Tiene treinta y tres años, una gran sonrisa en su cara, y unos ojos azules que deslumbran; en ellos ni rastros de tristeza, sino la felicidad de haber aprendido que de las malas experiencias siempre hay algo bueno que reciclar, y entregar a los demás. Rancagüina de toda la vida, siempre supo que lo suyo era el cuidado de los demás. Natalia estudió enfermería en Pontificia Universidad Católica de Chile. Entró a seguir esta carrera sin saber lo que con los años le depararía la vida.
En Santiago conoció a su marido –Sebastián Sánchez, médico oftalmólogo-. Juntos decidieron venirse a Rancagua a trabajar con el fin de juntar dinero para ir al extranjero a especializarse. Trabajaron en una reconocida clínica de la ciudad, hasta que nació su primer hijo, Diego (5). Recientemente tienen a Maite de un año. Con Diego de sólo un mes, partieron —el 2008— a México, al DF, para que Sebastián estudiara oftalmología. Estando allá, la madre de Natalia, enfermó.
¿Qué le pasó a tu madre?
Empezó con problemas de lenguaje y le encontraron un tumor cerebral. Me vine de inmediato a Chile con mi guagua. Empecé a viajar cada dos meses. Cada viaje era una nueva cirugía. Hasta que los médicos nos dijeron que el tumor estaba ubicado en un área que era imposible de extirpar y que existían.
¿Cuál fue el tratamiento?
Nos ofrecieron quimioterapia y radioterapia y una duración de vida de máximo un año.
¿Qué hiciste?
Le hicimos el tratamiento, se me vino el mundo encima, y aguantó once meses.
MORIR EN CASA
Natalia hospitalizó a su madre en la Clínica de la Universidad Católica, se fue a México y dos días después de llegar, la llaman para decirle que estaba muy grave y en la UCI. La enfermera que cuidó de su madre fue Leyla Alegría, amigas de la universidad y hoy además socias.
¿Tu mamá estaba consciente?
Sí, y sus últimas palabras fueron que no quería morir en un hospital. Cuando ya no hablaba me lo pedía con los ojos. Dejó todo listo, quería flores blancas, en fin…
¿Qué puede hacer una enfermera cuando una mujer a punto de morir pide irse a casa?
Esa es la diferencia entre nosotras y los médicos. Nosotras somos cuidadoras y psicólogas. Uno sufre con los pacientes, conocemos las historias, las familias… el médico se salta esa parte.
¿Qué hiciste con tu madre?
Cumplir su sueño. No existe en Chile ningún lugar que te permita mantener a un enfermo terminal en su casa, hay buenos hospitales, y tratamientos paliativos pero que se hacen ahí mismo…Para poder llevarte a un enfermo terminal a su casa, tienes que tener equipamiento, cama, doctores, enfermeras, psicólogos, un auxiliar las veinticuatro horas al día...Nada de eso me importó, logré estabilizarla y como no me la podía llevar a Rancagua arrendé por tres meses un departamento en Santiago, lo decoré con todas las cosas de su casa y me conseguí lo básico: cama, balón de oxígeno, auxiliar día y noche, caja de medicamentos, enfermera — porque yo no podía encargarme, mi corazón no me lo permitía— y hasta sicólogo.
¿Por qué no traértela a Rancagua?
Fue en ese minuto que con Leyla descubrimos que en Rancagua no existe ninguna empresa que otorgue los servicios paliativos de un paciente terminal que quiere morir en su casa.
NO HAY IMPOSIBLE
Luego del funeral al cual alcanzó a llegar su marido, la familia se trasladó nuevamente a México pues aún faltaba un año para que Sebastián terminara su beca.
¿Cómo es la salud en México?
Pésima. Nosotros nos quejamos, pero allá las poblaciones no tienen ni agua potable.
¿Y Rancagua cómo está dentro de Chile?
Se está creando un hospital de lujo que me atrevería decir que será el mejor a nivel latinoamericano. El tema no es la infraestructura, es la falta de especialistas.
¿Una historia?
Me tocó hacer la práctica en la Posta Central, y una vez llegó un paciente que se había quemado a lo bonzo completo. Llegó la mamá llorando, el señor no tenía previsión, el médico de turno estaba operando. Estuvo horas esperando en urgencia por atención, y ahí está uno, tratando de calmar el dolor, apoyando. Yo soy enfermera de pabellón y recuerdo a un niño que tenía leucemia y estábamos operándolo, su madre lloraba y lloraba, y su padre tenía una mascarilla. Le pregunté por qué, me dijo que tenía cáncer... Nosotras intentamos hacer que lo imposible se transforme en posible.
PRIMEROS AUXILIOS
Un año y medio después de la muerte de su madre, el padre de Natalia viajó a Brasil a ver a su hijo. Allí le dio un infarto, alcanzó a llegar consciente al hospital, lo operaron y no resistió, fue otro trauma para esta joven enfermera, pero no el único. Ya quedando solo dos meses de vida en México, Natalia y su marido viajaron a Chile invitados al matrimonio de unos amigos. Compartiendo un asado familiar, una de sus cuñadas se echó un pedazo de carne en la boca y empezó a ahogarse. Todo lo anterior y una vez de vuelta en Rancagua, hizo que Natalia pensara en crear su propia empresa de cuidados paliativos en el hogar y de primeros auxilios a todo el que quiera aprender: We Care (www. wecare.cl, 9-6779 2301)
¿Qué pasó con tu cuñada?
Mi marido empezó a hacer las maniobras para tratar de sacar el pedazo, y yo por otro lado con las manos intentando llegar a su garganta...pero comenzó a perder tono, se empezó a poner azul, y a desmayarse, y no podíamos hacer nada. Entonces la pusimos en el suelo, llamamos a la ambulancia y cuando estábamos por empezar a hacer la reanimación, saltó el trozo de carne.
Si tú como enfermera o tu marido como médico no hubiesen estado, ¿Qué crees que hubiese pasado con tu cuñada?
Se muere. Porque la gente ante este tipo de cosas no reacciona, no saben qué hacer. La reanimación ayuda a que el corazón siga bombeando sangre por mientras que llega la ambulancia. Sin reanimación, el corazón simplemente se paraliza. Los primeros auxilios son un básico en la vida de las personas. Debiese haber un curso en todos los colegio, en todas las empresas, en todos los trabajos, que enseñe a qué hacer cuando una persona está en riesgo de muerte.
Y creaste “We Care” en Rancagua...
Llegué a radicarme a Rancagua hace un año y medio, aquí nació mi hija Maite y me dediqué a ella. Hasta que hace unos meses decidí que tenía que hacer algo, que todo lo que me había pasado, todas esas experiencias no pudieron ser en vano, y llamé a Leyla, somos como hermanas, conversamos y emprendimos este viaje juntas. Ella es especialista en pacientes de cuidados críticos y trabaja como enferma de investigación en la escuela de medicina de la PUC. Además posee un magíster en Epidemiología. Por mi parte soy enfermera matrona de la PUC, tengo un magíster en Administración y Gestión de Salud y ambas tenemos la certificación de la “American Heart Asociation” en Entrenamiento Soporte Vital Básico.
¿De qué se trata la empresa?
Lo que nosotras vimos es que hay escases en capacitaciones para la prevención, es decir la gente no sabe de primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar. Nosotras queremos que todas las personas puedan obtener estos conocimientos primordiales que muchas veces salvan vidas. Esta es una arista de la empresa y va enfocada a lo más básico, desde qué hacer si un perro muerde a alguien, o a tu hijo le picó un insecto, o se quemó con el agua del hervidor; hasta conocer las técnicas para reanimar a un niño que se cayó a la piscina, que puso los dedos en el enchufe, o que le da un infarto. La otra línea son los cuidados paliativos y alivio del dolor en el hogar, que es hacer lo mismo que yo hice con mi mamá, dejar que los enfermos terminales vivan sus últimos días tranquilos, pero con todo lo necesario, en sus casas.
¿Cualquiera puede tomar un curso de primeros auxilios?
Sí. La idea es que si lo que quieres, nos llamas y vamos a tu casa a prepararte tanto en lo teórico como en lo práctico. Te ayudamos, te explicamos y practicamos la reanimación en lactantes, en niños y adultos. También enseñamos la técnica de Heimlich, que ayuda a expulsar un cuerpo extraño que está causando un ahogo.
¿Por qué crear una empresa de servicios que al parecer poco importan en lo general?
Porque importan muchísimo, hay que cambiar la cultura en Chile. Y más que nada porque siento que se lo debo a mi mamá. Si uno hiciese una encuesta te aseguro que el ciento por ciento de las personas que están en un hospital muriéndose, quisieran estar en sus casas, aunque el tiempo de vida se les acorte, estar en casa, con la familia, sin que te molesten cada media hora para tomarte la temperatura o la presión, con gente desconocida, es lo mejor que le puede pasar a un enfermo terminal. Y la gente que lo ha vivido lo sabe, esto no es un negocio, es un tema de dignidad.