TELL NORTE NOVIEMBRE 2018
encerrada enmí misma, sin querer enfrentar lo que me había pasado, pensando que ya estaba supera- do, hasta que me di cuenta de que una niñita lo es- taba pasando mal en el colegio y me cayó la teja de que esto era algo que le pasaba a más personas”. Fue así como con apenas catorce años se acercó a la directora del colegio y armaron una primera forma de intervención concreta. Desde entonces no han parado. En la Fundación Volando en V han realizado cientos de acciones, en decenas de cole- gios, y con la misma idea, es decir, donde los alum- nos mayores ayudan a los más pequeños, como hicieron con ella en su momento. Dice que la mejor manera de entender el centro del método que utilizan es observando a las aves migratorias. “Los pájaros vuelan en forma de ve corta. Este sistema funciona porque cuando un pájaro vuela adelante, le hace el vuelo más liviano al de atrás. Sin este sistema, no podrían recorrer las distancias que recorren. El líder tiene una car- ga más pesada y se turna con otro. Cuando uno tiene que parar, todos paran y lo acompañan y después siguen”. colegio se enteró y básicamente se acabó la agresión”, pero lo inte- resante es que lejos de dejarlo ahí, personas de la comunidad es- colar y especialmente las alumnas mayores del colegio, decidieron hacer una intervención. “Juntaron a toda la generación en una sala y nos explicaron qué es lo que estaba pasando, cosa que era muy distinta a lo que habían hecho las autoridades del colegio —suspen- der a las agresoras—, medida que era súper necesaria porque frenó lo que me estaban haciendo, pero que no solucionaba el problema de fondo”. ¿Y cuál era ese problema? Esa medida no lograba que me dejaran de odiar o que me empeza- ran a invitar a sus casas. Había una exclusión que iba a quedarse por siempre. ¿Qué fue lo que finalmente permitió hacer el cambio profundo? Cuando las niñas de cuarto medio nos explicaron con sus pala- bras, con sus historias y con sus formas, qué es lo que nos estaba pasando, nos hicieron aterrizar el tema de una manera que nadie lo había logrado, desde una dimensión cercana, humana. Fue muy especial lo que se produjo. Tanto, que las niñitas que me molesta- ban me pidieron perdón ese mismo día y me invitaron a sus casas. Fue instantáneo. Y me cambió la vida. Hoy las tengo entre mis me- jores amigas. A muchos escolares les puede haber pasado lo que a ti, pero algo hubo en tu historia que permitió un final feliz. ¿Qué crees que fue? Creo que fue el apoyo de mi familia. Mis papás fueron muy criterio- sos en todos los pasos y me ayudaron, más que a parar la agresión —porque eso muchas veces se escapa de las manos de la víctima— a manejarla de una manera en que yo saliera fortalecida, sin cul- parme a mí misma y entendiendo que hay más en la vida que eso. También me enseñaron a perdonar. LAS AVES MIGRATORIAS Hasta aquí la historia de Andrea no había salido de los límites de su colegio en Guayaquil y su entorno más cercano. “Estuve tres años Los pájaros vuelan en forma de ve corta. Este sistema funciona porque cuando un pájaro vuela adelante, le hace el vuelo más liviano al de atrás. Sin este sistema, no podrían recorrer las distancias que recorren”. 86 tell. cl Fotografía gentileza Volando en V.
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