Líder por donde se la mire, Cecilia Ponce lleva la batuta en una institución que exige el compromiso de todos para ir en ayuda de las personas más vulnerables de nuestra sociedad.
Sin dudarlo, tomó las riendas del Hogar de Cristo en la Región del Biobío, luego del terremoto de 2010, en un momento en que estaba todo por hacer. Primero, levantar las comunidades afectadas, construyendo centros comunitarios que acogieran a los niños y a los adultos mayores. Además de preparar a los nuevos líderes que surgieron en forma espontánea después de la catástrofe, y que se mantienen hasta el día de hoy al frente de sus vecinos.
Ya pasada la primera necesidad, ahora la campaña nacional está dirigida a reclutar nuevos socios. Sus recursos irán a los programas establecidos del Hogar de Cristo.
Durante todo este tiempo, Cecilia Ponce ha estado al mando del batallón que, sin descanso, trabaja día a día en la lucha contra la pobreza.
SU CARRERA
Cecilia Ponce es trabajadora social, egresada de la Universidad de la Frontera, casada y madre de Agustín (8) y Simón (13). Tiene más de trece años de experiencia profesional, en el área de trabajo con grupos vulnerables. Diplomada en Ciencias Sociales Avanzadas y en Intervención Familiar, en la Universidad Católica de Chile, ha participado en calidad de becada en cursos de desarrollo y emprendimiento social en España y Latinoamérica. Actualmente, cursa un magíster de Comunicación Estratégica y Negocios, en la UDD.
Como parte de su desarrollo profesional, ha sido invitada a realizar pasantías en destacadas instituciones de trabajo social que operan en zonas pobres de Colombia, Bolivia y Guatemala.
Además, se ha desempeñado como coordinadora de proyectos, financiados por la Fundación Ford; fue gerente zona sur de Fondo Esperanza; y prestó asesoría en proyectos sociales y trabajo con personas con consumo problemático de alcohol y drogas, en el Arzobispado de Concepción.
¿Cuándo nace tu interés por el servicio a los demás?
Existe un escrito de Alberto Hurtado que caló hondo en mí, en la universidad, en mi forma de ver la vida y desarrollarme como mamá,profesional, trabajadora, en definitiva, como persona. El texto señala: “el hecho de nacer en este país, tan lleno de encantos, pero a la vez empapado de tantos problemas, me impulsa a dar gracias, pero también me hace enfrentar el gran desafío de hacerlo más justo, alegre y solidario. Puedo vivir en Chile en dos formas: mirando lo que quiero o me conviene ver, o abriendo los ojos a la realidad, de tal manera que no me deje indiferente frente a las dificultades de muchos chilenos como yo. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacerlo? No puedo quedarme en el diagnóstico, en la denuncia. Lo que siente mi corazón frente a las desigualdades es lo que tiene que mover mi acción”.
¿De ahí viene tu motivación para trabajar en el Hogar de Cristo?
Trabajar en el Hogar de Cristo significa una invitación constante e incansable a construir un país donde el bien común y la solidaridad son premisas centrales, porque superar la pobreza es un acto de justicia y una responsabilidad de todos. Trabajé como profesional voluntaria por un periodo y pude conocer historias de superación maravillosas, las que veo hasta el día de hoy en cada una de las personas que atendemos. Esa mirada, esa forma de proceder y vivir el trabajo, claramente coinciden con mi proyecto de vida, es el motivo por el que decidí estudiar Trabajo Social y poner mis talentos al servicio de una misión que trasciende mi desarrollo personal, pero que cobra sentido para la vida que quiero para mi familia y la comunidad.
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¿Qué fue lo que más te impresionó de la gente después del terremoto?
Su resiliencia, la capacidad de volver a levantarse. Particularmente de las personas más vulnerables, y de aquellas que se vieron más afectadas en el borde costero. Su fuerza y capacidad de rearmarse y organizarse como comunidad, en un proceso de reconstrucción difícil y largo, que involucró no solo la reconstrucción de sus viviendas, sino también la reconstrucción de sus vidas. También, fue impresionante la movilización de centenares de voluntarios jóvenes y adultos, que se volcaron a servir, llevando alegría, conversación y manos para avanzar en la entrega de alimentos, agua, y el levantamiento de mediaguas y centros comunitarios.
¿Cuáles son las tareas extras que conlleva tu cargo?
Un compromiso total, de cariño, afecto y respeto. Nos esforzarnos todos los días por acompañar con amor y dignidad a las personas que atendemos en cada uno de nuestros programas. Realizar un trabajo profesional con vínculo, que nos desafía a estar a la altura del servicio que nuestros acogidos se merecen. Es un privilegio acompañarlos en sus procesos de reparación y superación.
¿En qué consiste la campaña de socios de este año?
Estamos invitando a la comunidad a hacerse parte como el primer día. Hay que incentivar la solidaridad de cinco mil ochocientos nuevos socios para nuestra región, que se comprometan con la atención de las más de ocho mil personas que acogemos mensualmente y que viven en situación de pobreza y exclusión social.
Cecilia explica que esos aportes —en cuotas— constituyen más del cincuenta por ciento de los recursos que necesita el hogar para mantener sus obras. “Los socios hacen posible que esta gran obra perdure en el tiempo y que las personas en situación de pobreza de Chile tengan la esperanza de vivir en una sociedad que sepa respetar sus derechos, donde sean acogidos con dignidad y con el cariño que merecen”.
LA FAMILIA
¿Cómo logras cumplir con tu trabajo y tu familia?
Lo que hago es parte de mi vida, de mi proyecto, lo que elegí. Mi familia me acompaña. Mis hijos saben y conocen mi trabajo. Para mí es clave que ellos conozcan dónde estoy durante el día, quiénes son mis compañeros de trabajo y que, por sobre todo, conozcan a aquellas personas para quienes trabajo: adultos mayores, personas en situación de calle, niños y niñas, distintos rostros que queremos acompañar y ayudar. Sin duda que a veces el tiempo se hace corto y quisiéramos que el día fuera más largo, y que todo estuviera equilibrado, sin embargo, la vida no está hecha de equilibrio, y no siempre logramos cumplir en todo. Pero si tienes una familia que te ama profundamente, una pareja que te acompaña e hijos que gozan con tus logros y esfuerzos, para lo cuales tiene sentido lo que haces, lo logras.
¿Qué quisieras transmitirles a tus hijos para su vida?
Un profundo amor por la vida y por los demás, que crezcan en libertad, que desarrollen sus talentos, que sean felices, que se conmuevan y movilicen por los dolores humanos y que no dejen de soñar y trabajar con una mirada de bien común, utilizando al máximo sus capacidades. Estamos aquí para vivir plenamente y dejar huella; y, por supuesto, que siempre estaré con ellos en su corazón y su historia.