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EDICIÓN | Octubre 2014

Vida excepcional

Rosina Cucoch-Petraello Vuscovich
Vida excepcional

Conocida en la ciudad por sus ricos panes de Pascua y tortas, la historia de Rosina se remonta a la segunda guerra mundial, cuando siendo una niña debió vivir una fuerte experiencia, para luego dar paso a las pasiones que la acompañarían toda la vida: la enseñanza y el deporte.

por Soledad Posada M. fotografías Sonja San Martín D.

Sonriente, amable, muy cariñosa y servicial, Rosina Cucoch-Petraello es como esas abuelas de cuento que transmiten amor en cada mirada y gesto cariñoso. Su cocina, impecable y funcional, siempre tiene algo rico para ofrecer a los buenos amigos, y su numerosa familia.

Pero la vida de Rosina no siempre fue tranquila. Ella nació en Split, cuando pertenecía a Yugoslavia, pero bajo la ocupación italiana, por lo tanto, es italiana. Hoy esa ciudad pertenece a Croacia.

En sus años de infancia, tuvo que vivir una experiencia de guerra, cuando a sus seis años empieza la Segunda Guerra Mundial. Ella era la segunda de ocho hermanos que la siguieron. Su madre, Antonietta, un ejemplo de fortaleza, tuvo a sus hijos entre bombardeos y huidas. Los cinco años que duraron los enfrentamientos, Rosina vivió en las casas que sus padres encontraban abandonadas y que estaban cerca del batallón donde peleaba su padre, Zvonimiro, que era un soldado italiano.

¿Qué recuerdas de esa época?
La Cruz Roja pasaba por la calle entregando alimentos a quienes se acercaran. Ellos fueron fundamentales para sobrevivir a la escasez que generó la guerra para la población civil.

¿Qué pasó al terminar la guerra?
Nos trasladaron a un refugio, donde estaban los hombres a un lado, las mujeres al otro y las familias juntas. Nosotros éramos una familia grande, por lo que nos pusieron en un pequeño departamento. En ese lugar se hacía comida para trescientas personas. Como niños, mis hermanos y yo vivimos la guerra con nuestra propia mirada, sin percatarnos de los horrores que se sufrieron. En eso, mi madre fue admirable, porque siempre nos mostró el lado amable de cualquier situación. Y eso era lo que veíamos. Pero la guerra es lo peor que le puede suceder a un país y a su gente.

CHILE

Al llegar a Chile, Rosina se instala en Santiago junto a su familia, después de un viaje de un mes en barco, a la edad de catorce años. Sin imaginar que en la casa del frente vive el amor de su vida, Federico Leefhelm, un joven estudiante de la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad Federico Santa María, de Valparaíso. Pololearon por carta durante tres años hasta que se casaron, cuando Rosina tenía diecinueve. Conocer a s marido no sólo la haría madre de cuatro hijos: Verena, Federico, Hans y Helmut; abuela de trece nietos y bisabuela de tres bisnietos, sino que la vinculó con lo más querido para ella hasta el día de hoy: el deporte.

Federico, constructor civil y aventurero, fue campeón nacional de gimnasia en aparatos, en el año 1959, y la entusiasmó en su gusto por ella. Así, Rosina, recién llegada a Concepción, aprendió todos los ejercicios que se requerían para competir en las diversas olimpiadas de los clubes deportivos alemanes de Chile, donde participó por veintiún años. “Recuerdo que nos quedábamos con Federico hasta la una de la mañana, practicando en el Club Deportivo Alemán de calle Castellón”.

En una competencia, el director del colegio Charles de Gaulle la conoció y la entusiasmó para que impartiera clases de gimnasia a sus alumnas. Y aunque estudió Educación Física en la década del setenta, su alma de educadora ya estaba en su interior.

En los setenta, viajó a un sudamericano senior de atletismo, donde participó en salto alto, largo, y las pruebas de 400 y 100 metros planos. Y desde el año 1969 practicó esquí, cuando aprendió en los cerros de Antillanca. “Federico manejaba toda la noche para llegar temprano a esquiar con todos mis hijos”, ríe, feliz de recordar esos aventureros viajes.

“Hace cuatro años que no esquío, por problemas de salud, pero acompaño a mi marido, que sigue bajando esas hermosas montañas, incluso mis nietos que viven en Canadá lo invitaron a esquiar allá”, cuenta orgullosa Rosina, quien junto a su esposo vibra con el deporte y se nota (al momento de la entrevista les avisaron que su nieto, Sebastián Leefhelm, fue llamado a la Selección Nacional de Básquetbol, con sólo quince años).

DEPORTE

Al terminar la carrera de Educación Física, inmediatamente fue contratada en el Colegio Alemán. Su paciencia, entusiasmo, generosidad y alegría, la hacían una excelente maestra. Rosina impartió clases hasta los sesenta y seis años, “y haciendo la invertida, porque a los alumnos hay que enseñarles con el ejemplo; si la maestra no hace los ejercicios, ¿cómo van a aprender?”.

Y hubiese seguido haciendo clases, sino fuera porque el destino le jugó una mala pasada. Al abrir una gaveta, cayeron fierros mal apilados que le golpearon la cabeza, el resultado: dejó sus clases y la alentaron a hacerse cargo del casino del colegio, por su conocida afición a la cocina. Y como no hay lugar donde no haya dejado huella, comenzó la era de la alimentación saludable en tiempos en que esos términos no se usaban. Rosina se encargó de que los alumnos tuvieran almuerzos caseros, ensaladas y nunca más se vio un berlín o fritura en el colegio, pero sí les preparaba postres sanos, como kuchenes. “Era maravilloso, hasta los profesores me pedían pan y platos ricos y sanos”, indica Rosina.

¿Cambiarías algo de tu vida?
Pienso que no cambiaría en nada, ya que la experiencia vivida durante mi infancia me permitió, con los años, aceptar de la vida los momentos buenos y malos y saber agradecer a Dios la salud otorgada a mi familia y a mí.

¿Cuándo y cómo nace tu vocación por la enseñanza?
Alrededor de los veinte años de edad, entusiasmada por mi esposo, quien me guiaba y enseñaba los diferentes ejercicios. Esto me impulsó para descubrir mi vocación de profesora, lo que también contribuyó a permitirme trabajar en Campos Deportivos de Llacolén desde hace catorce años en clases de cocina, enseñando a las socias interesadas.

¿Qué les dirías a las personas saludables que llevan una vida sedentaria?
Que deben ser agradecidas de la vida; no todas las personas gozan de buena salud. Deben realizar actividades sociales, deportivas, recreativas, etc., siempre dependiendo de sus posibilidades.

¿Qué diferencia ves en la crianza actual de los niños y la de antes?
Antes, los padres y profesores lograban ser escuchados y respetados; en cambio ahora, difícilmente se logra que los niños acepten consejos de los adultos.
 

¿Qué le dirías a la juventud actual?
Que se preparen para el futuro, ya que no todo es fácil en la vida. La forma para lograrlo es estudiar y trabajar con inteligencia.

 

“Antes, los padres y profesores lograban ser escuchados y respetados; en cambio ahora, difícilmente se logra que los niños acepten consejos de los adultos”.

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