Cuando era chica buscaba tesoros, no cualquiera, el cofre lleno de oro y diamantes no era mi sueño, mi búsqueda iba por algo más interesante, como una caja con cartas que revelaran historias, confesiones, o la fórmula científica de alguna enfermedad incurable.
Hice varios hoyos en el patio, levanté tablas del piso, debajo de la alfombra eso sí para que mi mamá no se diera cuenta. Hice más de algún hoyo en la pared, me metí a entretechos y nada. Con el tiempo simplifiqué mi búsqueda, me puse más ambiciosa, menos soñadora y empecé a comprar boletos de juegos de azar una vez a la semana. Después de años, todavía no le doy el palo al gato. Bueno, tampoco puedo ser mal agradecida, parte de mi trabajo tiene que ver con la búsqueda de muebles antiguos y dentro de ellos he encontrado varias sorpresas, postales de siglo XIX, costureros, fuentes, retratos, cajitas musicales, entre otros.
No tengo claro si el que busca siempre encuentra, hace un mes comenzaron los trabajos de restauración en las calles del cerro Alegre y Concepción, empezaron por la subida Almirante Montt, el ruido, las molestias y el polvo no lo podría llegar a describir. Los maestros que rompían el pavimento justo frente al Bazar la Pasión, de repente dieron con un tesoro y las obras se paralizaron. Encontraron un cañón, de qué año, que país, cuando se utilizó, nadie sabía. En pocos minutos el perímetro estaba cerrado, la prensa local se hacía presente junto a las autoridades y especialistas varios, todos dando su testimonio, el Alcalde de Valparaíso se sacó la foto de rigor junto al hallazgo, entrevistaron a los maestros que pasaron a ser los héroes de la jornada, los vecinos también opinaban, en realidad todo el mundo opinaba, concluyendo, me puse a pensar, el que busca… encuentra, pero cuando no busca, ¿irónico no?...