“Durante este mes en el puerto andábamos como iluminados, llenos de ganas de hacer, ¿hacer qué? Lo que fuera. No hay que parar de hacer. Si todo el año fuera así, yo me pasaría de festival en festival, sería feliz la porteña más festiva festivalera. ¡Felicidades!”.
“¿Don Mario, fue al festival de grafitties al cerro Polanco?”, le pregunto a mi maestro tapicero. “Qué voy a ir a ver a esa tropa de delincuentes, cómo se les ocurre andar haciendo esos monos feos, por qué mejor no pintan un paisaje, montañas, lagos y casas” Me encojo de hombros y sigo maestreando.
Durante noviembre en Valparaíso pasaron muchas cosas, tantísimas cosas, increíbles cosas. Partiendo por la tropa de delincuentes de Don Mario, que rayó parte importante del Cerro Polanco. Para mí, una fantástica forma de expresión social, no confundir con garabatos varios rayados en fachadas. Las dueñas de casas estaban felices, los niños cooperaban. En tres días, el cerro —que era conocido por tener el único ascensor de Valparaíso (el resto son funiculares)— pasó a estar lleno de figuras y colores en sus fachadas.
Paralelamente en diferentes salas del puerto se llevaba a cabo el Festival Internacional de Cine Recobrado. No sabía que existía este festival, hasta que una amiga me avisa que en el Teatro Municipal exhibirán la película La luna en el espejo, a título muy personal, uno de los mejores films nacionales. Me siento en la butaca a esperar junto a no más de treinta personas, la sala tiene capacidad tal vez para trescientas…. Y de pronto se sube al escenario Silvio Caiozzi, director de la película, ¡qué momento!, mi emoción fue tal que durante un buen rato no escuché nada de lo que decía, Caiozzi estaba parado en ese escenario contándole a un teatro casi vacío la historia de su película, poco me faltó para aplaudir de pie. No quise incomodar.
Por esos días también se llevó a cabo el segundo Festival “Puerto de Ideas” que busca fomentar la “formación y discusión de ideas en todos los quehaceres de la vida nacional” (cita sacada de la página web, no lo podría haber escrito mejor). Durante varios días eminencias de distintos ámbitos intelectuales se pasearon por estos cerros. Y, siguiendo con la festivalidad se realizó el Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso, cuyo eje principal fue el trabajo de archivo fotográfico. Qué les puedo decir, durante este mes en el puerto andábamos como iluminados, llenos de ganas de hacer, ¿hacer qué? Lo que fuera. No hay que parar de hacer. Si todo el año fuera así, yo me pasaría de festival en festival, sería feliz la porteña más festiva festivalera. ¡Felicidades!.