TELL NORTE NOVIEMBRE 2018
De los muebles pasé a los cuadros, con una pintura muy ingenua, estilo naif y esto lo he mantenido hasta ahora, porque es parte de mi esencia”. E n el amplio y acogedor espacio circular de su casa-ta- ller, ubicada a pocos kilómetros de Quebrada de Talca, en el Valle de Elqui, Mariangel nos presenta algo de su colección personal y con breves relatos cuenta la historia que guardan sus obras y de cómo el arte ha llenado su vida, por más de treinta y seis años. Una decena de coloridos cuadros, muebles intervenidos, esculturas de madera y obras textiles, todas de su propia autoría, iluminan la sala diseñada también por ella, y en la que destacan un robusto y añoso tronco en el centro, techo de cañas y muros de barro. Aquí pasa gran parte del día, esta artista multifacética que nació en Vi- cuña y creció en Gualliguaica, hoy, pueblo sumergido bajo las aguas del Puclaro. Con franqueza afirma que, cuando era niña, pintaba por obligación. “Mi mamá me sentaba a pintar y me cargaba. En el colegio le pedía a una prima que me hiciera los trabajos de arte, porque no tenía ninguna motivación”, recuerda Mariangel, y agrega que al egresar del colegio, estudió dos años enfermería; luego, se casó y se convirtió en madre de cuatro hijos. “Cuando estaba embarazada de mi tercera hija, empecé a pintar muebles para casas de haciendas, o bien, los diseñaba y los man- daba a hacer a maestros de la zona. Aprendí de algunos libros que 26 tell. cl
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