En un rincón de la galería Las Araucarias se encuentra el Mercadito de Refidim, una tienda que trae diversos productos que apuntan a una alimentación sana. ¿Su sello? Los dueños, Walter Miranda y Bárbara Iraira, son consumidores de estos productos y, además, se han encargado de ofrecerlos a precios adecuados. Desde el ya conocido aceite de coco, a harina de cáñamo y leche de alpiste, son algunos de los productos que aquí se encuentran.
Por Paz Moraga S. / fotografía Sonja San Martín D.
Él es cientista político, ella es periodista. Ambos dejaron su vida en Santiago, y se vinieron a Concepción a nuevos trabajos. Pero un día, como dice la jerga, se les “prendió la ampolleta” y vieron que el emprendimiento que siempre habían buscado, estaba frente a su nariz. Así nació el Mercadito de Refidim, una apuesta de alimentos saludables que, en primera instancia, iría dirigido a los deportistas, pero sus más fieles clientes han sido las mujeres.
Walter Miranda y Bárbara Iraira son un joven matrimonio que apuesta día a día por la vida sana, tanto en el consumo de alimentos, como en la práctica constante de ejercicios. Aclaran que no son extremistas, que todo es un proceso y que el cambio, para ambos, ha sido en forma paulatina. Walter comenzó esta transformación cuando tenía veintidós años y cayó en cuenta que pesaba ciento veinticinco kilos, “sufrí de obesidad y tuve que generar un cambio en mi vida. A los veintidós años asumí que si seguía con mi estilo de vida, iba a morir antes de los cincuenta. En siete años logré bajar de peso con un trabajo constante y apoyo profesional. Era cambiar el Superocho por la manzana”.
Bárbara comenzó una vida más sana cuando se casó con Walter, y le hizo más sentido cuando personas muy cercanas fueron diagnosticadas con cáncer y diabetes. “Nosotros identificamos este nicho de los alimentos saludables, basados en nuestra experiencia de vida. Nosotros tratamos de cuidarnos, y a la vez, prevenir enfermedades y el montón de problemas que genera el comer comida chatarra, bebidas, etc.”, cuenta.
Así, deciden comenzar con el mercadito, primero como un negocio on line y presentándose en diversas ferias. Comentan que la principal característica de este emprendimiento, es que lo concibieron como consumidores, por lo tanto, todo lo que ofrecen, lo han probado:
“todo lo que tenemos es porque nos gustó o nos convenció. Siempre estamos inventando recetas, por ejemplo, tortillas con harina de coco. Así le podemos decir al cliente qué queda bien o no”.
REVOLUCIÓN
Luego de transitar por ferias, Walter y Bárbara se dieron cuenta de que tener un local era absolutamente viable. Por lo que en noviembre del año pasado se instalaron en un rincón de la Galería Las Araucarias, donde ofrecen todos sus productos. Pero el plus que le han agregado es que en su página web no sólo destacan cada uno de sus productos, sino que hablan de las propiedades que tienen, recetas para prepararlos e, incluso, instruyen para aprender a leer los etiquetados de los alimentos que consumimos día a día.
Si bien reconocen que el negocio lo comenzaron porque detectaron que hay un boom en el consumo de alimentos saludables, aseguran que desean comenzar una pequeña revolución. “Trabajamos pensando a largo plazo, la idea es conocer al cliente y que la persona regrese.
Cuando hice mi tesis en Ciencias Políticas, estuve analizando la obesidad como problema público; entender cómo se plantea el tema de la alimentación en Chile es tan loco como los recorridos Coronel Lota. Así de lanzado a la vida está el mercado de la alimentación en nuestro país. Por eso, esto es un poco de rebeldía de lo que nos exponen los medios”, explica Walter.
Inicialmente, el Mercadito de Refidim está dirigido a deportistas, pero las mujeres son sus más fieles clientas. La pareja acota que se cuidan más y que cuidan a su familia, “llegan, por ejemplo, porque tienen a sus hijos veganos y necesitan alimentos con proteínas, entonces nosotros les explicamos las propiedades que hay en cada producto y también cómo utilizarlos”. Y agregan algo no menor: “siempre recomendamos que las personas vean a un especialista, que no sigan la dieta del amigo, no hay productos mágicos, lo único que les permitirá bajar de peso es la alimentación saludable y ejercicio constante, pero cuando les hablas de ejercicio, los pierdes en algún minuto”.
LAS ESTRELLAS
Hay un par de productos que estos emprendedores recomiendan siempre. Primero, el aceite de coco, que previene la hipertensión, la úlcera, el alzhéimer y más. “Es súper versátil, no sólo lo puedes usar como comestible, sino también para tratamientos de belleza, para el pelo, la cara (es desmaquillante), como bálsamo labial, incluso como pasta de dientes, para las arrugas, puntas partidas y cicatrización. Nutricionalmente, tiene ácido láurico y ácidos grasos esenciales, que son los que ayudan al buen funcionamiento del cerebro”.
Las leches vegetales son otra muestra, especialmente la de alpiste: “hay mucha gente que es intolerante a la lactosa, por lo que buscan estas leches vegetales. Entonces tenemos la de almendras, de coco, alpiste y soya, que se usa mucho, porque tiene mucha proteína. Ideal para la gente que no come carne”.
El alpiste está muy de moda porque ayudaría a bajar el azúcar en la sangre. “El problema que vemos es que el alpiste que se encuentra acá es para mascotas, para canarios, y tiene en la cáscara un compuesto tóxico para las personas. Entonces, por seguir la moda, consumen eso, y pueden verse perjudicados. Trajimos la leche de alpiste, en base a un alpiste descascarado, que es una forma segura de consumirlo”, acota Bárbara Iraira.
Las barras de chocolate vegano son, sin duda, una de las joyas del Mercadito. Se trata de un producto hecho con dátiles, cacao y frutos secos. No tienen azúcar, grasa animal, lactosa ni gluten: “son una exquisitez, porque como el dátil es muy dulce, te comes una barra y sacia tus ganas altiro”.
Un producto de la zona, es la miel blanca multifloral de Santa Bárbara, que no tiene ningún proceso y es miel cruda, ideal para preparar barras de cereal.
Walter y Bárbara sueñan. Próximamente, esperan comenzar a desarrollar sus propios productos, como frutas deshidratadas en el campo de los papás de ella, ubicado en Nacimiento y desde donde sacaron el nombre del Mercadito de Refidim.
"A los veintidós años asumí que si seguía con mi estilo de vida, iba a morir antes de los cincuenta años. En siete años logré bajar de peso con un trabajo constante y apoyo profesional. Era cambiar el Superocho por la manzana”.