<strong>En la cancha del libre mercado inversionistas y clientes común saben que una empresa puede ganar o perder porque las proyecciones no se cumplieron, no se concretó un negocio o una crisis afectó al país. Pero no es justo que ellos deban pagar la cuenta cuando quienes trabajan en una empresa no hacen lo que deben.</strong>
En abril de 2009 estalló uno de los casos más escandalosos de abuso a los consumidores chilenos, cuando Farmacias Ahumada reconoció haberse coludido con sus competidores y algunos laboratorios para fijar, artificialmente, precios más elevados en medicamentos frecuentemente consumidos por los clientes.
Tras estallar la noticia, fuimos testigos de escenas de gran molestia por parte de la gente común, que no estuvieron ni cerca de ser aminoradas por los planes de compensación que se ofrecieron para enmendar dicho "comportamiento". En esos momentos, casi todos prometimos no volver a consumir en esa cadena y sus aliadas, que faltando a toda ética, gozó de enormes utilidades en parte por estas prácticas.
Cualquier semejanza con la realidad actual no es mera coincidencia. Es una prueba más de que en Chile tendemos a creer que los problemas hay que solucionarlos con más y más regulación.
Con las farmacias hay investigaciones aún abiertas y los perjuicios ya fueron cometidos hace rato. En el caso La Polar, ¿estamos creyendo que con las investigaciones que se efectúen y las sanciones que se apliquen, no tendremos situaciones como ésta repitiéndose en el futuro? Permítanme dudar. Porque la evidencia empírica es abundante en todo el mundo para demostrar lo contrario y, tan importante como eso, la "creatividad" en el mundo de los negocios siempre se da espacio para inventar nuevas formas -muchas veces reñidas con la ética- de abusar de posiciones dominantes, disponer de información privilegiada, entre otras "prácticas".
Este episodio de abusos a quienes depositaron confianza, de diversas formas, en la empresa La Polar, nuevamente abre una página de un libro que vuelve a desnudar el fallo del sistema completo. De capitán a paje.
Los capitanes de esta historia, es decir, quienes aparentemente velaban por el buen funcionamiento del buque, los llamados directores, argumentaron en un primer momento que no estaban al tanto de prácticas que son parte del corazón del negocio de una multitienda, como son las prácticas de financiamiento. Llama poderosamente la atención que quienes son designados para dirigir una empresa hayan sido citados a sesiones especiales para "informarse e interiorizarse" de temas que son inherentes a sus funciones habituales. ¡Si para eso están! Y lo que vino después fue una seguidilla de múltiples declaraciones que no han hecho más que agravar la falta. Impresentable.
Pero hay otros integrantes relevantes en esta historia que fallaron rotundamente. Las empresas de auditoría no pueden sólo alegar que La Polar les escondió información relevante. Eso puede pasar una o dos veces, pero no de manera permanente en el tiempo, lo cual muestra lo débiles de los mecanismos de control que se aplicaron en la empresa. Impresentable.
¿Efecto acotado? Permítanme nuevamente dudar. El regulador también debe investigar si este tipo de prácticas son frecuentes en otras tiendas de similares características de manera de descartar a la brevedad cualquier efecto sistémico, que dañaría enormemente la imagen que Chile tiene en el concierto internacional. Urge aquello. Una de las mayores crisis que generó Estados Unidos, la subprime, comenzó con síntomas similares: se les prestó dinero a gente que no debía prestarse.
Cuando se juega en la cancha del libre mercado, como nos agrada indicar en Chile, los inversionistas saben que una empresa puede ganar o perder porque las proyecciones no se cumplieron, porque no se concretó un negocio o bien porque un país cayó en recesión. Pero no es justo que un inversionista pague esta cuenta debido a que quienes trabajan en una empresa no hacen lo que deben hacer.
Me pregunto finalmente por nosotros, los consumidores: ¿qué sucederá después del enojo inicial? ¿Continuaremos con los patrones de consumo que permiten que estas empresas hagan este tipo de prácticas? Porque, querámoslo o no, La Polar tenía una cartera elevada de morosos que no pagaban, y no iban a pagar, pero que la empresa seguía reconociendo como clientes, en vez de castigarlos. ¿Seguiremos dando motivos para que las empresas tengan este tipo de cartera de clientes?
Sigo teniendo esperanzas en que aprenderemos aunque sea tarde o temprano, aunque sea a porrazos. Educar en el seno de las familias sobre una cultura del gasto responsable parece imperioso e inevitable.
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