Es autor de un libro inédito en la región. La selección de ciento doce fotografías a color, captadas con su cámara durante tres años, dan cuenta de la diversidad biológica de la flora y fauna de esta zona y de la particular belleza de los parajes elegidos. Su trabajo es una invitación a recorrer las maravillas de la naturaleza local y a deleitarse con imágenes que evocan un sentido de pertenencia, con especies propias de esta zona.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Sentados en un céntrico café, iniciamos esta entrevista y a los pocos minutos se acerca a la mesa un señor. Pide disculpas por la interrupción y extiende su mano para felicitar a Alberto Castex. Luego comenta que hace poco estuvo en la feria del libro en Guadalajara y que entregaron algunos ejemplares de su libro, en un colegio de México. Alberto agradece los elogios y agrega, después, que él quería estar presente en esa feria, pero que, por varias razones, no pudo asistir; sin embargo, su libro sí viajó y con muy buenas críticas.
El camino para materializar este proyecto fue largo. En el 2008, Castex postuló al Fondo de Iniciativas Culturales del Gobierno Regional y su trabajo fue seleccionado entre muchos. De esta forma, obtuvo el financiamiento del Fondo Regional de Cultura e inició, así, una extensa y ardua travesía por rincones privilegiados de esta tierra nortina.
Con mochila en la espalda, siempre acompañado y con su cámara en mano, este fotógrafo —de casi dos metros de altura y fornido cuerpo— se dedicó paulatinamente, por tres años, a capturar las más increíbles y elocuentes imágenes de las bondades naturales de esta región.
El resultado, ciento cincuenta y tres páginas de una original publicación, titulada Biodiversidad y paisaje natural de la Región de Coquimbo.
DINAMISMO NATURAL
Dividido en cuatro capítulos, este libro presenta tres unidades territoriales de conservación de la Región de Coquimbo: el Parque Nacional Fray Jorge, la Reserva Nacional Pingüino de Humboldt y la Reserva Nacional Las Chinchillas. A esto se suma la Red de Humedales Costeros y una breve, pero nutrida serie de fotografías del desierto florido.
En cada una de estas áreas, Alberto Castex —al más puro estilo NATGEO— inmortalizó, en más de seis mil fotografías, la vegetación dominante del secano costero, la majestuosidad del Pacífico, las especies vulnerables y en peligro de extinción de las reservas; en definitiva, el ecosistema natural… ese mundo tan solemne y dinámico, en el que cada ser interactúa en la cadena de la vida.
¿Cuál es el propósito personal de esta publicación?
Mostrar la riqueza natural de la región, a través de imágenes fotográficas. Agregar un componente estético a este registro con una característica especial, ya sea en el manejo de la luz o en la composición elegida al momento de obturar.
¿Tenías un conocimiento previo de los lugares y especies que fotografiaste?
Sabía muy poco o casi nada de las especies. Al principio pensé fotografiar por provincia, pero esto no funcionó, porque la fauna de esta región no tiene relación con divisiones político-administrativas. Este criterio de edición lo descarté y lo acoté a cuatro áreas específicas. Los capítulos hacen referencia a zonas protegidas por el Estado de Chile y que, actualmente, son administradas por la Corporación Nacional Forestal.
¿Tenías, entonces, la autorización de CONAF para ingresar a estas áreas?
Este proyecto contó con el patrocinio de CONAF, lo que me permitió acceder a lugares no permitidos al público general. Ahora, cada salida requería una planificación previa, pero, en algunos casos, no fue tan sencillo seguir el curso natural. Por ejemplo, cruzar a la Isla Damas o Choros, dependía siempre de las condiciones del mar y esto, a la larga, retrasaba el proceso.
¿Tuviste otras dificultades para lograr tu objetivo?
La naturaleza es muy dinámica, eso implicó realizar varias visitas a los lugares elegidos. Todo influye, el clima, los períodos de apareamiento y la hibernación. Por ejemplo, si iba un día a las tres de la tarde, me podía encontrar con una gran diversidad de especies. Realizaba una visita otro día, a la misma hora, y ¡no había nada!
En todo este proceso ¿contaste con el apoyo de algún profesional en la materia?
Sí, por supuesto. El biólogo de la Universidad Católica del Norte, Christian Silva-Barrera, fue un apoyo fundamental. Él me acompañaba en las visitas, si no era Christian, salía con amigos o con un guía de CONAF. La seguridad es un tema importante en las salidas a terreno.
Christian también es el responsable de los textos del libro…
Exacto. Yo hacía una selección de las fotografías por áreas y luego él se encargaba de contextualizarlas. Él es el responsable de la reseña de los lugares y de especificar los contenidos, ya sea el nombre científico de las especies, las características geográficas de los paisajes, etc.
¿A través de las imágenes hay una propuesta de turismo y ecología?
Quienes vivimos en esta zona, estamos tan aclimatados al entorno, que a veces no le damos importancia. Esta publicación revela ciertos rincones que no están tan lejos y que le dan valor a nuestra región, por ejemplo, las redes de humedales costeros, generados por las desembocaduras de los ríos Elqui, Limarí y Choapa, cumplen una función relevante como refugio para numerosas especies de aves, la mayoría de hábitos migratorios.
IDENTIFICACIÓN Y PERMANENCIA
A los humedales que destaca Alberto, se suma el registro fotográfico de la gran biodiversidad de esta región. La riqueza de una flora nativa con más de mil cuatrocientas especies, la gran mayoría endémicas, y una serie de vertebrados emblemáticos, representativos de cada grupo. El sapo de cuatro ojos, la rana y la iguana chilena, el puma, el guanaco, los zorros culpeo y chilla, el degú, la chinchilla de cola larga, la ilaca (único marsupial de la región), el pingüino de Humboldt, el albatros, el delfín nariz de botella, la ballena fin y tantos más, integran la lista de una acuciosa selección de imágenes.
En el libro se destaca que Chile central es considerado un “Hotspot Biológico” y que ha sido incluido dentro de las treinta y cinco áreas de mayor biodiversidad a nivel internacional. “Los Hotspot son sitios con un elevado número de especies y una alta concentración de endemismo, pero que han sido fuertemente impactados por la acción del hombre, llevándolos a un avanzado deterioro de sus ecosistemas”, cita el biólogo Christian Silva-Barrera, en la publicación.
La primera edición del libro fue en julio del 2012. Para Alberto tener la obra en sus manos fue un momento de sentimientos encontrados. “Fui bastante crítico con el resultado. Esa fue mi primera sensación, mucho antes de sentirme satisfecho”.
¿Pero la buena recepción del público te ha demostrado lo contrario?
Sí, la verdad, es que ha tenido una muy buena aceptación. El libro estuvo presente en la Feria de Guadalajara y luego en la Feria del Libro de Santiago. Es una publicación inédita de la región, de manera que crea, en cierta forma, pertenencia e identificación con nuestro entorno.
Es un plus, que además cuente con traducción en inglés…
Así es, la bióloga Sarah Allan, que actualmente está en Alaska, hizo el trabajo de traducción.
¿Te gustaría continuar tu carrera de fotógrafo en esta línea de trabajo?
Siento que este trabajo me ayudó a redefinir mi rol como fotógrafo. Un libro tiene la particularidad de prolongar las imágenes en el tiempo, esto marca permanencia. Sin duda, no es lo mismo que una exposición. Me adjudiqué una responsabilidad y un compromiso también con la región.
¿Cuál será tu próxima propuesta?
Hay muchas temáticas que me llaman la atención. Me encantaría poder realizar un trabajo sobre aves rapaces o sobre un corredor de ballenas. Por esta razón, estoy haciendo un curso de buceo. Mi objetivo es capturar fotografías submarinas.
Este libro es una herencia para las próximas generaciones ¿a quién en particular está dedicado?
A las personas que quiero, a sus hijos y a los hijos de sus hijos, aquellos que tendrán la responsabilidad de procurar que los libros no sean los únicos sitios en donde podamos ver volar a un ave.
“La naturaleza es muy dinámica, eso implicó realizar varias visitas a los lugares elegidos... si iba un día a las tres de la tarde, me podía encontrar con una gran diversidad de especies. Realizaba una visita otro día, a la misma hora, y ¡no había nada!”.