Desde que el primer inmigrante de la familia Manzano, de origen sirio, llegó a Chile, en 1905, consiguió sembrar la semilla de los negocios, en el rubro de la paquetería en un comienzo y más tarde en el textil. En los noventa, los nietos se incorporan a la firma y, finalmente, deciden especializar el rubro hacia la ropa infantil.
Por Maureen Berger H./Fotografías Vernon Villanueva B.
Cuando William (47) y Alberto Manzano (51) se remontan a los inicios de la empresa Ficcus, les brillan los ojos con emoción; cada paso logrado por sus ancestros, el esfuerzo que significó partir de cero tras un voraz incendio y la manera en que fueron delineando el camino en el que se han especializado: el vestuario infantil, todo ha calado intensamente en las vidas de estos ingenieros comerciales viñamarinos.
El año 1905 fue importante para la historia de esta familia, porque en esta fecha arriba a Chile Alberto Manzano Nazur, inmigrante de origen sirio, "fruto de la opresión por el imperio turco otomano y por el hecho que lo estaban reclutando para ir a la guerra, trató de buscar nuevos horizontes. El abuelo llegó solo, sin conocer el idioma, entusiasmado con el sueño americano. Una vez acá tuvo que abrirse camino vendiendo hasta en los cerros y con muy pocos recursos", acotan los nietos. Este aventurero se dedicó al rubro de la paquetería e importaciones diversas y tiempo después, fundó su empresa.
Cuando el negocio empezó a marchar bien, convenció a su hermano Teófilo para que se viniera a Chile, ambos continuaron haciendo crecer la empresa. La familia también aumentó, Alberto y Teófilo viajaron a Siria a buscar esposas para echar raíces en nuestro país.
Posteriormente son sus hijos, Assad, William y Mauricio Manzano, los que continúan con la empresa, ahora bajo la razón social de Manzano Hermanos y Compañía. Mantuvieron su ubicación física en la avenida Brasil en Valparaíso y el mismo rubro del fundador ligado a las importaciones, incorporando un taller de confecciones (jeans, chaquetas y pantalones, etc.), principalmente dedicado a la fabricación de banderas chilenas.
EL INCENDIO
En la madrugada del 15 de mayo de 1990 un llamado telefónico despertó a Alberto Manzano Maluk y a William Manzano Cury, ambos jóvenes ingenieros comerciales que tras dejar sus respectivos trabajos en importantes firmas de la zona, acababan de sumarse a la empresa. Un voraz incendio estaba consumiendo todo lo logrado por décadas por sus ancestros "fue tal la magnitud del siniestro que incluso murió gente que vivía en el mismo edificio", recuerdan con angustia.
Horas después, en una reunión entre Alberto, William, sus respectivos padres y un tío, se decidió el futuro de la empresa. Los mayores decidieron retirarse y los jóvenes propusieron continuar el negocio, asumiendo todos los riesgos que significaba partir de cero. "Había una trayectoria, el prestigio de la familia, una red de contactos enorme con carteras de clientes, vendedores y proveedores que no se podía perder por un incendio", acotan.
De esta manera surge Manzano y Compañía Limitada en una casona ubicada en 6 Norte, Viña del Mar, con muy poco personal pero con enormes ansias por hacer empresa. "Al principio, rescatamos un computador, un amigo nos prestó una bodega y contábamos sólo con unas cajas con pañuelos bordados, esa era toda la mercadería que podíamos vender", agregan.
No debe haber sido fácil dejar sus respectivos trabajos estables...
Alberto: Fue un riesgo enorme, nos cuestionamos bastante y la guata nos dolió harto (ríe). Yo trabajaba en el Banco Edwards y William en Química Johnsons, éramos solteros y teníamos un buen pasar. Pero en un momento ambos decidimos plantear a nuestros padres la posibilidad de entrar a la empresa. Creo que fue porque siempre hemos llevado en la sangre la necesidad de desarrollar el negocio familiar, tal como nuestros ancestros.
William: También influyó el hecho que el tío Mauricio enfermó gravemente del corazón y la empresa iba a necesitar nuestro apoyo. Así, a fines de los ochenta, entramos a Manzano Hermanos y sólo alcanzaron a pasar dos años cuando ocurrió el incendio.
¿Cómo lograron salir adelante?
William: Para no beneficiar a unos hijos más que a otros, nuestros padres optaron por vendernos la empresa, en vez de cederla gratuitamente, y con el tiempo conseguimos pagar todas las letras. Además, el apoyo de ejecutivos puntuales del Banco de Chile fue fundamental, ellos creyeron en nosotros y nos brindaron todo el soporte financiero cuando lo solicitamos.
¿Qué vendían en un comienzo?
Alberto: Textiles, toallas, camisas, pañuelos, vestuario, menaje, juguetes para niños, etc. Conseguimos buenos proveedores nacionales y extranjeros y nos encargábamos de distribuir sus productos en todo Chile.
NACE FICCUS
¿Por qué le llamaron Ficcus?
William: Registrar una marca en la clase 25, que es ropa, es súper difícil, porque todos los nombres ya existen. Así que surgió de varias listas de nombres que proponíamos ambos y cada semana enviábamos al registro de marcas. Nos tardamos bastante, hasta que por fin lo logramos con Ficcus. Antes la empresa tenía otras marcas (Niñolandia, Evelyn y Faraón), pero se perdieron. Era muy emocionante cuando la veíamos bordada en los primeros productos.
¿Cómo deciden centrarse en el rubro del vestuario infantil?
Alberto: En un momento tomamos la decisión seria de enfocarnos en los productos textiles (pijamas, camisas, toallas y más). Y esto derivó circunstancialmente a lo infantil, en gran parte gracias a la información de los mismos clientes, ellos siempre nos iban guiando en qué necesitaba la gente.
William: También influyó el hecho que ambos ya estábamos casados e iban naciendo los hijos, que conforme iban creciendo necesitaban más productos y cada vez de tallas más grandes (ríe). Hoy yo tengo cuatro hijos (de 10, 14, 16 y 17 años) y Alberto también tiene cuatro (de 18, 15 y mellizos de 3 meses).
Sé que partieron vendiendo quince productos...
Alberto: Así es, nuestra lista era muy acotada, poco a poco esos quince se transformaron en solo artículos de ropa infantil que comprábamos en la embajada de China o India, con proveedores directos.
Y hoy tienen quinientos productos...
William: Sí, pero más que la cantidad lo más importante es que son diseños hechos ciento por ciento en Chile. En la empresa trabajan ocho diseñadoras que se encargan de dar vida a las colecciones cada otoño invierno y primavera verano. Después las prendas se fabrican en China o India y regresan al país listas para ser vendidas, todo con un estricto control de calidad.
SALTO A QUILPUÉ
Llegó el momento en que la casa de 6 Norte se hizo chica y requerían trasladarse a un lugar más amplio. "Otro tío nos apoyó y juntos rematamos un terreno cercano a la línea del tren que pertenecía a Esval en Quilpué. Una vez más no teníamos capital, pero el banco creyó en nosotros. Años después logramos comprar su parte a este pariente y, desde 1995, poco a poco, fuimos construyendo en los terrenos donde hoy funcionamos, que abarcan cinco mil metros", explican.
Desde los inicios de esta empresa familiar, en 1900, siempre funcionaron como mayoristas, pero el gran cambio se dio en el 2003, cuando estos socios se atrevieron a sumarse también al mundo del retail abriendo la primera tienda Ficcus de venta al detalle, en el mall Florida Center.
¿Sus productos hoy sólo están en las tiendas propias?
William: No, además de los quince locales distribuidos en Santiago, Viña del Mar, Antofagasta y Concepción, la ropa y accesorios Ficcus (calzado, gorros, guantes, cinturones, ropa interior) están en tiendas distintas de Arica a Punta Arenas. Incluso en otros países como Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador.
¿Y en las grandes tiendas?
Alberto: Estamos en La Polar, Hites, y en ocasiones pequeñas hemos vendido algunas cosas a Almacenes París y Falabella; nos interesa mucho poder entrar más fuerte a las grandes tiendas, es un mercado interesante.
¿Cómo es la preocupación por el capital humano en la empresa?William: Vital, nosotros damos trabajo a más de cien personas y nos hace felices ver cómo ellos se sienten parte de esta familia. Todo lo que se produce en Ficcus es realmente especial, se hace con dedicación, esmero, preocupación y cariño, de ahí el eslogan "detallitos de amor".
¿Eso les diferencia de productos infantiles vinculados a grandes licencias como Disney?
Alberto: Claro, en varias ocasiones nos han propuesto que adquiramos licencias de ese tipo, que al principio se ven muy atractivas por los personajes que tienen asociados. Pero estudiando bien cada caso, al final conllevan muchas restricciones y limitantes que al seguir la línea nuestra no existen. Hoy tenemos la libertad de crear diseños, sin tener que rendir cuentas ni esperar aprobaciones de nadie.
¿Han pensando en franquiciar la marca?
Alberto: Está en nuestros planes, lo estamos estudiando porque ya nos han preguntado algunos interesados.
¿Qué otros aspectos distinguen sus productos?
William: Son productos entretenidos, coloridos con un alto estándar de calidad, a buenos precios, que interpretan lo que buscan las mamás y lo que quieren ponerse los niños y niñas (desde talla 0 a talla 12 y artículos más grandes para adolescentes con la marca FCS). En cada prenda llevan un detallito especial que va en combinación con algo más.
Alberto: Nosotros participamos mucho opinando en cada etapa creativa. Para sacar ideas viajamos periódicamente a Europa, para conocer las tendencias de la moda y esto permite que trabajemos de manera adelantada. Como infidencia te cuento que la colección de verano 2012 ya está llegando a nuestras bodegas para exhibirse en las tiendas cuando corresponda.
"Todo lo que se produce en Ficcus es realmente especial, se hace con dedicación, esmero, preocupación y cariño", William Manzano.