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EDICIÓN | Abril 2016

Grises y azules

Elisabeth Stüven, artista plástica.
Grises y azules

Con obras en galerías de Guatemala y Colombia, la pintora abstracta Elisabeth Stüven ya encontró su nicho en el mundo del arte. Acrílicos que secan más rápido, tramas desordenadas y vueltas a ordenar, además de tonalidades grises y azules forman parte de su lenguaje pictórico.

Por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.

A la artista plástica Elisabeth Stüven le bastaron unos años junto al artista chillanejo Raúl Figueroa, para descubrir que lo suyo era el arte. Aunque demoró en cultivar su talento natural, ya que su primera carrera es la ingeniería comercial, ahora no duda al pararse frente a la tela y esgrimir los pinceles que utiliza con espontaneidad. En una primera etapa, sus trazos desordenados atiborran la tela y luego viene el orden para que cada color y línea quede en su lugar. Así nacen los cuadros de Elisabeth.

Casada, con dos hijas, una en el colegio y otra en la universidad, demuestra su ascendencia alemana en cada momento: disciplinada, responsable, rigurosa; y también libre pensadora e indagadora al buscar sus propias respuestas, que surgen de sus largas jornadas frente a la tela. Feliz en esta etapa de la vida, porque encontró un lenguaje para expresarse, y a la vez ilusionada por todo el mundo que le falta por descubrir desde ahí.

¿Cómo fue tu infancia?
Recuerdo jugar a la escondida en la siembra del trigo a punto de cosechar, corriendo sin zapatos en la tierra húmeda de los potreros recién arados, la quinta de frutales, construyendo carreteras con luciérnagas en la mesa del comedor cuando se cortaba la luz, ese olor a pasto húmedo después de la lluvia, el ruido de los animales en la mañana temprano, o recolectando berries de distintas variedades para el postre, producto de semillas traídas por mis antepasados desde Francia.

Viviste en Alemania…
A los nueve años, fuimos a Alemania por un año. Ahí, conocí a las hermanas de mi abuelo paterno, quien llegó a Chile a los veintitrés años entre la primera y la segunda guerra mundial. Había escuchado historias desde que nací. Historias de guerra, de haber pasado cuatro años de su juventud escondidas en un subterráneo, de haber estado escapando del ejército ruso durmiendo en establos, del miedo, el hambre, la soledad y la incertidumbre. Reflexiono sobre la suerte de no haber tenido que enfrentar una guerra durante mi vida, y lo duro que fue para ellos sin tener culpa alguna más que la época y el lugar que les tocó vivir.

¿Quién marcó tu primer encuentro con la pintura?
Desde pequeña dibujaba en una casa en que todos practicaban algún tipo de manualidad. Mi abuela paterna pintaba con óleo. Ella me enseñó algo de perspectiva, luz y sombra. Siempre tuve atracción hacia el dibujo y todo lo relacionado a las artes plásticas, sin embargo, no se dio la oportunidad de haber entrado en el taller de algún artista en mi infancia. Con ese solo hecho, hubiera sentido todas las sensaciones que transmite el taller y refugio de un verdadero artista, y mi camino hubiera sido otro. La vuelta fue más larga, pero llegué donde debió ser desde el principio.

ANTES Y DESPUÉS

“En 1998, nos trasladamos con mi marido a vivir a Chillán, dejé de trabajar fuera de la casa, ya que tenía dos hijas pequeñas y pude tomar clases con el artista y profesor, Raúl Figueroa, que tenía como objetivo formar artistas. Participé de sus talleres de máximo dos alumnas por clase durante tres años, experimentando con todo tipo de técnicas y materiales. Esa fue mi segunda carrera. Quizás no completa, pero suficiente para volar con mis propias alas”.

¿Qué les dirías a tus hijas si quisieran estudiar arte?
No tendría que decirles nada. Ellas sabrían exactamente como es la vida de un artista, sabrían de sus momentos de euforia y sus frustraciones, sus vacilaciones ante los nuevos desafíos, su miedo al fracaso de algún proyecto, fuerte autocrítica, soledad, encierro voluntario, pérdida de contacto con la vida al exterior de su taller, un refugio que por momentos le entregarían total plenitud.

¿Cuáles son tus reflexiones cuando logras el momento de la introspección al pintar?
Durante el proceso creativo la concentración me permite reflexionar sobre distintas cosas, ya sea personales o relacionadas con mi entorno, y la época en que me ha tocado vivir. Tiendo a ser analítica, me gusta estar informada y tener opiniones asertivas basadas en evidencia empírica o análisis estadístico. No me gustan las opiniones sin pruebas, soy realista, concreta.

¿Te sientes libre al momento de pensar?
La concentración en una sola actividad por muchas horas permite llegar a tener momentos de profunda introspección. En mi caso, al ser una persona atea, agnóstica o como quieran llamarlo y, a la vez, haber vivido ya más de medio siglo, es recurrente en mí el reflexionar sobre el sentido de mi propia existencia. Al no tener un prejuicio frente a las distintas religiones o creencias, me siento absolutamente libre para analizar cualquier forma de pensar. Mi relación con el arte también me ha enseñado a abrir mi mente y enfrentar lo nuevo sin prejuicios.

¿Reflexionas sobre tu pintura?
Es inevitable reflexionar sobre mi propio trabajo y lo que puedo entregar en él. También reflexiono sobre la necesidad del ser humano de conectarse con alguna forma de expresión artística, ya sea literatura, poesía, música, artes visuales, teatro o cine, que a mi juicio extraen la sensibilidad y las emociones de las personas y permiten construir una vida más rica, más profunda, más hacia adentro.

¿Cómo fue tu experiencia al exponer en el extranjero?
Exponer en el extranjero en cuatro oportunidades fue para mí un tremendo compromiso y gran esfuerzo. Desde preparar una exposición que toma aproximadamente un año, transportar las pinturas, planificar el viaje, etc. Es motivante, pero al mismo tiempo produce un alto nivel de estrés a medida que se acerca la fecha. Sin embargo, en cada oportunidad me ha permitido reafirmarme como artista abstracta, siempre ha sido tremendamente positivo y mi obra ha tenido gran aceptación, principalmente, entre los más jóvenes. Me siento al día con el arte contemporáneo abstracto, tanto en Chile como en el extranjero.

¿Qué esperas del futuro?
Continuar como hasta ahora, trabajando mucho y disfrutando lo que hago con plena libertad.

 

"Tengo una lógica racional en lo cotidiano, pero soy sensible en lo relacionado con las artes, en general”.

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