TELL NORTE ABRIL 2019

Tini González Ireland PRIVILEGIADA Y ESCOGIDA “ Después de quince años de pololeo con Abdón, quedé emba- razada de mis primeros mellizos, Emilia y Vicente. Tenía vein- tisiete años cuando nacieron y debo reconocer que pese a la ayuda y al apoyo demi familia, fue un periodo duro y muy cansador. Cuando mis niños tenían cinco meses, tuve que retomar mi trabajo como ingeniera comercial y los dejé al cuidado de dos personas de mucha confianza. Seis años después, nació la Laurita. Fue un embarazo planificado y muy esperado también. En el 2010 me separé y, luego, conocí a Carlos. Él es menor que yo y hasta entonces no tenía hijos. El punto es que para él era un tema crucial tenerlos. Nuestra relación estaba en juego, porque con mis tres niños me sentía plena y no era capaz de tener más hijos. Él, sin embargo, nunca perdió la esperanza. Tenía treinta y nueve años cuando cambié de opinión y decidimos intentarlo. Era el momento, porque no quería ser mamá después de los cuarenta. Pasó un mes y con Carlos estábamos en el cine cuando sentí el rechazo al aroma de las palomitas de maíz y supe de inmediato que estaba embarazada. El test salió positivo, pero me negaba a creerlo. Esperamos unos días y fui a ver a mi papá que es ginecólogo. Cuando me estaba haciendo la ecografía me dice ¡Sí, estás embarazada! Me sigue revisando y en el monitor veo que hay otra lentejita. Al segundo, mi papá me dice ¡Oh, son dos! Para mí fue un balde de agua fría. Me puse a llorar a mares y sentía que me desplomaba. Carlos quería gritar de felicidad, pero tuvo que aguantarse para contenerme. Francisca y Rosario nacieron en julio del 2013. Ya había cumpli- do los cuarenta años y, la verdad, no es lo mismo tener mellizos a los veintisiete que a los cuarenta. Si bien ya tenía la experien- cia, el apoyo de Carlos, de una enfermera, de mi mamá y de mis amigas, mi energía y mi cuerpo ya no eran lo mismo. El primer año de vida de las niñitas lo tengo casi borrado de mi mente porque fue un agotamiento feroz, pues debía dedicar toda mi preocupación y atención a mis cinco niños. Emilia y Vicente (19) salieron del colegio el año pasado y Francis- ca y Rosario (5) entraron este año a kínder ¡imagínate, todo de nuevo! Y la Laurita (12), como buena hija del medio, ha tenido que adaptarse a todo este cambio. Hoy, miro a esta hermosa familia y no puedo hacer otra cosa que agradecer. Carlos es un papá ma- ravilloso y la convivencia es muy sana. Como mamá me siento privilegiada y escogida, porque tengo mucho amor para entregar. Al final del día, me siento en la cama y agradezco a Dios por tener hijos sanos, felices, lindos de corazón ¡qué más podría pedir!”.

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