Francisco Salvo encabeza dos empresas que cuentan con un prestigio y una trayectoria impecable en Concepción hace más de veinte años: Muebles Famma y Joyerías Salvo Versluys. En esta entrevista se refiere a los inicios, trayectoria y las principales fortalezas de sus exitosos negocios.
Por Cristóbal Montecinos C. fotografía Sonja San Martín D.
Pese a haber nacido en Santiago, Francisco Salvo Prieto (66) asegura ser un penquista más. Razones le sobran para tal afirmación. Llegó a Concepción en 1975, se casó con una penquista, cuatro de sus seis hijos —los dos mayores de su primer matrimonio— nacieron en la capital regional del Biobío y ha incursionado en dos prestigiosas empresas hasta el día de hoy: Joyería Salvo Versluys y Muebles Famma.
“Concepción es una plaza bien especial y hay que conocer al penquista para emprender un negocio. Se trata de una ciudad industrial, cuyos habitantes tienen gustos muy diferentes a los de Santiago, por ejemplo. Así, en nuestras empresas nos hemos amoldado a la realidad de Concepción y eso explica en parte nuestro éxito”, afirma.
Tras su primer matrimonio, vivió y estudió durante cinco años Marketing and Research en Australia, “algo así como investigación de mercado. Adquirí suficiente conocimiento y experiencia para volver a Chile y hacerme cargo de un negocio familiar”, relata.
Su regreso a Chile fue algo obligado. La Casa Salvo, negocio familiar liderado por su padre y que funcionó por más de cincuenta años como tienda de artículos electrónicos, había abierto un local en Concepción y Francisco se embarcó hacia la capital penquista para hacerse cargo de la sucursal.
“La Casa Salvo cerró sus puertas en Concepción, en 1982, y luego incursioné en el negocio de las comidas, con el Hamburger, uno de los primeros locales en ofrecer comida americana en Concepción. Estaba en calle Caupolicán”, recuerda.
JOYAS ÚNICAS
Posteriormente, a mediados de los años noventa, Francisco Salvo se hizo cargo de la Joyería Versluys, que había sido creada por Hernán Versluys Gardeweb a mediados de la década anterior. “Tenemos una antigua relación de amistad con la familia Versluys y don Hernán padre manejaba esta joyería. En esa época, él quiso vender este negocio para enfocarse a otro rubro y me lo ofreció. Yo no sabía nada de esto, pero me convencieron y el propio don Hernán se encargó de capacitarme hasta que yo manejé el tema de manera suficiente para continuar solo”, revela.
La Joyería Versluys fue la pionera en Chile en la incorporación de tecnologías de engarce con lupa estereoscópica leica de alta precisión y uno de los hijos de Francisco, Jorge Salvo Martínez, es el responsable del diseño y la manufactura. “Se ha especializado bastante y es el dueño de la parte creativa, logrando que la joyería esté a la vanguardia de la tecnología y la calidad. Mucha gente nos conoce y hemos adquirido un prestigio con el paso de los años. Mantenemos el nombre Versluys, en cierta forma, porque don Hernán padre la tuvo por doce años y le agregamos el Salvo solo hace un par de años. Hemos realizado pequeños cambios, pero mantenemos la clientela que tuvo durante tanto tiempo con su dueño anterior”, comenta.
La joyería, que siempre ha estado en su misma ubicación de calle San Martín, es unas de las pocas en Concepción que cuenta con un taller donde fabrican las piezas y cada una de las joyas es certificada al momento de ser adquirida en el local. “Esa es una de nuestras principales ventajas: fabricamos nosotros mismos nuestras piezas. La joya, al contrario de otros productos, como una prenda de ropa o un auto, es un capital y siempre vale. Un buen brillante puede tener cincuenta años y va a costar lo mismo”, expone.
MUEBLES FINOS
Otro rubro en el que Francisco Salvo ha logrado un nombre en Concepción, es la mueblería. “Mi actual señora, Marcela Urrutia, trabajó bastantes años en Mascardi y gracias a esa experiencia decidió independizarse, por lo que creamos Muebles Famma. Actualmente, ella es la encargada de la parte comercial y yo soy responsable de la parte financiera y de la producción”, detalla.
Con un local de ventas emplazado en el centro de Concepción, además de la fábrica que funciona desde sus comienzos, Muebles Famma se ha mantenido por treinta años. “Ciertamente es difícil que una empresa de provincia opere por tantos años, pero nosotros funcionamos en nichos que, pese al tema de la globalidad, son bien especializados. Para comprar una joya, por ejemplo, hay que acudir a un lugar que transmita confianza y donde otorguen atención personalizada. Ocurre lo mismo en el caso de los muebles. Nosotros confeccionamos muebles de estilo, en madera fina — especialmente castaño y raulí—, con tapices de calidad. Se trata de algo personalizado, porque muchas veces realizamos un trabajo de asesoría para determinar cuál es el mueble ideal para ese espacio en la casa o de qué color, tomando en cuenta, por ejemplo, el color de las cortinas”, explica.
Agrega que en este rubro se aprecia mucho trabajo artesanal u oficios que con el tiempo están desapareciendo. “Nuestro gran capital en la mueblería está conformado por un equipo de trabajo de calidad. Se trata de muebles tallados a mano cuyo trabajo es casi imposible que una máquina reemplace. Las nuevas generaciones no muestran mucho interés en continuar con estos oficios que se han transmitido de generación en generación. De esta manera, van quedando muy pocos buenos talladores, torneros en madera o gente que se dedique a enjuncar. No se puede comparar un mueble hecho a mano con los importados por las grandes tiendas, especialmente por el tema de reparación y repuestos. Los primeros quedan para siempre”, afirma.
SELLO PERSONAL
Acerca del sello personal que ha imprimido a su gestión en ambos negocios, Francisco Salvo no duda: “Mi política en ambas empresas es que yo no vendo nada que no llevaría para mi casa. También he logrado transmitir que el éxito no está en intentar engañar a la gente, ahorrando a toda costa y utilizando materiales de mala calidad, por ejemplo, sino que está en cumplir, tener buenos precios, ser competitivo y responder al cliente”.
Además, Salvo comenta que desde los inicios, ha valorizado el capital de trabajo. “Por ejemplo, el jefe de taller en la mueblería está con nosotros desde el principio. Además, nuestra política es dar cumplimiento a todos los trabajos, respetando plazos y otorgando seriedad en nuestra labor”.
A su juicio, es difícil decidirse por la favorita entre las dos empresas. “Ambas tienen su encanto como también cada una tiene sus problemas. Son negocios de cosas tan distintas, pero tan parecidas en algunos aspectos, que tengo sentimientos similares con las dos”.
"Mi política en ambas empresas es que yo no vendo nada que no llevaría para mi casa”.