TELL Rancagua Julio/Agosto 2018

30 tell. cl T Cuando hablamos de patrimonio nos gusta hablar de la puesta en valor de las personas, del trabajo con la comunidad de manera colaborativa, sin paternalismo. Con el tema de la fotografía generas una participación concreta”. “Acá no vamos a partir de cero. César Chris- tensen donó su archivo fotográfico y ya tengo digitalizadas doscientas cincuenta imágenes. La más antigua data de 1920 y en ella se ve a un profesor con sus alumnos en una zona rural. Es un proyecto anhelado por muchas personas, especialmente por Miguel Lira, encargado de cultura de la municipalidad de Chimbarongo, quien está muy comprometido con esta idea al igual que el alcalde. Para ellos es un tema prioritario. El objetivo es rescatar ese Chimbarongo de la artesanía en mimbre, pero también su ruralidad”. En medio de uno y otro trabajo para la Funda- ción Procultura, Alejandra ya definió su tema para el proyecto de grado del magister que está cursando. Pretende poner en valor el ar- chivo fotográfico del liceo Neandro Schilling de San Fernando, una institución de ciento sesen- ta años, cuyo edificio fue declarado monumen- to histórico, pero permanece cerrado desde el terremoto del año 2010. “Hay unas fotos increíbles de principios del siglo XX, pero están en pésimo estado de con- servación. En el año 2014 catalogué 845 fotos de diversos tamaños y fechas; la más antigua es del año 1923 de la fiesta de la primavera que se celebraba en la Plaza de Armas. Si bien el liceo es un monumento histórico, la declaratoria no protege los obje- tos que están en su interior, ya que no se incluyó el patrimonio mueble. De todo el patrimonio del liceo las fotos son las que están en mayor peligro por diversos factores de daño, como la suciedad y la humedad”, cuenta Alejandra, quien también está postulando a fondos para finan- ciar este trabajo de rescate, conservación preventiva, documentación y difusión. Una vez que termine esa etapa, la investigadora también buscará apor- tes para inventariar los objetos del establecimiento. “Como no me pue- do hacer cargo del edificio deteriorado, quiero hacerme cargo de lo que hay adentro, porque no se entiende el liceo sin sus objetos educativos, como los pupitres o los cubiertos que usaban los niños para comer. Todo eso en este momento está en peligro y lo quiero inventariar y catalogar para que no se pierda”, dice con perspectiva histórica y patrimonial.

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