Y así contaban la vida los pampinos...
“En la calichera, los barreteros, con barreta y barrena llegaron hasta la Coba para disponer del explosivo que daría lugar a la tronadura. Una vez producida esta, los Cachorreros reducían con tiros de dinamitas algunas colpas de caliche y que luego Bolonearánlos Particulares o Patizorros con sus Machos de veinticinco libras, hasta llevarlos al Acopio y ser evaluados por el Corrector. Mientras los Huelleros apoyaban a los Carreteros y los Carrilanos a los Maquinistas en las maniobras necesarias para llevar el caliche hasta los Chanchos. Ya en la Máquina, el caliche era llevado a las Tolvas para llenar los Cachuchos, donde se elaboraría el salitre, no sin antes pasar por el estanque Chullador, y las Bateas, donde los Arrolladores remueven la concentración, los Canchadores pasaban el mineral a los Carros Volquetes y los Desrripiadores vaciaban los Cachuchos de residuos que se llevaban al Botadero o Punta de Ripios.
En tanto, en el campamento era un día especial: llegaban nuevos Enganchados del sur. A la vez que, como era usual, los empleados del Escritorio recibían los reclamos de algunas Libreteras disconformes. El Pulpero esperaba por las fichas o vales, que recibía el Canario, de sus clientes. Más allá, en las viviendas de Calamina y Cemento Pampino, se preparaba la Once o se planchaban las Pilchas, mientras se esperaba la fresca de la tarde para ir a la plaza o al Biógrafo”.
Fueron miles las voces usadas por los pampinos, aquellos que pertenecían a esas planicies de la Cordillera de la Costa y la Depresión Intermedia, donde se desarrolló la industria salitrera, de Tarapacá y Antofagasta, desde Tiliviche hasta Taltal. Tantas que siguen apareciendo en las conversas y en las lecturas de época. Se originaron en lo inédito de las faenas y labores que conllevó este proceso, donde todo debía ser nombrado, ya que se había llegado a habitar un desierto, y el más árido del mundo, hasta donde llegarían mujeres y hombres de las más diversas nacionalidades, etnias y razas, cada una de los cuales aportó con sus elementos y provocó esa fusión que llamamos “sincretismo”. Y no se limitó a los sistemas tradicionales de explotación del salitre, como el Sistema Shanks, sino que además se siguió incrementando con las voces a que da lugar el Sistema Guggenheim, aquel de los grandes volúmenes de producción, de quinientos mil a setecientos cincuenta mil toneladas con las oficinas María Elena en 1926 y Pedro de Valdivia en 1931, que el 6 de junio acaba de cumplir ochenta y dos años, ¡Felicidades a todos los Pedrinos!
En las colosales oficinas Guggengheim, el Caliche era subido por las “Mulas”, hasta la “Cuna”, para entrar al chancado en los “Molinos”. Aquí ya no hubo Cachuchos, sino grandes estanques de lixiviación, los “Vats”, obteniéndose al final un salitre granulado, los “Priles”; y en el campamento llegan los campamentos americanos y de obreros, lo mismo que los “Buques”, entre muchas centenas de palabras y expresiones más.