Radicado hace dos años en Cobquecura, el diseñador gráfico y pintor Claudio Baccelli encontró la inspiración que buscó por años en diversos lugares de Chile y el extranjero. Sus relojes en piedra laja han llamado la atención por su originalidad y el uso de materia primas características de la zona, permitiendo la creación de un producto exclusivo y de calidad.
Por Cristóbal Montecinos C. fotografía Sonja San Martín D.
El artista Claudio Baccelli Guzmán (41) nos guía por Cobquecura hasta la calle Arturo Prat, donde está emplazado el Taller Witral, que comparte con Yanett Inostroza y sus telares. En el trayecto saluda a varias personas y mientras abre la puerta, comenta sobre lo tranquilo del lugar. “Acá hay una gran fuente de inspiración. He vivido en muchas partes y el precio de la tranquilidad de este lugar es impagable, así como la calidad de vida. Tenemos playa y paisajes increíbles muy cerca, donde no se necesita auto para llegar. Me gusta mucho la fotografía y saco provecho de cada paseo por los alrededores”, relata.
VIAJERO
Nacido en Chillán, Baccelli ha buscado esta inspiración en diversas partes de Chile y el mundo. Por motivos de trabajo de su padre, Claudio Baccelli Rodríguez, en su adolescencia, vivió cinco años en Guayaquil, Ecuador, donde dice que comenzó su pasión por la pintura y el diseño de objetos. “Siempre tuvimos relación con la cultura y el arte. Mi padre es músico y viajamos por muchos lugares junto a mi madre, María Angélica Guzmán, y mis dos hermanas”, recuerda.
Al regresar de Ecuador, Claudio Baccelli estudió Diseño Gráfico en la Universidad del Bío Bío, sede Chillán, donde pudo sumergirse en el mundo del arte en plenitud. “Fue entonces cuando comencé a mezclar pintura, diseño y trabajo con objetos”, revela.
¿Por qué Cobquecura?
Antes de 2007, trabajaba en una oficina de diseño en Santiago y pasó algo muy especial. Vine por dos semanas a Cobquecura y terminé quedándome por un año y medio. Renuncié a mi trabajo y fue una experiencia magnífica.
¿Por qué no te quedaste?
En 2008, tuve la oportunidad de viajar a España y no lo pensé dos veces. Quería lograr mi inserción en el medio artístico y mayor acceso a la cultura, y se trataba de una tremenda oportunidad. El problema fue que al año siguiente de mi llegada comenzó la crisis allá y no fue fácil conseguir trabajo. Empecé a cuestionarme. Mi sueño era trabajar en lo mío: pintar, pero no podía volver y nadie había imaginado que la crisis iba a ser tan grande.
ÓLEOS
¿Qué técnica utilizas en tus pinturas?
El óleo sobre tela es el más versátil. He hecho experimentos con acrílicos y otras pinturas, pero principalmente trabajo en óleo. Mi gran referente es Claudio Bravo, pero también me gustan Roberto Matta y Vincent Van Gogh.
¿Pudiste vender tus cuadros en España?
Vendí varios, más de ochenta. Trabajé para particulares a quienes les gustaba mi estilo surrealista. Resulta que al poco tiempo de llegar a España, encontré una veta importante que fueron los retratos, que allá se pagaban muy bien, aunque también pintaba paisajes. Con eso pude sobrevivir durante mi estadía e, incluso, pude participar en algunos cursos.
¿Tuviste ayuda de alguien en especial?
Tuve un padrino que había nacido en Portezuelo: Manolo Araujo, un pintor destacado en Vigo. Me dijeron que fuera a hablar con él. Conversamos y le mostré mis trabajos. Quedó fascinado y me ayudó con clientes. Él los llamaba y les contaba de mí. Fue crucial en el desarrollo de mi carrera en España. Logré pintar y concretar mi sueño de ser un artista.
¿Qué ocurrió a tu regreso a Chile?
Cuando me fui a España, me dije que cuando volviera, volvería a Cobquecura y cumplí mi promesa. Llegué a Chile, en enero de 2013, y en septiembre de ese año me radiqué acá.
PIEDRA LAJA
¿Cómo nace la idea de los relojes con piedra laja?
Siempre estoy haciendo y pensando nuevas cosas y comencé a idear algo que tuviera relación con materiales característicos de Cobquecura. Se me ocurrió, entonces, utilizar piedra laja y convertirla en relojes, con incrustaciones en cuarzo. Se trata de algo muy rústico y sencillo, pero los comencé a vender y han llamado la atención. Esto es una transformación de algo tan básico como la piedra en algo único.
¿Qué herramientas y materiales utilizas?
El taladro es el principal instrumento. También uso pulidores y lijas. En cuanto a los materiales, mientras más rústicos, mejor. Por ejemplo, reciclé trozos de madera, con los que hago una base para los relojes.
¿Cómo ha evolucionado tu trabajo con los relojes?
Hace tiempo vi una ruma de troncos de roble para la chimenea, de un color rojo magnífico, y nació la idea de mezclar madera y piedra laja en los relojes. Se trata de un producto muy especial que utiliza dos cosas muy sencillas. Es un objeto útil, decorativo y, lo más importante, único.
¿De qué manera has difundido tu trabajo?
He sido invitado a participar de la primera agrupación de artesanos de Cobquecura, una iniciativa muy importante para dar a conocer nuestras obras. Los relojes están disponibles en el Taller Witral y se pueden ver algunos en redes sociales.
¿Qué otros proyectos tienes en mente?
Junto con Rodrigo Gutiérrez, un colega de Chillán, tenemos un proyecto de realizar asesorías de diseño, como mesas de arrimo con piedra de laja y madera, nuestra materia prima en Cobquecura.
“Hace tiempo vi una ruma de troncos de roble para la chimenea, de un color rojo magnífico, y nació la idea de mezclar madera y piedra laja en los relojes. Es un objeto útil, decorativo y, lo más importante,
único”.