Como reflejo de la importancia histórica de la antigua provincia en que se asienta, la Corte de Apelaciones de Concepción ha sido cabeza, durante ya más de un siglo y medio, de un extenso territorio jurisdiccional. Su autoridad, ejercida con prudencia y buen criterio jurídico, ha permitido dar solución —normalmente— definitiva a miles de disputas. Ha contribuido, de esta forma, a la paz social y al progreso de la región.
Sus orígenes se remontan mucho más atrás en el tiempo; a los días en que Chile surgía como reino, bajo el influjo de la Corona española. La primera Real Audiencia, que concentraba el gobierno político, militar y judicial del reino, instalada en Penco, en 1565, es su antecedente remoto. También lo es de la Corte Suprema de Justicia. A pesar de su corta vida, el común antepasado que representa, dignifica la magistratura penquista.
La ciudad de Concepción, como capital de la provincia, sede de la Intendencia y hoy del Gobierno Regional, ha acogido la actividad de la Corte y se ha beneficiado de ella. Cuando la ciudad se recomponía de los estragos de la Guerra a Muerte y del gran terremoto de 1835, llamado “La Ruina”, e iniciaba un nuevo ciclo de desarrollo, surge la necesidad de instalar un tribunal superior. Así se resuelve, en 1845, para La Serena y para esta ciudad, las capitales de las provincias del Norte y del Sur y que, en base a la riqueza minera, la primera, y al trigo, la segunda, experimentaban un creciente progreso.
La Corte se instala, efectivamente, en 1849, en circunstancias políticas bastante críticas, las que, sin embargo, no impidieron su regular funcionamiento. Al amparo e impulsados por el alto tribunal, se desarrollan los estudios jurídicos en la ciudad. Por muchos años, la judicatura y la enseñanza del Derecho, potenciadas recíprocamente, han sido dimensiones señeras de la profesión jurídica, que han prestigiado a Concepción.
Durante los años, decenas de ministros, fiscales, relatores y funcionarios han cumplido una labor abnegada, en aras de la misión jurisdiccional que impulsa a la Corte. Muchos de ellos han traído al tribunal la experiencia y la sabiduría acumulada en años de trabajo, en esta o en otras jurisdicciones. Un número apreciable de ministros ha ocupado luego un sitial en la Corte Suprema, llegando, incluso, a presidirla. De esta manera, el foro y la magistratura penquista han contribuido a la paz social, a través de la resolución judicial de las disputas, que evita la violencia y realiza el ideal de la justicia.