Viña julio 2018

¿Te costó la primera vez? No, es acostumbrarse a leer un pentagrama extra para el pedal del órgano, y encontrar el tacto preciso para la técnica de cada interva- lo de música. Siempre digo que si no hubiera sido por la Sybil quizá nunca hubiera tocado un órgano. Ella me dio el empujón. Todas las semanas la escuchaba tocar en la iglesia. Y tocar con ella, aprender con ella, fue muy lin- do. Sybil es un ejemplo para mí. De ahí nació mi pasión. Sybil la escucha con una sonrisa. “A mi edad es fantástico que te digan esas cosas. Yo sembré una semillita y estoy muy feliz por eso”. Durante los cuatro años que estudió en el Conservatorio, Mallory iba religiosamente a sus clases. Pero quiso terminar cuarto me- dio en Maine, Estados Unidos, donde vivía su papá, para poder postular a universidades de música. Aplicó a varias, pero finalmente optó por una de las mejores del mundo: Indiana University Jacobson of Music, a la que entró becada. Actualmente estudia Órgano y Direc- ción de Orquesta y Coro. “No es solo tocar. Uno tiene que educarse, leer sobre los compositores. Mis profesores que decían ’tú tienes que buscar los años en Los órganos son de otro mundo, son órganos de compositores, órganos históricos. Imagínate tocar el órgano donde antes estuvo ensayando Johan Sebastian Bach”. demás eran universitarios, mucho más grandes que yo. Nadie me ha- blaba. ¿Quién iba a querer hablar con una cabra chica?”. FACTOR SYBIL Entre Mallory Haney y Sybil Hammersley hay medio siglo de diferencia. Pero no se nota cuando hablan de música. Se habían visto varias ve- ces antes en la Iglesia Luterana de Viña, donde Sybil era la organista y Mallory, la hija del pastor. En esa época, la pequeña seguía con sus lecciones de piano, pero le llamaba la atención ese imponente ins- trumento de madera de encina, con teclados enchapados en marfil y tubos de estaño. Un día, Sybil se le acercó y le pidió que tocara con ella. “Debo haber te- nido unos once años”, recuerda Mallory. Al sábado siguiente se junta- ron de nuevo. Y así, cada fin de semana. “De a poco, fui entrenándola en las melodías del culto, le fui enseñando los preludios y postludios, propios de la ceremonia luterana”, explica esta descendiente de ale- manes. Mallory llegó hace unos días de Estados Unidos. Y cuando lo hace, siempre se da un tiempo para visitar a la que considera su maestra más querida. Ya tiene programados varios conciertos en la ciudad puerto que la vio crecer. ¿Cuál es la diferencia entre tocar un piano y un órgano? El piano es un instrumento de cuerda y el órgano, de viento. Las teclas son más pesadas en el órgano. Con el piano hay control de dinámicas en el tacto con las teclas; en cambio con el órgano uno controla la dinámica de algunos teclados con un pedal. 56 tell. cl Mallory junto a Sybil Hammersley

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