Tiene diecisiete años y desde hace tiempo que se acostumbró a estar entre los más grandes del motociclismo en Chile y el mundo. A más de cien kilómetros por hora, Daniel Tirado recorre los circuitos más extremos del país sobre su motocross de 125 cc. Cada segundo lucha por ganar junto al equipo técnico y de pilotos que lo acompañan, seguido muy de cerca por su familia, principalmente su padre, que se convirtió en el gran motor de una pasión compartida.
Por: Cristián Pizarro C. / Fotografía: Patricio Salfate T.
En su casa, la moto está guardada por ahora y el joven (17) estudia para una prueba que tiene al día siguiente en su colegio, el Inglés Católico de La Serena. “Me dan todas las facilidades y todo el apoyo”, reconoce con agradecimiento el piloto, ya que apenas se inició el año escolar pudo participar y tener su mayor experiencia sobre dos ruedas. En el mundial de Enduro 2012, se perfiló como uno de los mejores pilotos del equipo TM en la categoría Súper Experto, y al llegar seleccionado a esta competencia planetaria, instaló su carrera como una de las más promisorias de los últimos tiempos en Chile.
“Me subo a la moto y siento que no hay límites” asegura Daniel, aunque en esta prueba, la vida ya se encargó de mostrarle que así como puede alcanzar nuevos logros, todo el esfuerzo se puede esfumar en un trágico segundo.
Para la entrevista, nos invita a pasar y le hace cariño a su querida mascota, una gran perrita mastín francés que descansa, casi inmóvil, en el living de la casa. En el pasillo, su hermana pequeña nos saluda y Daniel nos atiende en su propia habitación. Sobre su cama tiene abiertas las páginas de su cuaderno y libros, aunque —de inmediato— llama la atención la numerosa cantidad de trofeos y reconocimientos que acumula en repisas y muebles.
“Son más de sesenta, y por ahí tengo guardadas muchas más medallas, aunque faltan algunas copas”, porque nos cuenta que decidió compartirlas con su anterior equipo de KTM, y también las que dejó repartidas en estanterías de la casa de amigos, familiares “y donde la polola, claro”, revela entre risas este adolescente de un metro sesenta y tres de estatura, con una menuda figura, que cuesta imaginar cómo puede soportar pruebas tan extremas, como registran las cámaras personales y los videos disponibles en el portal Youtube.
DEL “FITO” A LA MOTO
Rodrigo Tirado, su padre, nos saluda y se incorpora a la conversación. Resulta fundamental dialogar con él para recordar los inicios del joven piloto, cuando apenas cumplía los nueve años, y así comprender la pasión que siente junto a Daniel. “Empezó a correr en el campeonato nacional y metropolitano de karting, viajábamos casi todos los fines de semana para entrenar un día y volver”, señaló.
Lampa, Limache, Parque O´Higgins, Rancagua, entre los primeros circuitos oficiales, “siempre tuvo buenas presentaciones y aunque no logramos salir campeones, porque era la primera vez que participábamos, llegamos al tercer lugar”, afirma Rodrigo, mientras recuerda también sus propias incursiones en el automovilismo y las del abuelo de Daniel, en el autódromo de Huachalalume de La Serena. Siempre estuvo ligado al deporte tuerca, y aunque “no quiso correr más en karting”, siguió como piloto. Antes de llegar a descubrir la sensación de las motos, tuvo en sus manos un Fiat 600, y estuvo corriendo por el mismo circuito que alguna vez recorrieron su padre y su abuelo.
LA RECETA DEL ÉXITO
A los trece años comenzó a correr en el zonal norte Enduro, y a toda velocidad demostraba que era una revelación; “a mitad de año lo ascendieron a la categoría adulto”, cuenta con orgullo el padre de Daniel. Empezó a ganar todos los zonales de Santiago al norte, y así llegó a los circuitos más importantes y competitivos del país, donde se pelea cada milésima del cronómetro. “Te pelay en un segundo, y ya te pasaron dos pilotos”, señala Daniel.
En este camino se dieron cuenta de que hay muchos pilotos jóvenes con talento y buen nivel en Chile, “pero no tienen la oportunidad”, dice el padre de Daniel. El esfuerzo y tiempo que asumen en todo sentido como familia, su hermana, su madre, en el colegio y en el trabajo, es fundamental en el desarrollo profesional de esta actividad. “Yo llegaba del turno en Copiapó y el Dan me estaba esperando para subir el equipo y salir rumbo a Talca”, cuenta Rodrigo.
En una competencia nacional, la carrera se puso más difícil y en las primeras tres fechas, el joven comenzó a desmotivarse porque ya no era el más destacado como en las pruebas de temporadas anteriores, ahora debía jugársela mucho más.
Tuvieron que sentarse a conversar como familia y decidieron seguir en el alto rendimiento. “Así empezamos a tener resultados: tercero, cuarto puesto y así como de la nada… primeros. Ganamos una carrera en la sexta fecha de Pichilemu”, recuerdan, “íbamos favoritos, pero al día siguiente, nos falló la moto. Son cosas que pasan”. Eso sí, aclaran que su desempeño fue suficiente para que lo ascendieran a la categoría Súper Experto y, en la última temporada, Daniel corrió hasta en cuatro campeonatos, donde volvía a destacar, pese al escaso entrenamiento que tuvo sobre su moto, ya que vivían viajando.
Al final, suma y sigue, pero nada vale más que la gran satisfacción de todos al ver que su apoyo se convierte en una gran ventaja para lograr resultados. “Hay pilotos que tienen mucho más recursos, pero les falta el empuje”, reconoce Rodrigo, el hincha número uno de Dan. Aunque su apoyo va más allá, porque diariamente es su entrenador personal, preocupado desde la hidratación, la alimentación y hasta la ubicación del deportista. Cuando no está en casa, lo llama para recordarle sus horarios de ejercicios y las tareas, que debe mostrarle a su madre.
EL MUNDIAL QUE CASI LE CUESTA LA VIDA
Mientras Daniel corre por sacar adelante su pasión y sus estudios, además de compartir con la polola, compañeros y amigos, Rodrigo tiene su propia largada y organiza reuniones con empresarios para sumar auspiciadores. Dinero en efectivo, repuestos, asistencia, mantención o el traje, todo es bienvenido.
Así logró reducir una parte de los gastos que le significaba participar en el mundial de Enduro, a fines de marzo, cuando su hijo integró la selección de los cincuenta mejores pilotos de Chile. Fue protagonista de una competencia extrema, con circuitos en medio de la ciudad y rurales, entre los bosques. Caminos pedregosos y curvas con obstáculos, murallones de hasta noventa grados, saltos y descensos en terrenos de complejas condiciones.
“Llegamos a estar siete horas en competencia y bajo treinta y seis grados de temperatura”, recuerda Daniel sobre este recorrido que cruzaron ciento cincuenta pilotos del mundo, por la región del Maule. En la primera fecha obtuvo el sexto mejor tiempo, pero fue relegado a la novena posición general, por las penalizaciones que recibió.
La carrera prometía, aunque pudo ser la última para el joven piloto. Relata que, en la segunda fecha, iba por el centro de Talca durante la carrera, pero se percató de que había “una descoordinación” en el ordenamiento del tránsito y una camioneta se le atravesó. Entre las consecuencias más graves del choque, sufrió la fractura de dos vértebras cervicales y quedó en reposo absoluto durante dos semanas.
En su recuperación, volvió a ponerse de pie con ganas de subirse a su moto, pero como todavía no podía, dentro de su habitación se las arregló para ocupar un improvisado armazón que le sirve para seguir compitiendo a toda velocidad en un automóvil virtual del play station.
“El Dan la sacó barata”, dice su padre, y nos cuentan que en otra de las pruebas del mundial, otro joven piloto chileno, Fernando de María, fue víctima de un accidente y quedó tetrapléjico. Nunca más volverá a caminar ni a subirse a una moto.
¿Y con esos riesgos, por qué seguir en este deporte?
Rodrigo: Es muy difícil que un piloto que se cae diga no me subo más… es una pasión, es como un vicio.
Daniel: Para mí, naciste así. En este minuto sentir un motor y la vibración que provoca es como cuando te enamoras (su rostro se ilumina y hasta le brillan los ojos de imaginarse volver a estar sobre su moto). Mi mamá sabe que es nuestra pasión, pero no sabe o no dimensiona todo lo que significa para nosotros.
Y su padre es el que se toma más en serio esta pasión, por algo es su mejor instructor. “Esta oportunidad no la vamos a desaprovechar, si es como jugar un mundial de fútbol con las mejores figuras, y puede que nunca más se repita”. Hasta más de alguna discusión con su señora le costó a Rodrigo, pero se apresura en afirmar que “no estoy hablando locuras, sé lo que tengo y sé que le gusta. Díganme loco y todo lo que quieran, pero al Dan le gusta, lo hace bien y yo no lo estoy obligando”. Rodrigo es exigente y cuenta que su hijo comprendió que es la única manera de sobresalir en el alto rendimiento, “un deportista no se prepara lo justo, nada es suficiente”, recalca el padre y entrenador del piloto.
Como está bajo reposo no pudieron participar en las fechas nacionales y aunque ya no ocupa el cuello ortopédico, ahora comienza la terapia de rehabilitación, pero no saben cuánto pueda durar, así es que se resignaron: “ya no será campeón de Chile, pero vamos a retomar las pruebas para estar en las competencias internacionales, como el mundial de Alemania 2012, donde queremos ser parte de la selección que asistirá a los Six Days”, se proyecta Rodrigo.
¿Y qué pasaría si te dicen que Daniel no puede seguir compitiendo?
Rodrigo: No sigue nomás, nos cambiamos de disciplina y si no puede seguir, no hay drama. Lo practicamos hasta que se pueda.
Daniel: Si me dicen que no puedo seguir en moto, veo la posibilidad de correr en auto, pero no aquí, sino en el Rally Mobil.
Daniel ¿y cuáles son tus metas?
Llegar lo más lejos posible. Pero la verdad, no lo tengo claro, porque todavía no estoy seguro de todas mis capacidades. Creo que todavía no me doy cuenta de todo lo que tengo y prefiero intentarlo.
“Quiero llegar lo más lejos posible, pero todavía no tengo claro cuáles son todas mis capacidades”.