“El Coleccionista es un museo del recuerdo y un mercado de la nostalgia, donde se puede adquirir lo que perteneció a elegantes palacios del puerto, a conventos e iglesias en sus cerros, reliquias de casonas patronales en fundos; y todo aquello guardado en legendarios hoteles o aristocráticas mansiones de los balnearios costeros y que se ha conservado en esta zona como verdaderos tesoros de una época dorada”, es la descripción perfecta que Hugo Galleguillos Orchard, arquitecto de la Universidad Católica de Valparaíso y decorador de interiores, hace de la casa de antigüedades. Una tienda que, desde 1996, se encuentra en el corazón de Viña del Mar (1 oriente 1164) y que nació como un proyecto de su hermana Carmen, quien buscaba rescatar el legado histórico de muebles, lámparas, cuadros y objetos de la Región de Valparaíso.
Hace siete años, Hugo regresó a Chile —tras vivir un largo periodo en Europa y trabajando a tiempo completo en increíbles proyectos que parecen de cuento—, para unirse a este negocio familiar y volver a sus raíces. Pero su idea era ir mucho más allá de la típica tienda de antigüedades que se dedican a las monedas, los sombreros y curiosidades, sino que darle un enfoque patrimonial y crear un museo abierto para la comunidad, donde se pueda encontrar parte de la historia. Además de alhajar la casa de sus clientes con exclusivos muebles y decoraciones, a los que aporta con su asesoría como decorador de interiores.
BELLEZA CROATA
Durante su carrera, Hugo Galleguillos ha tenido la oportunidad de decorar alrededor de seiscientas casas, pero sin duda una experiencia marcó su vida. “Tuve la suerte de tener un muy buen cliente, don Andrónico Luksic y su hijo Guillermo. Él confió mucho en mí, le decoré unas dieciocho casas y oficinas alrededor del mundo. Teníamos una relación profesional y de amistad con su familia. Por eso me mandó a llamar cuando compró sus propiedades de Croacia. Decoré tres villas en Drubovnik: la Villa Argentina, la Villa Orsula, la Villa Glavic; y el gran palacio Sheherezade. Después transformé y alhajé en Dalmacia el Hotel Cavtat, el Hotel Sopetar, La Gran Villa Argentina y el Hotel de Isla Mljet (en Istria, al norte de Croacia). Fue increíble para mi carrera y una gran oportunidad, también diseñé los interiores de cientos de departamentos y cabañas similares para el complejo turístico de Plava Laguna”, nos cuenta, mientras nos muestra sus álbumes llenos de historias y recuerdos.
¿Por qué la familia Luksic escoge Croacia?
Croacia, antigua Yugoslavia, estuvo en guerra por diez años y antes en comunismo cuarenta, entonces, fueron cincuenta años que estuvieron aislados del entorno europeo. Lo que por un lado no fue bueno para el pueblo que sufrió mucho, pero por el lado de la arquitectura fue muy positivo porque no había sido tocado. No echaron abajo los palacios, ni los pueblos de la Edad Media. Cuando llegué quedé maravillado con estos monumentos frente al Adriático.
¿Cuál fue su sello?
Todos los arquitectos jóvenes y modernos de allá, querían convertir estos maravillosos palacios en hoteles tipo Miami, ¡era una locura! Debían valorar la historia y los materiales que tenían, por eso hice estos hoteles pensando en su idiosincrasia, me basé en los colores de las ciudades, respeté a las familias nobles con todos sus escudos y usé los materiales de las mismas islas como lo son las piedras.
¿El proyecto más especial?
El palacio Sheherezade, que era el sueño de mi jefe, don Andrónico Luksic. Lo hicimos con todos los muebles del famoso Hotel Carrera, porque como él era uno de los grandes propietarios del hotel, me hizo llegar gran parte del remate cuando lo cerraron en el 2004. Fue muy bonito, parte de nuestra historia, de nuestro hotel chileno está convertido en este palacio croata. Quedó precioso y hoy es un éxito.
Sheherezade tiene mucha historia...
Este palacio tiene una historia muy romántica, fue hecho por un judío para su amante turca, pero cuando invadieron los nazis se lo llevaron a los campos de concentración y ella se fue con él sin pensarlo. Luego pasó al gobierno, en ese tiempo era Tito el presidente de Yugoslavia. Cuando Elizabeth Taylor, la famosa actriz, estaba enamorada de Richard Burton —quien era su amante y marido— fueron a hacer una película cerca de Croacia y el gobierno le prestó Sheherezade por mucho tiempo. Entonces, quedó por siempre la magia de Elizabeth Taylor, una leyenda dentro de ese palacio. Es muy emblemático para la ciudad.
ANTIGÜEDADES CON CUENTO
“Las antigüedades tienen un encanto familiar, una herencia de los padres y de los abuelos, incluso de generaciones más antiguas, que van pasando de mano a mano. La gente joven que ha nacido en una generación más chatarra, donde todo es más desechable, piensa que todo es igual. Pero un mueble no, es algo que va a estar siempre en su casa”, nos cuenta Hugo Galleguillos acerca de El Coleccionista (www.elcoleccionista.cl). Un nombre que nació de la idea de volverse un coleccionista de las cosas bellas de la región.
¿Cómo seleccionan sus productos? ¿Van a remates?
Sí, pero llega un poco de todo, personas que ofrecen sus muebles, muchas señoras que quedan viudas con enormes casas, familias que se desarman, casas que se demuelen, embajadores que se van y no se llevan los muebles de vuelta o por un aviso del diario. Eso es lo bonito, pero se va seleccionando según lo que calza con la tienda.
¿Cuál ha sido el mueble más antiguo que ha llegado?
Cuando recién partimos, nos llegó un trinche, un mueble grande que había pertenecido a Eugenia de Montijo, la esposa de Napoleón III, que provenía de cuando se instalaron en México. Por algún error, pareciera que uno de los barcos que debía viajar con ellos se cambió de ruta y llegó a Valparaíso. Este mueble estuvo en la intendencia o en la alcaldía de Valparaíso. De mano en mano, luego lo vendieron y llegaron a nuestra tienda. Ha sido uno de los mejores muebles que hemos tenido, sobre todo por su historia.
¿Qué tipo de antigüedades reciben?
La mayoría de los muebles son europeos, la maravilla de Valparaíso es que fue el eje de todos los inmigrantes de Chile. Entonces, lo que venía —para las grandes familias de Santiago o de otras ciudades— llegaba por barco a la región y por distintas razones se quedaba. Hay mucho en esta zona, en los fundos, iglesias, en los viejos palacios; casas de Zapallar o Santo Domingo; en Villa Alemana o Limache. Es una zona muy rica en mobiliario, lámparas, cuadros y adornos.
¿Hay un proceso de restauración?
Sí, muchas veces los tenemos que restaurar, pero si el mueble llega muy deteriorado no lo aceptamos. Si llega en una condición fácil de reparar recurrimos a ebanistas, a gente especializada que les hace la pieza que les falta (cerradura, barniz, mejorar los espejos, etc.). Hacemos un maquillaje para que quede como fue en su estado original.
MIRADA EXPERTA
¿Cómo saber cuánto cuesta una antigüedad?
Hay un valor intrínseco y otro comercial, que muchas veces es internacional, por ejemplo, cierto tipo de cuadro firmado por algún artista. Lo otro, es que el modelo es importante, el estado en que está, la calidad de la madera, el trabajo artesanal, tallado o ebanístico.
¿Se puede distinguir una copia de un original?
Eso es experiencia, como experto ya te das cuenta; por ejemplo, los cajones hay que mirarlos por dentro, porque cuando están bien hechos las maderas calzan, no hay nada parchado. Además, se nota por la calidad de la madera, porque las antiguas están secas, pero no deformadas. Hoy en día el ser humano hace cosas en serie y los barnices son a pistola. Hay gente a la que no le importa, pero la verdad es que las personas de muy buen gusto, buscan un mueble original, distinto y que tenga personalidad, que le dé cuento a la casa.
¿Cómo se deben tratar los muebles y objetos antiguos?
El ideal es no pasarle muchos abrasivos, porque si se limpian con lustra muebles le vas sacando su barniz original. Es mejor pasarle una franela. El polvo y la humedad te van deteriorando los metales y muebles, entonces, con un buen aseo no es necesario usar nada más. Pero cuando el mueble está en muy mal estado hay que buscar a un buen ebanista para que lo raspe, rebarnice y florezca de nuevo la veta de la madera. Es lo mismo con el plaqué y la plata. No hay que limpiarlos para que brillen, solo sacarles el polvo, porque los muebles antiguos tienen un valor agregado muy bonito.