TELL CONCEPCION AGOSTO 2018

T lutamente urbanizante. Las localidades se debilitan, tienen menos gente, hay menos intercambios económicos, menos producción, decaen las ferias, el comercio local, cambian los hábitos y las costumbres y la locali- dad se hace cada vez menos autónoma. ¿Eso es lo que trata de revertir CETSUR? Sí. El que cada localidad conozca y valore su patrimonio implica tener la posibilidad de recuperar esta autonomía, desde un ejercicio de recupera- ción no sólo material sino también simbólica, basada en la memoria social, en torno a los saberes y los haceres, las artes y los oficios de sus gentes, en los distintos ámbitos de la vida. El patrimonio cultural, entonces, su conservación y su gestión, antes que ser un referente del pasado para observarlo nostálgicamente, es una herramienta indispensable para la proyección de estrategias de restauración y de desarrollo territorial. EL VALOR DE LO NUESTRO ¿Qué sucede con las personas del campo, cuando entienden el valor de sus saberes y productos? Evidentemente existe una transformación no sólo cognitiva sino también emocional, en la medida en que se evidencia un sentido de valoración, de reconocimiento frente a un saber-hacer conectado con el lugar donde se vive y con la herencia de las generaciones anteriores. Lo interesante es cómo fortalecer estos reconocimientos como colectivo o comunidad. Si sigues el hilo de estos saberes y productos desde sus orígenes, identifica- rás que se trata de patrimonios colectivos y no individuales, lo que significa que para su existencia no es suficiente conservar la técnica de producción, sino una serie de otros elementos que lo convierten en repertorio cultural de un territorio. Algún ejemplo En el caso del vino pipeño, no se trata sólo de las centenarias cepas (País e Italia) plantadas en el Valle del Itata. Existe también un saber en torno al tratamiento de la viña y el proceso de vinificación donde antaño desta- caban los podadores, los zaranderos, los pisadores, los toneleros, los artesanos en mimbre, en fin, una serie de conocimientos y oficios que daban vida a un sistema productivo propio de este territorio, y donde tam- bién el mingaco, la producción comunitaria, la fiesta, entre otros elemen- tos, estaban presentes. La puesta en valor entonces de este patrimonio no sólo se reduce a conservar estas cepas antiguas, sino también a pro- fundizar sobre una serie de elementos a los que hoy las propias comuni- dades pueden dar sentido. Para ti, ¿cuál ha sido el proyecto más emblemático de CETSUR? Las Escuelas de Artes y Oficios, durante los años 2004 al 2011, fue una iniciativa de fuerte impacto y aprendizajes, en términos personales y profe- sionales. Aquí me involucré directamente con el patrimonio alimentario, a partir de un recorrido reflexivo en torno a la relevancia de las semillas tra- dicionales como patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad. Sin semillas y sin el conocimiento especializado de campesinos y campesinas, que por cientos de años han sabido seleccionar, conservar y distribuir plantas y semillas para nuestra alimentación, no sería posible la sobrevi- vencia humana. Detrás de cada semilla conservada se encuentra un saber ancestral y ecológicamente respetuoso que abre camino a diversas con- cepciones de lo agrícola, de relación con bosques, animales y cursos de agua. Desde allí también nace un conocimiento especializado en torno al tratamiento de los alimentos, sistemas culinarios propios de cada lugar, conformando un paisaje cultural rico en diversidad. Detrás de cada semilla conservada se encuentra un saber ancestral y ecológicamente respetuoso que abre camino a diversas concepciones de lo agrícola, de relación con bosques, animales y cursos de agua”. 29 tell .cl

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