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EDICIÓN | Julio 2011

Tallador de sirenas

Roberto Pizarro, escultor en madera
 Tallador de sirenas

Son más de treinta años los que lleva este artesano trabajando la madera de ciprés, roble o raulí para dar forma a hermosos mascarones, ángeles, monjes, mujeres desnudas al viento y seres mitológicos.

Por Maureen Berger H./ Fotografías Vernon Villanueva B.

El recuerdo más importante de Roberto Pizarro (53) fue "cuando partí del nido calentito para sobrevivir como artesano, dejando estudios y familia, pero teniendo la comprensión de mis padres. De ahí en adelante he recorrido muchos lugares de este país, junto a un amigo que fue mi maestro en el hipismo", comenta este creador que con madera logra esculpir maravillosos mascarones de proa, que hoy lucen desde sencillos botes pesqueros hasta los pasillos del Museo de Pablo Neruda en Isla Negra.

Nació en el Cerro Alegre, a los siete años se fue a La Serena e hizo sus estudios en dicha región. Hijo de Dorama y Héctor, fieles seguidores de Paramahansa Yogananda, un maestro espiritual de la India, cuyos preceptos formaron su niñez. Hoy sus padres viven en Los Angeles, California en EE.UU.

Cuando emprendió vuelo, su amigo El Búfalo o Juca Goal, le acompañó en un viaje por Chile hasta que decidió quedarse en Tongoy. Tiempo después volvió a esta región y escogió Isla Negra como su lugar de residencia. "Nuestro taller es al aire libre, está dentro de un pequeño bosque y cerca de la quebrada de Córdova". Con su primera pareja, Rossana Ferrari, tuvo a Pablo y Benjamín, ambos veinteañeros. Hoy su corazón está con Francy Huenchuñir, quien también se dedica a la misma actividad artesanal. "Me hace feliz tallar con la Pancha, pero hacer música junto a mis hijos, creo que es lo más dichoso. Disfrutamos de eso, llevo años estudiando tabla (percusión de la india) con el maestro Millapol Gajardo".

El mundo espiritual ha marcado bastante la vida de Roberto, de hecho fue lo que le hizo conocer el arte del tallado. "Mis comienzos en esto estuvieron ligados a lo religioso. Un día una amiga me llevó donde Pablo Virgala Isasi, un español que tallaba retablos maravillosos. Estuve como veinte minutos con él solamente, le mostré un pequeño trabajo que había hecho y él me dijo que siguiera. Me instruyó con un bosquejo sobre la  proporción de la figura humana. Nunca más lo volví a ver, pero significó bastante en mi arte, en el que ya llevo treinta y cuatro años".

¿Con qué elementos trabajas?
Con madera principalmente y algo de fierro o cobre, pero en muy menor cantidad. Acá en Isla Negra la madera de mayor dimensión que se consigue es el ciprés. Hay algo de alerce rescatado de los postes telefónicos y de roble o raulí de alguna demolición. También están las maderas que el mar nos entrega. Además de hacer mascarones por encargo, hago miniaturas, ángeles, monjes, mujeres desnudas al viento, seres mitológicos, chamanes y procesos de transfiguración.

¿Sigue haciendo las cruces para los pescadores muertos?
Si lo requieren, ellos cuentan con eso. Hemos tallado en formatos pequeños la imagen de San Pedro para varias caletas del litoral de San Antonio, Cartagena, para mariscadoras de Las Cruces, buzos de El Tabo y Caleta Mostazal.

¿Cómo fue la experiencia de los mascarones que hiciste para botes en El Quisco?
Fue el 2004, era la primera vez que veía navegar mis mascarones, que se mojaban en el océano. La exposición duró tres días en el mar y podía ser visitada en bote. Los pescadores pararon su faena por ese tiempo y a cambio les tallé en la misma caleta el San Pedro que los acompaña. Es una figura de dos metros sesenta, tallada en ciprés. Todo esto abrió una amistad con ellos que se mantiene hasta hoy.

Detállame el paso a paso de tus obras, como los mascarones que me tocó ver en el Hotel Medio Mundo de Algarrobo...
Para los mascarones de proa empiezo con un bosquejo, luego lo proyecto en el tronco trabajando con tiza antes de iniciar los cortes y dar forma a la figura. Dependiendo del tamaño, varía el tiempo que demoro en terminar. Una figura de un metro sesenta puede tardar un mes y medio o más.

Cuéntame de las obras que has expuesto en el Museo de Neruda.
He realizado dos exposiciones en la casa del poeta aquí en Isla Negra. Una dedicada a la mujer, inspirada en las últimas chamanas SelKnam Lola Kiepja y Ángela Loij el 2007. El 2010, monté Viento Pacífico, la mujer, el vino y la poesía. Y hasta fines de marzo se exhibió una muestra colectiva con motivo del premio Naitun de los artistas pro-ecología. Participé junto a los escultores y escultoras Cristina Pizarro, Francy Huenchuñir, Felipe Castillo, Roberto Polhammer, Félix Maluenda y Ricardo Mesa.

¿Es efectivo que ya has exportado?
Sí, hace veinte años exporté a Alemania cerca de treinta mascarones, me tardé tres años en finiquitarlo. Y en el 2007 mandé una serie de figuras indígenas de gran formato a una feria en Italia. Por ahora, no tengo proyectos nuevos al respecto.

¿Cómo se contactan los potenciales clientes?
En mi taller que queda muy central en Isla Negra (calle Santa Julia, Parcela 9 F: 09/4090655). Es visitado constantemente por extranjeros que llegan como pasajeros a La Locura del Poeta, el hostal de una amiga ubicado muy cerca. Además, mi taller está abierto para el que quiera aprender, no hay costo en eso. De hecho, actualmente le estoy enseñando a tallar a cuatro amigas. A través de los años son muchos los que han comenzado su camino acá, tal vez la más conocida es la escultora Macarena Irarrázaval.

¿Con qué palabra defines tu estilo?
Es de mucha simpleza. Es que, en general, yo he simplificado mi vida. Para mí, el ideal es vivir con muy poquito y bien, con lo básico. De esa forma tengo todo a mi alcance.

"El 2004 fue la primera vez que vi navegar mis mascarones, que se mojaban en el océano. La exposición duró tres días en el mar y podía ser visitada en bote".

 

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