TELL CONCEPCION NOVIEMBRE 2019
72 tell. cl Del total de personas que fallecen, dos de cada cien son candidatos y uno se pierde por negativa familiar, es decir, la mitad de los posibles donantes”. cuatro años. Pero siempre quiso volver a Concepción. “Soy pen- quista por varias razones: la familia, la red de apoyo, me gusta el clima, las distancias. Cuando puedo me arranco a tomar un café con mi mamá”. Pero acá la realidad que le esperaba era muy distinta a lo que él imaginó: “Cuando llegué me fui al hospital pensando que al otro día íbamos a tener unidad de trasplante. Sabía que podía haber un pe- riodo de dificultad, perome encontré conmuchosmás problemas de lo previsto, esencialmente políticos, para establecer esta unidad. Y vi cómo mis pacientes del hospital se iban muriendo. Yo los mandaba a la Clínica Alemana, pero no tenían recursos para viajar a los contro- les ni para estar viviendo tres o cuatro años en Santiago”. Golpeando muchas puertas, la Clínica Sanatorio Alemán acogió ha- cerse cargo de este tema, pero no querían darles la acreditación por tratarse de un centro privado y de provincia. Tampoco querían darles el convenio de Fonasa. “Eran razones políticas porque en Santiago, de los ocho centros que realizan trasplantes, solo dos son públicos”. Finalmente, llegó el caso de Ignacio. “Se trataba de un niño de siete años que estaba en el Hospital Higueras porque se enfer- mó severamente de una hepatitis fulminante. Su historia llegó a los medios de comunicación porque su gravedad impedía su traslado. En ese momento conversamos con el coordinador na- cional y me preguntó si podíamos resolverlo. Le dije que estába- mos listos hace años, pero que me tenía que dar el convenio, y la posibilidad de trasplantar niños, porque para Fonasa eso solo se puede hacer en Santiago, en el Calvo Mackenna. Por fin, me dijo que sí”. Así, trasplantaron a Ignacio con un donante que no era ideal, pero era su única esperanza dada su condición. “Le pusimos un órgano que funcionó relativamente bien dos semanas, lo que nos dio tiem- po, pero él no despegaba. Y ocurrió algo muy raro: hubo un donante en su mismo hospital, y lo trasplantamos de nuevo. Era un hígado reducido porque el donante era adulto. Así fue como partimos los trasplantes en la región: con un paciente grave, niño, con un órgano Cuando terminó su residencia de cirugía gene- ral, se ganó una beca en cirugía de trasplante multiorgánico en la Clínica Mayo, en Minnesota, Estados Unidos. “Ese lugar tiene una gran tradi- ción y desarrollo de punta en la cirugía digesti- va. En ese país los entrenamientos son forma- les. Si vas de visita no tocas pacientes, pero si lo haces de manera oficial tienes que pasar una prueba, firmas contrato, tienes seguro de salud, etc. Eres uno más. Si no rindes, te despiden. Era muy exigente. Estar ahí significó un entrena- miento equivalente a veinte años en Chile o qui- zás más, porque anualmente se concretaban alrededor de quinientos trasplantes, entre las tres Clínicas Mayo, mientras en Chile en total realizamos entre sesenta y setenta”. El entrena- miento contemplaba trasplante de páncreas y renal, pero posteriormente se quedó practican- do cirugías hepáticas y trasplantes biliares. Cuando completó casi cuatro años de formación, recién casado y con su hija mayor nacida en suelo estadounidense, se fue a Japón, a la Universidad de Kioto, a especializarse en trasplantes con do- nante vivo. VOLVER De regreso en Chile, trabajó en la Clínica Alema- na y en el Hospital Padre Hurtado por cerca de
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