Con un proyecto en mente, espera que este sea un tremendo aporte a la seguridad en vestuario laboral. Sus diseños con tecnología RFID, saldrán al mercado en los próximos meses y se convertirá en la primera empresa nacional con este desarrollo. Si bien esta tecnología es de los años cuarenta, el software utilizado en esta ropa es una auténtica innovación, elaborada por ella y un sólido equipo de ingenieros que la respalda.
Por Carolina Farías O. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Tiene un ángel especial. A poco andar en la conversación, se interesa por preguntar, lo que en segundos, hace que de entrevistada pase a entrevistadora.
Esta diseñadora de vestuario industrial es hija de familia italiana, avecindada en Coquimbo hace más de sesenta años. Creció en el campo de sus padres en San Ramón y en su adolescencia, siempre pensó en emprender una vida de trabajo independiente, así que optó por estudiar diseño de vestuario, en el Instituto AIEP en Santiago.
Roberta nos recibe en el showroom contiguo a su taller textil, donde expone los diseños de poleras, pantalones, gorros y otros implementos que confecciona, como ropa corporativa y de seguridad para las empresas a las que abastece. Su mercado principal es el rubro agrícola y minero, además de servicios como el hotelero, gastronómico, consultas médicas y colegios, entre otros.
¿Cómo comenzaste tu empresa?
En el año noventa y seis. Siempre quise ser independiente, así que luego de trabajar en una importadora italiana de ropa, volví a la región. El nombre de Talleres Zandonai lo utilizamos como marca, porque la antigua maestranza de la familia se llamaba así. Me colgué un poco de la tradición familiar.
¿Por qué elegiste este trabajo?
Debo tener una veta medio oculta del área agrícola. Me habría encantado estudiar agronomía por mi cercanía con la naturaleza. Por mi trabajo, visito las empresas agrícolas de la región y recorro todos los rincones de la zona; entonces, cumplo con dos objetivos: estar en contacto con la naturaleza y ofrecer el servicio de la empresa.
¿Tienes competencia en el rubro?
Sí. Hay bastante competencia en la zona y también vienen de fuera a ofrecer sus productos.
¿Cómo logras la diferenciación?
Trabajamos con buenas calidades de telas, nuestras entregas son responsables y tenemos buenas condiciones comerciales. Son quince años de respaldo. Además, hoy estamos apuntando a la innovación tecnológica, queremos expandirnos al sector minero y abastecer a otras regiones del país.
TECNOLOGÍA Y SEGURIDAD
Talleres Zandonai obtuvo, el año pasado, un capital semilla de seis millones de pesos, que fue utilizado para renovar computadores, invertir en publicidad e instalar alrededor de ocho paneles solares. Con esto, se convirtieron en la única empresa del rubro de la región que trabaja con energías limpias y renovables.
¿Cómo surge la posibilidad de incorporar tecnología en tus proyectos?
Un grupo de amigos estaba trabajando en la elaboración de este software, pero para otro rubro, y yo los motivé a pedir un capital semilla para que pudiésemos emprender en esto. Es un trabajo que ha involucrado a seis amigos ingenieros y a mí, incluso ya hemos establecido conversaciones con CODELCO y están esperando que elaboremos el prototipo para conocerlo. Lamentablemente, la espera se está dilatando más de lo que pensábamos.
¿En qué consiste específicamente el proyecto?
No quisiera dar muchos detalles aún (ríe). Pero, quizás Jaime pueda.
Jaime García es uno de los ingenieros electrónicos que trabaja en este proyecto y relata que RFID es una tecnología que existe desde la segunda guerra mundial, pero que hoy se utiliza en los pórticos del sistema TAG o en la identificación de ropa en multitiendas comerciales.
En relación con su proyecto, dice que se podría instalar un chip en la prenda de modo que esta sea intransferible y así utilizarla, entre otras cosas, para controlar ingresos, salidas o movimientos del personal. Cuenta que, en el caso de rescates en minería, sería una forma de identificar dónde se encuentran las personas.
¿Por qué es interesante para ti esta propuesta?
Por la seguridad que brinda a las personas y por el resguardo de inversiones de las empresas. Con este dispositivo se puede identificar si las personas están o no llevando los implementos de seguridad que requieren las distintas faenas. Por otra parte, en un colegio o jardín infantil se puede controlar que los niños permanezcan en el radio o zona de seguridad que se ha establecido para ellos. Una pulserita o ropa que incluya el chip dará la alerta si el niño o niña sale del radio permitido. Y esa señal puede llegar a una cámara, a un computador, a un celular, etc.
CONFIANZA Y ARROJO
Actualmente, el noventa por ciento de los pedidos de Talleres Zandonai son para el rubro agrícola, el resto son colegios, empresas de servicios y algunas mineras como Caserones.
¿Cómo empezaste a generar lazos con tus clientes?
Comencé ofreciéndoles el vestuario a mis vecinos de toda la vida, en el campo. Y a partir de este trabajo, poco a poco fueron apareciendo las recomendaciones.
¿Con qué empresas trabajas?
El fuerte es el sector agrícola y minero. Hemos hecho trabajos para ENAMI, Agrícola Santa Mónica, Agrícola Buenaventura, entre otras. También nos han solicitado ropa empresas de servicios como consultas médicas, colegios y hoteles.
¿Les abasteces de una producción estable al mes?
Con todos los problemas que tienen las empresas agrícolas ha estado complicado, pero bastante más estable es la del rubro minero. Debes pensar que nos piden una vez al año y el resto son reposiciones.
¿Con qué materiales trabajas para la confección de la ropa?
Básicamente algodón, poleras de piqué para la ropa corporativa y con telas especiales para la ropa de minería. Por ejemplo, aquí ves que el pantalón debe tener una banda reflectante, aberturas para los zapatos de seguridad, bordados que resistan altas temperaturas...
¿Cuándo pasaste del emprendimiento a una empresa más consolidada?
Yo diría que los dos primeros años fueron los más complicados para trabajar. Empecé con nada, pero quería arriesgarme. Al poco tiempo tuve diez mayoristas y funcionaba con dos máquinas, trabajando veinticuatro horas al día. Hacía ropa infantil, pero la venta se complicó con la llegada del mall. Después, me dediqué a la elaboración de vestuario para empresas. Ahí me arriesgué y compré más máquinas. Aposté por tener telas especiales y con mayor tecnología para soportar temperaturas más extremas.
FAMILIA ACHOCLONADA
La fórmula de combinar familia y trabajo es algo que, al parecer, viene en los genes de Roberta. Hoy se encuentra en una relación de pareja que la une, con quien trabaja actualmente en el proyecto de innovación de tecnología RFID. Está feliz y confiesa que, verse todos los días, es muy entretenido y se vuelve un complemento perfecto.
¿Qué haces en tu tiempo libre?
Tengo tres perritas que saco a pasear a la playa, me gusta leer y me encanta viajar, me fascina. Tengo tres hermanos que viven en Italia y cada vez que puedo los voy a ver. Ahí es cuando juega a favor ser independiente y ser dueño de tus tiempos.
¿Queda tiempo para la familia?
Estamos muy cerca, pero soy súper trabajólica, me cuesta organizarme para vernos en la semana. Pero en las familias italianas se da que, al menos una comida a la semana, es para todos juntos.
¿Vives en la casa que vemos aquí al lado de tu taller?
Sí.
¿Por eso quizás eres tan trabajólica?
(Ríe) Sí. A veces no te desconectas, pero veo el lado bueno: si necesito cualquier cosa, estoy al lado.
¿La familia es una fuente de donde obtienes consejos?
Claramente. Soy la menor de ocho hermanos, entonces es como tener varios papás y varias mamás.
¿Cómo te imaginas de aquí a diez años más?
¿En el Caribe? (ríe). Me gusta muchísimo viajar. Cuando uno se muere, no se lleva nada más que las vivencias y el cariño de las personas. Así que, más que los viajes, el objetivo es disfrutar.
“Yo diría que los dos primeros años fueron los más complicados para trabajar. Empecé con nada, pero quería arriesgarme. Al poco tiempo tuve diez mayoristas y funcionaba con dos máquinas, trabajando veinticuatro horas al día”.