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EDICIÓN | Abril 2016

El elogio de la sombra…

Por Marcelo Molina Schwarzenberg Arquitecto R8 HCHR marcelo.molina@r8.cl - www.r8.cl
El elogio de la sombra…

Existe un antiguo refrán chino que dice: “Cuando el discípulo esté preparado, entonces aparecerá el maestro”… Ni antes ni después…

De este modo, el modo de las cosas, es como uno de ellos ha aparecido y ha llegado hasta mis manos en forma de un pequeño librito. Pequeño en su formato, pero infinitamente grande en el contenido de la palabra y el sentimiento con que enseña y abre puertas… Lleva por título: El elogio de la sombra, y consiste en un ensayo escrito por Junichiro Tanizaki en el año de 1933.

Tanizaki nació en la ciudad de Tokio, en 1886, y falleció en Yugawara, en 1965. Escritor y novelista, es considerado por muchos como una de las piedras angulares de la literatura contemporánea de Japón. Para mí, a partir de ahora un amigo y un maestro intangible que vive en sus escritos.

El elogio de la sombra es un libro sobre el que nos habló un profesor cuando estaba en la escuela de arquitectura y que no pude conseguir en ese momento sino hasta hace muy poco, donde, ya habiéndolo olvidado y sin buscarlo, escogió su momento y llegó solo. No me cabe duda que en aquel entonces el aprendiz no estaba preparado para comprender… Inmaduro, distraído y superficial.

Como todo es circular y nada sucede por azar, resulta que estoy dictando un curso sobre observación de la arquitectura y la ciudad. En él, estamos concentrados trabajando con mis estudiantes en descubrir por medio de la observación el universo de la arquitectura y la dimensión del espacio, de la obra, del significado de los elementos y sus configurantes. En otras palabras, el sentido esencial que existe más allá de la mera constatación.

Tanizaki no necesita ser arquitecto, provisto únicamente de la sensibilidad del artista, del escritor que observa y registra una y otra vez la vida vivida a través de tantos ojos. Nos ofrece un viaje maravillosamente narrado a partir de la simpleza, de lo cotidiano de todo ello, situándose como punto de partida, en el inmenso y rico espectro que la sombra nos ofrece en su descubrimiento. De todas y cada una de las variaciones y evoluciones que esta nos regala acompañada con la sutileza del silencio y la quietud del tiempo que parece detenerse y en ello sublimar todo lo contenido en ese lugar.

Nos habla de cada uno de los sutiles momentos que se fugan en pequeños instantes de transición que fluyen con el día que avanza y de cómo esa proyección subliminal incide en los espacios interiores de los edificios y afectan emotivamente nuestros sentidos y actos… Nos habla de ese territorio interior que existe donde grandes aleros y techos se proyectan, creando una serie de momentos que se debaten entre la luz y la oscuridad, donde la umbra, la penumbra y la sombra habitan. De este modo, Tanizaki escribe un tratado magnífico sobre la sombra y su quietud oriental. Nunca de la luz que considera más bien un problema de la cultura occidental…

Respecto de la casa tradicional o de un templo nos dice: “Diríjanse ahora a la estancia más apartada, al fondo de alguna de esas dilatadas construcciones; los tabiques móviles y los biombos dorados, colocados en una oscuridad que ninguna luz exterior consigue traspasar nunca, captan la más extrema claridad del lejano jardín, del que les separan no sé cuántas salas: ¿no han percibido nunca sus reflejos, tan irreales como un sueño? Dichos reflejos, parecidos a una línea del horizonte crepuscular, difunden en la penumbra ambiental una pálida luz dorada, y dudo que en ningún otro sitio pueda el oro tener una belleza más sobrecogedora”.

Hay un pequeño poema chino que como la luz dorada de belleza sobrecogedora, nos habla de la luna y de la sombra… The Little Fete (*), perteneciente al disco China, de Vangelis, ojalá puedan escucharlo.

Tomo una botella de vino y me dirijo a beberla entre las flores, siempre somos tres contando mi sombra y mi amiga la reluciente luna. Felizmente la luna nada sabe de beber y mi sombra nunca tiene sed. Cuando canto la luna me escucha en silencio, cuando danzo mi sombra danza también. Después de las festividades los invitados deben partir, esta tristeza que no conozco, cuando regreso a casa, la Luna va conmigo y mi sombra sigue mis pasos… (*) “The Little Fete” / China / Vangelis

 

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