TELL CONCEPCIÓN ENERO 2019

R ecorrer las montañas ligures es viajar entre frondosos bosques y coloridos pueblos donde abunda el silencio. El abandono y la nostalgia se respiran durante casi todo el año, especialmente en esos húmedos meses de invierno que promueven el óxido de las cerraduras y candados que mantienen bloqueadas la mayoría de las puertas, ventanas y establos. No hay animales, tampoco huertos ni vehículos; el letargo campesino solo se interrumpe con la visita de algún familiar que llega a dar una mirada a la casa de los ancestros, esos laboriosos agricultores que durante décadas desarrollaron y mantuvieron las tradiciones locales. Hoy se trata de pueblos vacíos, son escasos los hogares ocupados por abuelas y abuelos que no quieren dejar la montaña, ancianos que decidieron quedarse en su tierra, pero que ya no tienen fuerza para trabajarla, viven con lo justo bajo el cobijo de sus recuerdos que cada año toman formas, colores y aromas, con la fiesta del trigo. En tiempos de verano son varias las familias que prefieren el aire fresco de lasmontañas en vez de las altas temperaturas de la costa, así es como llegan a habitar esas gastadas y heladas construccio- nes de piedra, cerradas durante meses. Lo primero es sacar el pol- vo, la humedad y las telarañas, abrir las ventanas para iluminar los interiores, armar los catres, despejar los jardines y sacudirlo todo.

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