Un matrimonio viñamarino quedó maravillado con la panorámica privilegiada de La Herradura y hace veinte años que invitan, con éxito, a vivir la experiencia. En su propia casa, instalaron un complejo turístico con un muelle exclusivo, que permite practicar una serie de deportes náuticos y así se convierte en un especial atractivo para disfrutar el Océano Pacífico en plenitud.
Por: Cristián Pizarro C. / Fotografías: Patricio Salfate T.
El horizonte que se puede apreciar en la bahía de la Herradura es muy diferente. El balneario tiene dicha forma asociada a la fortuna, porque simplemente el Océano Pacífico ingresa detrás de la península de Coquimbo y se convierte en un mar mediterráneo. Efectivamente, resulta un privilegio levantarse y observar la panorámica que solo desde aquí se presenta, en el extremo sur de esta figura geográfica.
Detrás de las rocas ocres de la pampilla, asoman decenas de postales propias de este puerto chileno. La cruz monumental y la mezquita son las obras más visibles junto a las torres gigantescas que se elevan al medio de la playa. A pocos kilómetros, cruzan con cierta frecuencia algunos buques japoneses para el transporte de mineral de hierro que el ferrocarril trae desde La Serena.
Muy cerca también están los pescadores del pueblo de Guayacán y su caleta, los estudiantes de la universidad, los trabajadores de empresas exportadoras, son variadas actividades que reflejan un multitudinario movimiento, pero que desde el frente resulta casi silente y es el telón de fondo para veleros, gaviotas, muelles y botes artesanales que se mueven al ritmo del leve sonido del mar, apenas revientan sus olas.
Esta tranquilidad cautivó, hace más de dos décadas, a un comandante de la Armada que finalmente llegó junto a su esposa desde Viña del Mar. No había casas, vecinos, cabañas ni departamentos; ni siquiera existían dichos monumentos que, día y noche, todos pueden apreciar desde los miradores.
César Rádic recorrió el país junto a su familia, para cumplir con sus obligaciones dentro de la institución, hasta que el ex gobernador marítimo de Coquimbo y su señora, decidieron comenzar la construcción de su casa “para vivir cuando llegue el momento de guardar el uniforme”, afirma el comandante en retiro. “Aquí la gente es muy buena, tranquila, nos gusta el clima, la producción de frutas y verduras, incluso la gastronomía marina es única y fresca”.
UN MUSEO CON VISTA AL MAR
Antes de entrar a su hogar, tenemos que bajar por una escalera que conduce hasta un muelle, entre unos pasillos de muros irregulares con piedras, todo pintado de blanco y una piscina a metros del mar. Su esposa, Lupita Stuart, nos recibe y nos invita a pasar a su casa y más que todo es como ingresar a un barco, por la forma de las puertas con escotillas.
Avanzamos y aparecen las caracolas y corales, timones colgantes y campanas, herramientas de navegación, colecciones con decenas de cucharas del mundo, remos, equipos de buceo, hasta una réplica en miniatura de La Esmeralda. Todo está adecuadamente iluminado para destacar diversas piezas como si permanecieran en un museo naval con vista al mar y una amplia terraza.
César nos da la bienvenida y los tres nos sentamos en un comedor que tiene una plataforma circular de vidrio, sostenida por un timón. Así reciben a sus amigos, cuando llegan a pasar un momento de descanso, como pasajeros de este exclusivo complejo turístico.
“Comenzamos con esta casa que diseñó mi esposo”, recuerda Lupita. “De a poco la fuimos construyendo con un maestro y un amigo arquitecto que venía a veranear”, agregó César. Hasta que pidieron un préstamo para continuar con el proyecto, para terminar los departamentos que dan forma a Las Terrazas de La Herradura.
También tuvieron que ampliar la casa para vivir con sus tres hijos, Boris, Cristián y Tania, quienes pudieron terminar sus estudios profesionales, gracias al emprendimiento de sus padres en el rubro turístico. Uno de ellos estaba al frente, en la Universidad Católica del Norte, y “cruzaba para sus clases en bote y, si iba atrasado, encendía el motor”, recuerda Lupita.
LAS TERRAZAS Y SU EXCLUSIVO MUELLE
El complejo turístico está conformado por cuatro departamentos escalonados de estilo mediterráneo, dispuestos de una forma similar a los que se ubican en Reñaca, con amplias terrazas, que están preparadas hasta con un asador; la envidia de cualquier parrillero por su vista panorámica de la bahía.
Los departamentos están completamente equipados, con Wi Fi, tv cable y todo dispuesto para la comodidad de dos hasta ocho pasajeros, que pueden tener un contacto directo con el mar. A unos pasos, entre las palmeras, está la piscina rodeada de césped y hasta una pequeña playa que habilitó el matrimonio, para tomar baños de sol sobre la arena.
Pero es el muelle, construido a pulso por este marino, el espacio que le da una característica especial a las vacaciones, hasta con un tablón en su extremo, ubicado para los más atrevidos que buscan un lugar seguro para zambullirse en la bahía.
“Tenemos un velero, windsurf, canoas y, además, hago clases de buceo”, indica César, que también confiesa que cumple labores de salvavidas del recinto, aunque incluso va más allá. Lupita recuerda que “una pasajera estaba muy angustiada, porque cuando nadaba en el mar perdió su anillo de boda; pero mi marido logró encontrarlo y recuperó la joya extraviada en el fondo”.
Ambos se reparten las tareas de llevar adelante este negocio que no les permite tener vacaciones ni días feriados. “Lupita ve la administración y atención de los pasajeros, mientras que yo veo la mantención, reparaciones y también la seguridad”, señala César. Lupita se encarga de ayudar a decorar la casa con sus creaciones plásticas de gran formato y destacados motivos relacionados, por supuesto, con el mar.
EL CAPITÁN DE LOS SIETE MARES
Después de jubilarse, César siguió trabajando ligado al mar y eso ayudó a complementar los gastos e inversiones de sus proyectos. Se convirtió en capitán de remolcador para una empresa internacional. Durante varios años se dedicó a recorrer distintos y lejanos destinos como China, España, Turquía, Chipre y la Polinesia. De todos sus viajes por los mares del mundo, siempre trae recuerdos que mantiene en su morada, como un tesoro.
Así nos invita a seguir bajando, pero ahora dentro de su hogar. Detrás de otra puerta de barco, hay una escalera y llegamos a un subterráneo que tiene preparado como lugar de reunión para los amigos.
Es un salón de juegos, con una impecable mesa de pool, que está rodeada de banderas británicas, un mapa de las Falkland Islands (islas Malvinas), un tornamesa para escuchar discos de vinilo, y más espacios de culto dedicados al mar, con especies disecadas como estrellas, corales exóticos, conchas finas, tiburones pequeños y peces globo. También una pesada y brillante escafandra de cobre luce de manera especial, entre tantos accesorios decorativos que pueden apreciar las visitas que logran más confianza con los dueños del recinto.
Un complejo turístico particular y acogedor con tradición familiar que difunde sus bondades a través de internet, en la página www.lasterrazas.tie.cl, pero después de veinte años en el rubro, pudieron comprobar que lo más efectivo es la recomendación de los pasajeros que, al final, se convierten en la mejor publicidad para promover este destino especial que muchos buscan para desconectarse y disfrutar un descanso reparador.
"Nos gustó La Herradura porque la gente es buena, tranquila. César Rádic.
No hacemos publicidad, los mismos pasajeros recomiendan venir a nuestros departamentos. Lupita Stuart de Rádic."