TELL NORTE NOVIEMBRE 2019

Tengo muchas ideas y planes para el futuro y uno de ellos es incorporar una granja y que las personas que la trabajen sean los mismos pacientes y personas con discapacidad”. fundación. Hemos ganado algunos proyectos y suscrito alianzas, pero aún falta mucho para autosustentarnos. ¿Cómo funciona la Fundación? A nivel de profesionales trabajamos con dis- tintas áreas. Tenemos kinesiología, sicología, fonoaudiología, trabajo social, educadoras, veterinario y también voluntarios. Afortunada- mente, gracias a las gestiones realizadas y a los proyectos adjudicados, hoy todo nuestro personal está certificado en Terapias Asisti- das con Animales, mención equinos, y de eso me siento muy orgullosa. La mantención de un caballo, el pago de sueldos, los gastos en traslados, comidas, infraestructura, hasta los bloqueadores solares, el agua, son altos. Vivi- mos en una región donde el sol es muy fuerte y las fuentes de agua son pocas, y trabajamos con animales que necesitan ser alimentados y cuidados en dichas especiales condiciones climáticas. Por ejemplo, un fardo de alfalfa no cuesta lo mismo que en Santiago; acá es más caro y si a eso le sumas la escasez hídrica que está viviendo el sur del país, este costo ha au- mentado muchísimo en último tiempo. Y en lo personal, ¿cómo asumiste este desafío? Además de ser educadora, me capacité en Estados Unidos, Argentina, Uruguay y Chile so- bre inclusión y también ofrezco charlas gratui- tas en diferentes lugares para dar a conocer nuestro trabajo y cómo es vivir con personas con discapacidades. Como madre me he vis- to afectada muchas veces por el sistema de salud del país. Es súper violento vivir el poco apoyo de parte de las isapres cuando existen enfermedades o condiciones de discapaci- dad. Por ejemplo, existe el apoyo en “hospita- lización domiciliaria”, pero hay que cumplir re- quisitos específicos, informes médicos y mu- chas veces mediación con abogados. De no tener estas opciones un servicio así se debe contratar de forma particular, los terapeutas que deben ir a la casa y todo un mundo de obstáculos que, permanentemente, debemos superar los padres que vivimos con hijos con algún tipo de discapacidad. ¿Cómo ha sido tu experiencia y la de Valentino con el sistema de educación en Antofagasta? Fue difícil. Recorrí todos los establecimientos de la ciudad y la mayoría de las puertas se cerraban. Como mujer católica también me sorprendió que muchas veces te digan abier- tamente que no se sienten en condiciones de recibirlos y eso es bastante triste. Creo que nos falta mucho como país en ese sentido. 45 tell. cl Por suerte, llegamos al Colegio Internacional de Antofagasta, institución que, desde el prin- cipio, nos acogió y que ha hecho sentir a Va- lentino como en casa. Él asiste todos los días con una profesional que lo acompaña, pues su condición de salud obliga a ello. Tiene un grupo de amigas y amigos que lo incluyen en todas las actividades. Dentro de sus mejores amigas están Javiera y Muriel, con quienes siempre juega y son súper cómplices. Se trata de niños y niñas que son el reflejo de sus padres y de la educación que les entrega el colegio. Me he en- contrado con una gran calidad humana en este lugar y eso hace que hoy no me quiera mover de esta ciudad.

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