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EDICIÓN | Marzo 2013

Memoria colectiva

Calama

Desde el 2005, la Corporación de Cultura y Turismo de Calama amplió su enfoque en lo que respecta a sus focos de acción. Desde esa fecha hasta hoy, no solo se preocupa de mantener en cartelera actividades culturales para toda la familia calameña y abrir espacios donde el arte se viva en lo cotidiano, sino que, además, asumió el rol de ser guardiana de la historia del norte, protegiendo y rescatando los rastros de los primeros habitantes de esta tierra. A continuación, una muestra de la maravillosa colección que preservan.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Corporación Cultura y Turismo de Calama

El norte de Chile es un laboratorio natural. El árido clima, los ocres colores y la vastedad del territorio tiene cientos de ventajas en lo que respecta a la investigación in situ de disciplinas científicas y antropológicas. Son once mil años de historia, cuyos vestigios se mantienen

Sin embargo, hasta hace menos de una década, los vestigios de antiguos poblamientos eran recogidos y almacenados, pero ¿qué ocurría después? En general, no mucho. De vez en cuando se elaboraban inventarios, pero nadie se hacía cargo. Mal que mal, quienes tienen a su cargo el resguardar estas piezas, forman parte de una entidad privada, que opera bajo el alero de la Municipalidad de Calama: la Corporación de Turismo y Cultura de esta ciudad.

En el 2005, decidieron que ya no podían seguir esperando que “alguien” viniera a dar soluciones a esta situación y tomaron el toro por las astas. Primero, había que tener un buen registro, considerando el contexto y antecedentes, en torno a cada pieza. Con esto, al fin podría construirse un relato lineal de la historia de Calama, pues existen muchos vacíos en lo que se cuenta de su pasado.

Luego, buscar financiamiento, pues la unidad de patrimonio pertenece a una corporación que tiene el carácter de privada y que, por lo tanto, no puede acceder de manera directa a fondos públicos. Como muchos, deben postular a proyectos, solicitar auspicios y generar redes de contactos que les permitan sustentar este proyecto que es a largo plazo y que incluye a profesionales de diversas áreas, con la convicción de estar creando las bases de un entorno cultural más sólido para todos los habitantes de Calama y el norte en general.

En la actualidad, la Corporación de Cultura y Turismo de Calama trabaja de la mano con Minera El Abra que, desde el 2011, participa en la consolidación de este espacio que alberga nuestro patrimonio cultural. “Los costos asociados son altísimos, y sin el apoyo de estos socios estratégicos no podríamos mantener el estándar que se requiere para el resguardo de las piezas arqueológicas y, en este sentido, Minera El Abra ha sido fundamental”, explica Alejandra Zuleta Rodríguez, directora ejecutiva de la Corporación de Cultura y Turismo.

En la actualidad, la colección está compuesta por más de seis mil piezas arqueológicas, entre las que se encuentran textiles de fibras de camélidos, cueros de animales, objetos de madera, piezas de cestería o entramado de fibras vegetales, cerámicas, objetos de pluma, piezas de cordelería, piezas de conjunto y fragmentos líticos, además de registros de cuerpos completos o fardos fúnebres. Su calidad es impresionante y científicos de todo el mundo reconocen su valor histórico.

GUARDIÁN DE LA HISTORIA

René Huerta Quinsacara, director del Área de Patrimonio de la CCTC, nos comenta que hoy en día, el objetivo de todos estos proyectos de preservación patrimonial tiene que ver con impactar de manera positiva en la calidad de vida de los habitantes de Calama. Y eso, según sus palabras, entre otros factores, se relaciona con el manejo integral del patrimonio local.

 ¿Qué significa en concreto lo de “manejo integral”?
Tiene que ver con una mirada más amplia de lo que significa el resguardo de piezas patrimoniales. En general se conoce el punto de vista arqueológico, que tiende a ver las piezas como cosas, como objetos y, por lo tanto, elementos que se exhiben. Nuestra mirada de manejo integral tiene que ver con un enfoque más de conservación y la conservación implica que esas piezas tienen que ser niveladas, es decir, deben limpiarse, deben protegerse, investigar quién las encontró, cuándo las encontró, dónde las encontró. Entonces uno ahí ya no habla de un objeto, sino que se transforma en un sujeto, porque todo lo que tenemos en nuestra colección fue utilizado. Por eso, una cuchara de madera, por ejemplo, para nosotros es un sujeto, tiene que ver con personas, tiene que ver con la historia, tiene que ver con nuestra cultura y, por lo tanto, amerita que efectivamente esas conexiones de conservación sean las óptimas.

¿O sea que todo lo que se pueda encontrar en el desierto es un potencial sujeto de estudio?
La tendencia actual en la arqueología moderna, en lo que respecta al manejo de los hallazgos arqueológicos, considera, en general, que las piezas se deben dejar donde están. Hoy día no se están recogiendo elementos, sino más bien dejándolos en su sitio para las futuras generaciones. Es mucho mejor invertir esfuerzos en estudiar detalladamente lo que ya está, porque la verdad es que tampoco tiene sentido guardar por guardar. Por eso insisto en que el manejo integral es la mejor opción porque nos ayuda a crear un relato. Con toda información que recogemos, hacemos un registro, ojalá en 3D para que la gente, a través de la web, pueda ver las piezas y pueda saber para qué se utilizaban, cuáles eran los colores, qué tipo de bordados o de tejidos, qué tipo de materiales se usaban.

Es un estudio minucioso, pieza por pieza…
Y ultra exigente. Se necesitan materiales de embalaje especiales, que deben ser libres de ácidos, involucra profesionales de la conservación específicos en textiles, específicos en cerámica, específicos en maderas. Por eso las personas, cuando encuentran lugares con vestigios históricos, no deben sacar nada, sino más bien informarlo a los organismos pertinentes, que en este caso puede ser la Corporación de Cultura y Turismo de Calama, la Policía de Investigaciones, para que se haga el procedimiento protocolar que amerita en estos casos.

¿Qué sorpresas te has encontrado?
Lo que más me sorprende es lo desconocida que es nuestra historia. De Calama se sabe que es una ciudad minera, que genera empleos y recursos, ¡pero tenemos cientos de años de una tradición que le dobla la mano al desierto! Y lo más triste es que esta desinformación se sustenta en el poco interés de los propios habitantes de este lugar. Cuando uno visita otros países, la gente, en general, tiende a querer conocer de su historia, para reconocerse, por tener su identidad clara. Eso aquí no pasa. A veces siento que la gente es un poco ajena a eso y que tiende a cosificar todo: creen que ser cultos es ir a exposiciones, ir al teatro, cuando en realidad lo que buscamos, quienes trabajamos en cultura, en generar reflexión frente a un trabajo.

¿Sientes el mismo desinterés frente a lo patrimonial?
Creo que hemos ido tomando conciencia. Obviamente, hay deberes de las instituciones, del Estado, de los gobiernos locales, de los gobiernos regionales para ayudar en el trabajo que se realice en torno a la protección del patrimonio. Son ellos quienes tienen que conocer el real significado de este trabajo. Solo así dimensionarán el impacto que tiene, en nuestra historia actual, el estudio patrimonial.

¿Existen hitos históricos de revelen la desidia que hay respecto al tema?
Hay un sitio arqueológico cerca de Calama, que es uno de los cementerios más antiguos del norte del país, que es el cementerio de Chun Churi. Había un mito urbano que narraba cómo, en la década del cincuenta, un grupo de ladrones pagados había “huaqueado” el lugar, es decir, había robado las tumbas para vender las piezas arqueológicas que encontraron. Buscando información al respecto, nos dimos cuenta de que no existían antecedentes concretos y que, en realidad, lo poco y nada que se sabía era muy anterior a la fecha que popularmente se daba por cierta. Estábamos interiorizándonos del tema cuando un colega mío viajó a Francia y encontró, en un museo de Mónaco, piezas de ese cementerio. Recién ahí nos enteramos que este robo de patrimonio fue en 1904. Nosotros, hasta el 2012, ni siquiera hemos cerrado el sitio para protegerlo.

¿Y a qué atribuyes tanto desinterés?
El profundo desconocimiento de su entorno se relaciona con la poca identidad, con el poco reconocimiento que existe por el lugar, el poco respeto, la escasa cercanía. Cuando no conocemos algo, obviamente no lo valoramos.

Pero las empresas tienen programas de responsabilidad social, ¿crees que debieran estar mejor enfocados?
Creo que esos planes deben ser pensados a largo plazo. Como es una tendencia relativamente nueva, las empresas aportan con recursos al financiamiento de diferentes iniciativas, pero muchas veces, no se realiza un seguimiento que asegure su efectividad. Eso es como comprar dulces: si bien son bien recibidos, duran solo un rato.

¿Qué crees tú que hace falta y merece inversión?
Calama debe tener una universidad. Y no hablo de un lugar donde se impartan carreras, hablo del real concepto de universidad, donde junto con formar profesionales que son necesarios en la minería como negocio productivo, también exista formación de  arqueólogos, antropólogos y conservadores. Necesitamos una universidad que tenga que ver con nuestro territorio y que impulse nuestro desarrollo.

¿Contribuiría a que Calama fuera una ciudad más valorada y cuidada por sus habitantes?
Por supuesto. Hay gente que mal entiende cuando le pedimos a las mineras que aporten con la mejor calidad de vida del lugar donde se establecen. Creen que uno está en contra de la industria, pero ¡nada más lejos de la realidad! Es más, yo mismo crecí y estudié en Chuquicamata, gracias a la minería, que es parte de nuestra historia como país. Por ende, debiese existir una formación que permita que los positivos resultados económicos que se obtienen de nuestro suelo, puedan proyectarse en el tiempo. Tener un centro de investigación local multidisciplinario sería la solución perfecta. Eso es desarrollo, eso es sustentabilidad. La Responsabilidad Social Empresarial debe implicar territorialidad. De esta forma, las instituciones que trabajamos por el bienestar de todos, tendremos la oportunidad de mantenernos y crecer.

Volviendo a la colección ¿cuándo se puede visitar esta muestra?
Todos quedan invitados para conocer algo de nuestra memoria, los últimos viernes de cada mes. Se deben coordinar las visitas y nosotros, felices, recibimos grupos, delegaciones y, por qué no, hasta representantes de empresas o sindicatos que quieran que sus trabajadores se sientan más identificados con el lugar donde viven.


“La Responsabilidad Social Empresarial, debe implicar territorialidad. De esta forma, las instituciones que trabajamos por el bienestar de todos, tendremos la oportunidad de mantenernos y crecer”.

 

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