrita golden de seis años que siempre está ahí en los paseos con Da- niel y Fabián por la playa. Hoy sabemos que nuestro Fá es así y será así siempre, por eso todos los días hacemos lo me- jor para que tenga una vida linda. Admito que aún me afectan las miradas inquisidoras o sentir la incomodidad de algunos, pero trato de relajarme. Finalmente, somos una familia diferente y nos adaptamos a la realidad que nos toca vivir, asu- miendo la libertad de saber que mi hijo es autista y que siempre será así.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDQ4NTc0