Todos los conflictos que siguieron después de esta ofensiva no han sido más que el “telón de fondo” para el arte contemporáneo. Así es posible comprender los profundos cambios que han significado las diversas manifestaciones del arte en la humanidad. Y si consideramos que el arte tiene la capacidad de cambiar el espíritu de las personas, quizás podamos entender mejor lo que nos está sucediendo a nosotros mismos y a la sociedad.
Vemos en las noticias que las guerras de hoy no son ya más enfrentamientos entre ejércitos y banderas; vemos imágenes de conflictos entre civiles, cada vez en grados más incisivos y trágicos, por su dolor y violencia.
“Una guerra civil no es una guerra, sino una enfermedad”, escribió Antoine de Saint-Exupéry. “El enemigo es interior, lucha uno casi contra sí mismo”.
¿Acaso no es este “conflicto interior” el que se nos manifiesta en el arte coetáneo? André Malraux, contemporáneo y coterráneo de nuestro citado anterior, declaró al finalizar la Segunda Guerra Mundial: “El siglo XXI será espiritual o no será”.