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EDICIÓN | Mayo 2014

Una ciudad con memoria

Por Marcelo Molina Schwarzenberg Arquitecto R8 HCHR marcelo.molina@r8.cl - www.r8.cl
Una ciudad con memoria
La memoria de la ciudad se construye día a día, a partir de bloques que se originan en la memoria racional, en la memoria emotiva, la memoria biológica, genética, universal, cultural e histórica. Una memoria plural, colectiva, de todos… Una memoria urbana, corpórea e incorpórea que hoy también se virtualiza y fluye por la red.
Saber ver la ciudad, saber entender y conectarse con lo que es y se es, con lo que subyace, con lo que coexiste inadvertido tras un velo de cotidianidad… Saber ver la ciudad es vivirla plenamente, con su diversidad, con su territorio, con su complejidad, con su historia, su tiempo y espacio… La ciudad es como un crisol que funde tiempo pasado, presente y futuro. Tiempo que se desfragmenta, se desliga y se muestra simultáneamente ante nuestros ojos, si es que se la sabe observar, escuchar y sentir.
 
La ciudad es memoria, y como ella posee esa maravillosa cualidad de existir “ahora” en estos tres estados temporales, que cuando los situamos en una línea convencional parecieran imposibles de vincular. Por eso en R8 HCHR entendemos la ciudad como un hecho y un fenómeno cultural multidimensional. Con estas palabras, al inicio de esta segunda columna, quiero provocar y mover al lector a la reflexión. A preguntarse qué tanto conoce su ciudad y, de paso, indirectamente, qué tanto se conoce a sí mismo, ya que si es consciente de su rol ciudadano, puede escoger el formar parte activa de esta gran memoria que, quiéralo o no, será heredada a sus hijos.
 
La memoria, esta memoria, persiste aún después de nuestra propia existencia. Independiente, única y absoluta, resistente a los embates del tiempo y sus tecnologías, a las modas pasajeras, a los desastres, a los ciclos económicos, a los gobiernos e, incluso, a las generaciones, pero toma ciertas cosas de cada uno de ellos. ¿Cuál es esta memoria?, y es que, ¿acaso existe realmente?... La respuesta es un rotundo sí, la memoria de la que hablo está escrita en la ciudad y se construye, día a día, a partir de bloques que se originan en la memoria racional, en la memoria emotiva, la memoria biológica, genética, universal, cultural e histórica. Una memoria plural, colectiva, de todos… Una memoria urbana, corpórea e incorpórea que hoy también se virtualiza y fluye por la red.
 
La arquitectura en su dimensión y la ciudad en su escala pueden ser aprehendidas por medio del análisis intelectual y de la sensación vivencial. Lo importante es que, en su conjunto, constituyen cultura, patrimonio, identidades y resistencias que alimentan esta memoria. Ambas, arquitectura y ciudad, son eslabones importantes de esta memoria colectiva que nos define y que nuestro patrimonio testimonia, refiere y reafirma. Sin embargo, la arquitectura ignorada de nuestra ciudad, desgastada y empobrecida, habla de nuestra propia y amplia pobreza. No nos engañemos al creer que porque hablamos de sustentabilidad, patrimonio e inclusividad, que parece ser la palabra del momento, estamos construyendo un desarrollo de verdad sustentable, inclusivo, y que mire al patrimonio como el valor que contribuya a esta memoria futura.
 
El concepto de imagen ciudad es interesante, pero tiene sus peligros cuando se la simplifica a la dimensión de un producto. Toda imagen es un constructo intelectual que nos hacemos respecto de algo. La memoria tiene que ver con ello, ya que tendemos a recordar más a través de la visualización de imágenes y experiencias.
 
Una ciudad sin memoria, según creo, es imposible de pensar; pero de lo que estoy cierto, es que, de existir, una ciudad sin memoria no tiene futuro alguno. La historia y la memoria son las bases fundamentales para comprender cómo debemos proyectarnos.
 
La resistencia al statu quo que nos detiene está instalada…
 

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