Cuando era una adolescente, dejó a su amada Italia por venir a misionar a Chile. Alejarse de la familia fue un duro golpe, pero su fe, pasión y convicción por ayudar al prójimo y vivir la espiritualidad fue más fuerte. En estas tierras, se convirtió en una connotada docente e investigadora, ligada a las ciencias religiosas, a la teología y la antropología. Más aún, en el último periodo, se ha apasionado en revelar el rol de la mujer, desde diferentes perspectivas.
por Pamela Tapia S. / Fotografía Patricio Salfate T.
Las aulas de la Universidad Católica del Norte de Coquimbo son su segundo hogar y, sus alumnos los hijos que nunca tuvo. Carismática, de trato amable y cordial, desde su puesto de trabajo,nos abre las puertas de su mundo, aquel que con el transcurso de los años la ha transformado en una férrea defensora del rol de la mujer en los tiempos modernos.
Para Anna o Anita, como la conocen en Chile, su tarea ha ido mucho más allá de formar a otros en la religión. “Llegué a este país muy joven, venciendo todos mis miedos y temores. Me encantaba trabajar con la gente como misionera en una comunidad religiosa, pero la verdad es que no calzaba dentro de ese esquema porque soy medio contestataria, entonces me independicé e hice mi vida aparte”.
Terminó sus estudios de secundaria en Santiago y más tarde se tituló como profesora normalista. Vivió un año en Bélgica, donde estudió licenciatura en teología. “De regreso en Chile y dada la situación que acontecía con la dictadura, las cosas se hicieron más difíciles para regresar a Europa y me quedé estudiando en la Universidad Católica de Chile y en la Católica de Valparaíso.
Tiempo después, me ofrecieron trabajar en la Universidad Católica del Norte en Coquimbo”, recuerda Anna.
Los treinta y seis años de docencia como académica del Departamento de Teología de esta universidad, no le han bastado para saciar sus deseos de aportar al conocimiento. La investigación ha sido el remedio que, constantemente, la impulsa a crear valiosos trabajos. Cuenta con una extensa trayectoria en diversos temas que tienen como interés central el rol de la mujer, en los distintos ámbitos en los que se desenvuelve.
El primero de sus trabajos fue el libro Armonía entre hombre y mujer: un largo camino, el que, según indica, es una forma de contribuir al desarrollo de los estudios sobre la mujer, enmarcándose en este proceso de cambio que afecta especialmente las relaciones hombre-mujer.
¿Qué temas se abordan en este texto?
Se tratan temáticas complejas y profundas, como el largo camino que ha tenido que llevar a cabo la mujer hacia la liberación; la mujer en Grecia y Roma, la mujer en la Edad Media y en la Revolución Francesa. Por supuesto, la mujer en la sociedad chilena, en la Biblia y en la Iglesia. Y muchos más tópicos que ameritan su lectura.
¿A dónde quiere llegar con esta publicación?
La verdad es que siempre pensé en ser un aporte en la materia, contribuir a que hombres y mujeres aprendan a valorarse mutuamente y a reconocer que nadie es superior a nadie y que la historia se construye en base a la diversidad.
¿Y de qué se trata su segunda publicación?
Pueblos originarios, como se denomina el estudio, profundiza en la persistencia que estos pueblos tuvieron de una visión del mundo que no logró ser ahogada, ni totalmente olvidada por la imposición de la cultura occidental dominante. En sus noventa páginas aborda temas como la ubicación geográfica de los pueblos originarios de Chile, la figura del conquistador, el pueblo andino y su cosmovisión, la producción de bienes y la crianza de la vida los mapuches.
TRABAJAR EN SINTONÍA
Sin duda, sus escritos reafirman su postura frente al rol de la mujer moderna. Desde su experiencia, habla de una sociedad con poca capacidad de reconocerse y valorarse el uno al otro. La mujer, tras la liberación masculina, aquella que después de años de lucha sigue dando la batalla ante las aún existentes desigualdades, es el tema sobre el cual disfruta hablar y con el que espera continuar contribuyendo.
¿Qué opinión tiene del rol actual de la mujer?
Creo que en la sociedad civil se ha avanzado bastante. La mujer tiene más personalidad y menos miedo de decir su palabra. Sin embargo, en algunos ámbitos como la Iglesia, la situación es inamovible, puesto que, al interior de dicha estructura orgánica, no hay ningún rol que considere a la mujer con los mismos derechos que tiene el hombre. La mujer hace muchas tareas, pero en el campo de las decisiones participa muy poco, por no decir nada. Por otro lado, se sigue con el problema de la violencia contra la mujer, hemos demostrado que somos diferentes, pero no inferiores al género masculino. Pienso que ha faltado una formación para el hombre, aunque los jóvenes tienen un poco más arraigado este pensamiento. Falta superar el machismo y, esto, es un gran desafío para la sociedad actual. Debe ser un trabajo en sintonía entre la familia, la escuela y el Estado.
¿Y cómo le gustaría ver a la mujer de hoy?
Me gustaría que tuviese las mismas oportunidades que el hombre y que se le pagara el mismo sueldo por tareas iguales, cosa que no se da en la actualidad. La liberación de la mujer, no significa que deba imitar el modelo masculino, simplemente se trata de sentirse muy orgullosa de ser mujer.
MUJER MAPUCHE
Para la investigadora, las brechas entre ambos géneros se hacen más palpables cuando se trata de mujeres originarias. En este contexto, Anna ha iniciado otra investigación referida a la mujer mapuche y a su rol en la comunidad, para muchos, un modelo desconocido.
¿Considera que existe poco conocimiento sobre la mujer mapuche?
La mayoría hemos sido formados en una cultura que, por siglos, fue escrita y transmitida por hombres y para los hombres. En ese sentido, la mujer mapuche no ha quedado ajena a esta realidad. Quienes han escrito sobre ellas, precisamente, no son los mapuches, sino que los cronistas e historiadores europeos, que miraron a estas mujeres con mentalidad europea, dejándolas más bien invisibilizadas como actrices relevantes y constructoras de la historia.
¿Su trabajo es una reivindicación hacia ellas?
Creo que sí. Por años fueron tratados como pueblo subdesarrollado, sin embargo, gozan de una cultura y de una riqueza impensable y desconocida. Durante siglos se ha afirmado que este pueblo no conocía la escritura y, por lo tanto, tampoco la lectura, por ende, la transmisión cultural se hacía solo vía oral. También se ha dicho que eran los hombres mapuches los que ostentaban las posiciones de poder al interior de sus comunidades y del entramado social.
¿Y qué ha descubierto con estas investigaciones?
Cosas maravillosas, por ejemplo, que los mapuches tenían la escritura a través del telar. Es decir, la mujer mapuche tejía ponchos para determinada persona, por lo que cada prenda llevaba impresa, a través de los colores y diseños, una completa descripción de la persona que lo recibía. Yo lo encontré realmente precioso, pero no ha sido valorado. De hecho, los escolares no tienen idea de esto. De ahí que mi estudio se base en develar el cómo era la mujer mapuche antes de la llegada de los españoles y luego, con su conquista, cuáles fueron los cambios que debieron incorporar. Por último, cuál es la situación actual de los mapuches, en especial, el de la mujer.
¿Qué rescata de esas conversaciones tan íntimas?
Lo que más me gustó es que ellas se sienten orgullosas de lo que son, de su raza y tradición. Creo que si uno no es orgulloso de lo que es, nunca va a poder construir un futuro seguro. Y estas mujeres créanme que lo son. Por un lado, ellas se aferran a su cultura, pero por otro, ellas ven cómo se ha ido destruyendo y cómo se sigue haciendo daño a lo que sienten les pertenece. Creo que uno de los grandes problemas de Chile es que nunca, ningún gobierno, ha abordado a fondo la situación de los mapuches.
¿Contenta con lo que ha hecho?
Soy una mujer feliz porque he tenido buenas oportunidades en la vida, con buena salud y trabajo estable. Considero un regalo de Dios —en una sociedad difícil— no saber, por ejemplo, lo que significa tener depresión. Mi vida es tranquila, me levanto muy temprano para venirme a la universidad porque me gusta tener clases en el primer bloque y para luego, dedicarme a la investigación. El tiempo restante, lo distribuyo en impartir clases de italiano, en las manualidades y el jardín.
¿Se arrepintió alguna vez de venirse a Chile?
No, de hecho cada dos años voy a Italia a visitar a la familia. Cuando salgo de Chile, lo hago con un pasaje de regreso, porque no me acostumbro en mi país natal, pese a ser mi tierra amada. Me vuelvo loca si pienso que no puedo volver al lugar que por años ha sido mi hogar
“Por un lado, ellas (mujeres mapuches) se aferran a su cultura, pero por otro, ven cómo se ha ido destruyendo y cómo se sigue haciendo daño a lo que sienten les pertenece. Creo que uno de los grandes problemas de Chile es que nunca, ningún gobierno, ha abordado a fondo la situación de los mapuches”.