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EDICIÓN | Mayo 2012

Enamorada de la tierra

María Inés Figari, directora de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN)
Enamorada de la tierra

Hace algunos años debió cambiar el cucharón de la cocina por el computador en la oficina y tomar las riendas de su empresa frutícola junto a sus hijos. Hoy es la única mujer que ha ocupado un puesto en el directorio de la Sociedad Agrícola del Norte. Su amor por la tierra y especialmente por el campo, la ha llevado a preocuparse por los problemas de agricultores y trabajadores buscando siempre la mejor solución. Aquí nos cuenta una historia vinculada al campo y a sus raíces.

Por Laura Valdés P / Fotografía Patricio Salfate T.

María Inés Figari se declara serenense. Tuvo, según ella, el privilegio de nacer en esta ciudad que acogió a su abuelo italiano y a muchas otras familias trentinas que llegaron escapando de las miserias de la guerra. Su padre, enamorado de la tierra, logró transmitirle ese apego al campo que ella atesora en sus recuerdos de niñez. Levantarse temprano con sus hermanas, recorrer los sembrados, ver las gallinas e ir a las casas de los trabajadores y compartir desde el desayuno hasta aprender a hacer pan amasado. “Mi niñez fue muy feliz y desde siempre me cautivó el estilo de vida que allí existía, ver cómo era cuidar un huerto, recoger la fruta y preparar mermelada, cómo era la vida tan sencilla y de un contacto tan directo. Agradezco haber tenido la oportunidad de convivir así con la gente”, señala con una sonrisa esta mujer de rostro y modales muy agradables.

Apenas nos comunicamos con ella nos da hora y fecha para realizar esta entrevista que se desarrolla en un café. Sus compromisos con la Sociedad Agrícola del Norte y con su propia empresa tienen su agenda prácticamente llena. Pero se hace un tiempo para vernos y la conversación transcurre amena.
Cuenta de su vida entre La Serena y Santiago y cómo, finalmente, terminó viviendo ya adulta en Ovalle. “Desde chica decía que me iba a casar con un huaso, porque pensaba en alguien que quisiera el campo. Efectivamente me casé con una persona que tuvo la oportunidad de trabajar en el campo, pero que no lo quería tanto como yo. Pero aquí estoy, continúo enamorada de la tierra y me siento identificada con el estilo de vida de los agricultores porque mi sueño de niña, hoy en día pude realizarlo”, agrega con un guiño.

Tuvo que realizar varios cambios en su vida…
No desecho nunca las oportunidades que me da la vida. Estar donde tengo que estar. No soy de las personas que se quedan pensando “allá voy a ser más feliz”, no. Yo creo que son las condiciones que se dan y hay que aceptarlas.

¿Le preocupa la situación de sequía que existe actualmente?
Mira, lo más difícil  que tenemos hoy día en el agro es la lucha contra la naturaleza, porque ahí no tenemos ninguna posibilidad hasta que nos podamos ayudar un poquito con el bombardeo de nubes, pero nada es tan incierto. El principal problema es que no lo podemos manejar nosotros y allí se siente lo pequeño que somos, pero hay que buscar alternativas.

¿Cree en la frase que las crisis dan la oportunidad de aprender?
Se aprende efectivamente y siempre es una gran oportunidad hacerlo. Y no solo por la sequía. Los agricultores siempre estamos enfrentando varios tipos de problemas, como la falta de mano de obra, y en esto último estoy empeñada en hacer una gestión diferente.

¿Cómo?
Siempre le he dado mucha importancia a todo lo que tiene que ver con las relaciones humanas. Probando primero en mi propia empresa para poder retransmitir el resultado después. Como ejemplo, entré en conversaciones con un sociólogo para que juntos pudiéramos estudiar y ver cuáles son los puntos que nosotros podemos manejar para reencantar a la gente que trabaja en el campo y creo que estamos en la línea. El campo ha quedado por muchos años abandonado.

Precisamente por la falta de mano de obra, se legisló pensando en traer un cierto número acotado de extranjeros…
Creo que los problemas siempre tienen un cara y sello. Yo sería prudente respecto a este tema. En mi empresa nunca me ha faltado gente, no me sobra, pero tampoco me falta, porque he tenido especial preocupación por el lado humano. Más que mano de obra extranjera yo creo que tenemos que hincarle el diente a lo que ya tenemos. Los trabajadores del agro son gente entendida en lo que hace, a diferencia de personas que vienen de afuera y que no necesariamente conocen lo nuestro. Creo que debemos conservar a nuestra gente.

Es difícil competir con los precios de la minería…
Claro, pero también hay que tener un buen control de gestión dentro de la empresa que marque la diferencia. Por ejemplo, a veces los estudios señalan que se necesitan cincuenta trabajadores, pero en realidad se puede hacer con treinta. Se puede ir ajustando el equipo de trabajo e ir mejorando también la cadena productiva.

FACTOR HUMANO

María Inés lleva trabajando cuarenta y cinco años en el mundo social, de lo laboral y de la empresa. “En la universidad elegí especialmente estos temas y luego estuve apoyando al que fue mi marido en el tema humano con los trabajadores, porque siempre he tenido mucha cercanía con ellos, los entiendo muy bien y ellos, a la vez, me sienten cercana. Tengo harta experiencia en lo que hago”, acota.
Son temas sensibles que ha podido ver en la Sociedad Agrícola del Norte…
He tenido la oportunidad de tener conversaciones laborales con los sindicatos, uno ve ahí cuáles son las necesidades y qué hay que mejorar.

Eres la única mujer que tiene un puesto en el directorio, además…
Para mí es un tremendo desafío. Me crié escuchando a mi papá hablar sobre la SAN en su oficina, que estaba ubicada justo al frente del edificio que ocupa la Sociedad. Allí había un barómetro que era consultado por todos los agricultores para saber si llovía o no. Entonces la relación de él con la Sociedad Agrícola fue siempre muy cercana, así que el día que me llamaron para ser socia (donde era la única mujer, además, en un directorio de puros hombres), para mí fue un agradecimiento hacia mi padre. Fíjate, a él se lo debo, le agradezco que me haya hecho sensible al mundo agrícola y me emociona. Así que trato de hacerlo lo mejor que puedo dentro de mis propias responsabilidades.

¿Cuesta ser mujer en un rubro donde hay más hombres?
Yo creo que siempre tenemos que demostrar algo para que nos consideren y eso es un desafío. Tenemos que estar siempre dando un examen, siempre nos están midiendo, pero cuando tú logras hacerte un espacio, logras ser creíble y lo que haces es efectivamente un aporte, se te hace mucho más fácil. Aquí los hombres son muy considerados con las mujeres. Contrariamente a lo que se dice, yo he recibido ayuda, pero no te digo de qué dimensión de parte de los hombres, del campo, de las empresas. Siento que todo el mundo me quiere ayudar y por eso también respondo. Con mi trabajo, con entusiasmo, con compromiso y me hago los espacios para todo.  

Pero no todas las mujeres se atreven…
Es difícil. Por eso es bueno darle a conocer a tantas mujeres que se han sentido solas, que han tenido problemas, que tienen sus hijos grandes, que podemos. Porque se puede salir adelante. Nosotras tenemos muchas capacidades guardadas que no conocemos y  es cosa de atreverse a descubrirlas.

¿Qué proyectos vienen?
Empezamos un gran proyecto de una plantación de clementinas porque nos hemos hecho de un buen nombre. Tenemos un cliente que se interesa por toda nuestra producción en Estados Unidos. También en China me están pidiendo este año que les mandemos fruta. Gozamos de un clima privilegiado, en terrenos excelentes, por lo tanto, el producto que tenemos es un producto estrella. Ahora, como la uva se ha puesto tan difícil y es la que pide más mano de obra, nosotros hemos dado un giro en nuestras producciones hacia granadas y clementinas.

¿Y la familia?
La familia es mi orgullo. Yo tengo tres hijos, los tres están casados. Los adoro sobre todas las cosas y me propuse la gran tarea de ayudarlos a salir adelante con esta empresa. Así que trabajamos todos juntos y me llevo muy bien con ellos y, por supuesto, con mis nietos. Ellos son mi entretención.

¿Alguna otra entretención, un pasatiempo en particular?
Yo tuve que cambiar las aficiones que tenía en la casa, las actividades manuales, la máquina de coser y hasta el cucharón por la oficina. Pero, curiosamente, hoy en día te puedo decir que mi gran hobbie es el trabajo y siento que esto es un privilegio.

 

“No desecho nunca las oportunidades que me da la vida. Estar donde tengo que estar. No soy de las personas que se quedan pensando “allá voy a ser más feliz”, no. Yo creo que son las condiciones que se dan y hay que aceptarlas”.

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