Quienes lo conocen, ven en él al futuro del tenis chileno. Con tan sólo dieciséis años, ya se proyecta como uno de los mejores del deporte blanco nacional, destacando por su madurez y sencillez. Consciente que es una carrera de largo aliento, Vicente se prepara para entrar en unos años más al circuito profesional, guiado por una leyenda del tenis chileno: Belus Prajoux.
Por Matías Seccatore M./ Fotos Vernon Villanueva
Mucho se ha hablado en los últimos años de la renovación del tenis en Chile. Después del número uno del mundo de Marcelo Ríos, en 1998, o los oros olímpicos de Nicolás Massú y Fernando González, en Atenas 2004, se ha buscado quiénes podrían ser los nuevos estandartes del deporte blanco nacional, que permitan a Chile mantenerse en lo más alto del tenis mundial. Según los entendidos, hay pocos que podrán ocupar esos lugares en la actualidad, pero de atrás viene una generación de muchachos muy talentosos.
Dentro de esa generación, destaca Vicente Bronstein (16), un chico que hace poco se está haciendo sus primeras armas en este deporte. Sin hacer mucha bulla, ha ido escalando posiciones en el ranking mundial junior de la International Tennis Federation (ITF), alcanzando el puesto 283 del orbe, antes del inicio de su gira de este mes de julio, que lo llevará por las Antillas Holandesas, Aruba y Jamaica.
Para su corta edad, destaca su madurez y simpatía. Y bajo la atenta mirada de su entrenador Belus Prajoux, entrena en el Club Inglés, ubicado dentro de las dependencias del Valparaíso Sporting Club. Ahí se prepara para sus próximos desafíos, sabiendo que este es un proceso largo, pero con muchos sueños de llegar a lo más alto del tenis mundial. Y para eso también cuenta con el apoyo de Gilson Dos Santos (psicólogo), Matías Oliveros (trainer) y René Díaz (preparador físico).
Ya en abril de 2007, su nombre destacaba en las páginas de Tell Magazine. Hoy, Vicente ya se vale por sí solo como un deportista con mucha proyección.
¿Cómo te iniciaste en el tenis?
Siempre tuve mucha facilidad para todos los deportes, pero cuando chico me gustaba más el fútbol. A los diez años, con unos amigos nos metimos a tenis y me gustó desde el primer día. Ahí supe que este era el deporte para mí, me puse a entrenar e ir a competencias. Además, soy muy competitivo e individualista. Me gusta superarme y en este deporte dependes de ti y de nadie más. El fútbol me frustraba un poco, cuando mis amigos fallaban un pase o un gol. Aquí, si me equivoco, no tengo que echarle la culpa a nadie más.
¿Cuándo empezaste a disputar tus primeros torneos?
En septiembre de 2007 jugué el Junior Open de Viña del Mar y otro certamen en Santiago. De ahí empecé a participar en más torneos, en 2008 y 2009. Pero desde el año pasado, ya tengo una calendarización anual y gracias a mi entrenador, hemos estado en Paraguay, Uruguay, Brasil, Ecuador, Perú y Centroamérica.
¿Desde cuándo estás con Belus Prajoux como entrenador?
Desde enero de 2010. Él entrenaba a otro chico acá en el Club Inglés, y ya me había visto jugar. Mi papá (Guillermo) conversó con él, ya que yo me encontraba un poco desmotivado y Belus decidió trabajar conmigo. Desde entonces, hemos crecido mucho y me siento muy contento.
¿Cómo es entrenar con alguien que es considerado una leyenda del tenis chileno?
Es impagable. Él estuvo en el equipo de Copa Davis que perdió la final con Italia en 1976, llegó a la final de dobles en Roland Garros en 1982. Es una persona reconocida en el mundo del tenis, y que se haya fijado en mí para ser mi entrenador, es un gran orgullo.
PROYECTANDO UNA CARRERA
¿Cómo lo haces con el tema de los estudios a tus dieciséis años?
Estudio en el Instituto CIEC en Viña del Mar, donde me dan todas las facilidades para poder seguir mi carrera como deportista. En algún momento habíamos optado por tomar exámenes libres cuando estuviera en Chile, pero no fue la mejor opción, ya que no estaba aprendiendo nada. En el CIEC avanzo en base a mis tiempos, y ha sido la mejor opción para sacar adelante el Cuarto Medio.
¿Cómo es el apoyo de tus padres en las giras?
Mi papá se pone actualmente con todo. Él trabaja en el área de la minería y se saca la mugre para que pueda tener el equipo técnico que trabaja conmigo y viaje por el mundo para obtener puntaje en el ranking junior de la ITF. Sin ese apoyo, no podría proyectarme como lo hago actualmente.
Y con tus resultados, ¿no tienes apoyo de la empresa privada o del Estado?
La empresa privada sólo te apoya una vez que ya estás en lo más alto. No tiene mucha fe en los proyectos, especialmente cuando son de largo aliento como el mío. A Ríos, González y Massú, recién los apoyaron cuando entraron a los cien mejores del mundo. Pero los chicos como yo nos tenemos que valer con el esfuerzo económico de nuestros padres. Y la Federación de Tenis de Chile, con suerte te da un ticket aéreo al año para viajar a un torneo. Nada más. Cuando entras al profesionalismo, la cosa no es muy distinta. Si no estás muy bien ubicado en el ranking, tienes que costearte los pasajes y la organización te da hospedaje. Recién cuando entras a los torneos importantes te pagan casi todo, es decir, el traslado, un buen hotel, buena alimentación, etc.
¿Han tratado de buscar algún tipo de auspiciador?
No lo sé, ya que mi papá es el que ve toda esa parte. Pero como en los medios de comunicación no aparecen los tenistas con proyección, a menos que ganen algo importante, es difícil. Por ejemplo, cuando Chile ganó el Mundial Sub14, salió en todos los diarios y canales de televisión, pero de ahí nada más. Y me imagino que a las empresas les gusta figurar en los medios y si no tenemos cobertura, es poco probable que jugadores como yo consigamos auspiciadores.
¿Es en verdad un deporte muy solitario el tenis?
A veces sí. Por el hecho de que tienes que trasladarte de un lugar a otro, lejos de la familia, a veces en hoteles que no son cómodos. Por suerte tengo a Belus, que me acompaña a todos lados, y con quién puedo conversar harto, y más que un entrenador, se ha convertido en un amigo.
¿Has hecho amistad con otros muchachos en el circuito?
Por suerte, sí. Te vas encontrando con caras conocidas en varios torneos. Y si bien hay que enfrentarlos en la cancha, se puede establecer grados de amistad con varios de ellos.
¿Te consideras parte de una generación que es llamada la renovación del tenis chileno?
En realidad, me gusta ir paso a paso e ir avanzando de a poco. Sé que tengo las condiciones para llegar bien arriba, y el próximo año va a ser muy importante para mí. Además, vienen algunos muy talentosos, como Matías Sborowitz, Jaime Galleguillos, Rodrigo Encinas, que están haciendo giras interesantes en el exterior y avanzando en el ranking.
¿A qué jugador del circuito admiras?
Lamentablemente, a Marcelo Ríos no lo pude ver jugar, ya que cuando llegó al número uno del ATP, yo tenía sólo cuatro años. Me gusta mucho lo que hace Fernando González, que tiene mucho talento. Y Nicolás Massú es un luchador como ningún otro.
¿Cuáles son tus metas en el mediano plazo?
Este año seguir compitiendo e ir sumando puntos en el ranking, ya que a fin de año hay varios que dejan de ser junior y pasan a adultos, es decir, al circuito del ATP. Si mantengo el ritmo y los resultados que he obtenido, debiera lograr suficiente puntaje para que el próximo año aparezca dentro de los cincuenta o sesenta mejores del escalafón, lo que me permitirá entrar a los torneos más exigentes del circuito junior.
¿No has pensado en participar de los torneos Futuro, como el que se realizó hace unos meses en Viña del Mar y Santiago?
No está dentro de nuestra planificación. La idea es ir quemando etapas dentro de mi categoría, ya que en esos torneos hay jugadores mucho más experimentados que yo, lo que no sería beneficioso para mi desarrollo actual como tenista. Tal vez en el futuro podría ser, pero al menos en lo inmediato no está contemplado.
¿Cuál ha sido tu mejor torneo hasta ahora?
Creo que el título que obtuve en el Open de Bahía, en Porto Seguro, en octubre del año pasado. Se postergó varios días por lluvia y tuve que jugar dos partidos por jornada en ese torneo. Le fui ganando a chicos más experimentados que yo, y a pesar del cansancio, gané la final.
Hace poco estuviste en Centroamérica compitiendo ¿Cómo te fue?
En Costa Rica llegué a octavos de final y en El Salvador, a cuartos de final. Lamentablemente, en ese último torneo se me recrudeció una lesión abdominal, que me obligó a retirarme del certamen en Guatemala donde estaba inscrito y nos tuvimos que volver a Chile, ya que no tenía sentido exigirme más de la cuenta y empeorar esa lesión. Ahora me encuentro en tratamiento kinesiológico, para recuperarme para mi próxima gira en Centroamérica. Voy a Antillas Holandesas, Aruba y Jamaica.
Volviendo al circuito adulto, ¿cuál es para ti el torneo más atractivo?
Sin duda, Roland Garros.
¿Por qué el torneo francés, y no Wimbledon, Melbourne o el US Open?
No sé si será por la tradición de tenis de polvo de ladrillo que uno tiene de toda la vida. Pero Roland Garros tiene un ambiente distinto. Es un gran torneo, en cuanto a historia, organización. Sueño con poder jugar ahí y ganar, algún día.
HABLA EL ENTRENADOR
Belus Prajoux es reconocido en el mundo entero como uno de los grandes del tenis chileno, especialmente en dobles, donde compartió con jugadores importantes del orbe como Hans Gildemeister o Andrés Gómez. Desde enero de 2010, se dedica exclusivamente a entrenar a Vicente, destacando que "es el único chico de Viña del Mar en este minuto que está compitiendo de manera internacional. Por eso es muy importante hoy el apoyo de su comunidad, los medios locales y la empresa privada."
¿Quiénes apoyan económicamente a Vicente?
En la actualidad nadie. Por eso como equipo de trabajo nos gustaría poder acercarnos a empresas de la zona, para darles a conocer el proyecto en el que estamos trabajando. Se hace a veces muy difícil, ya que a los patrocinadores les gusta verse en los medios especializados, pero con resultados inmediatos y no al mediano-largo plazo.
"Mi papá se pone actualmente con todo. Él trabaja en el área de la minería y se saca la mugre para que pueda tener el equipo técnico que trabaja conmigo y viajar por el mundo".