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EDICIÓN | Junio 2013

Mejillones y la guerra postergada

Por Floreal Recabarren Rojas
Mejillones y la guerra postergada

Antes que el salitre conquistara el mercado mundial para el desarrollo de la agricultura, el guano de aves marinas cumplió la misión tan necesaria para un mundo industrializado que requería mayor producción de la agricultura para alimentar la población.

Perú la obtenía en las Islas Chinchas, donde se hundía al interior de varios metros bajo el suelo. El monopolio lo mantuvo hasta 1841, año en que el francés Domingo Latrille lo descubriese en
Angamos y Orejas, dos depósitos pertenecientes a Mejillones, entonces en poder de Bolivia. El descubrimiento de guano atrajo ciudadanos y empresas francesas que se atrevieron a incursionar en el territorio para explotarlo: Mayers y Bland y Co, Juan Garday, Luciano Armando M. Barrilet.
En ese escenario, Chile no quiso estar ausente; como su límite político era incierto, puesto que la Constitución consideraba como tal “El Despoblado de Atacama” sin definir hasta dónde, en el paralelo 23 (sur), es decir, hasta Mejillones. En esas circunstancias, se inicia el conflicto con Bolivia, que vio menoscabada su soberanía y su economía.
 
 
CUANDO USTED QUIERA, PRESIDENTE
 
El conflicto guanero estaba desatado ¿a quién pertenece esta riqueza? Las escaramuzas se fueron sucediendo una tras otras. El gobierno de Bolivia detuvo y envió a la cárcel al chileno Matías Torres, que explotó una concesión de yacimiento de guano otorgado por el gobierno nacional. Abundaron los reproches y el ambiente pacífico se fue acalorando: barcos de guerra chilenos se pasearon por la bahía de Mejillones. No por nada Chile había declarado propiedad nacional el guano existente al norte de Coquimbo.
 
En esta atmósfera sobrecalentada, el presidente boliviano José María De Achá convocó a un Congreso Ordinario en Oruro, donde las voces parlamentarias fueron enérgicamente proferidas contra Chile. Finalizaron el debate otorgando la autorización al presidente Achá para “declarar la guerra a Chile, siempre que no se haya logrado un acuerdo pacífico”. Al mismo tiempo se aprobó una alianza con Perú (Bolivia carecía de barcos de guerra), solicitar apoyo económico en Inglaterra y aumentar los efectivos del ejército (6 de junio de 1863).
 
 
UNA GUERRA INTERRUMPE A OTRA GUERRA
 
Sin embargo, la sangre no llegó al río. Fortuitamente, España había entrado en conflicto con Perú. El diferendo llevó a España a apoderarse de las Islas Chinchas, la viga maestra de la economía peruana y luego declararle la guerra.
 
En Chile se produjo un animoso sentimiento de solidaridad con Perú, que se puso en práctica hostilizando la presencia de la escuadra española. Desde luego, acordamos sutilmente, no venderle el carbón de piedra que requería la escuadra. España declaró la guerra a Chile. Los enfrentamientos navales se realizaron frente a las costas nacionales. La autorización entregada al presidente Achá quedó para contarla en la historia y abrió paso a los dos países para firmar el tratado de condominio que suavizó los ánimos y postergó el conflicto bélico hasta 1879.
 

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