La escasez hídrica que amenaza con no abandonar la zona norte de nuestro país, está obligándonos a pensar en la necesidad de aprovechar mejor este recurso. En paisajismo, crear plazas y jardines que recuperen la presencia de la flora nativa y que requiere de una mínima cantidad de agua para mostrar todo su esplendor, están marcando una clara tendencia. Árboles de espino, quillayes, algarrobos o arbustos como el lucumillo (especie endémica de la región de Coquimbo) y los cerca de cien tipos de cactus chilenos, se vuelven hoy una real alternativa para dar belleza y atractivo turístico a nuestras ciudades y jardines.
Así lo reafirma la curadora del herbario del Departamento de Biología de la Universidad de La Serena (ULS) y experta botánica, profesora Gina Arancio, y agrega que falta mucho conocimiento de las personas sobre el cuidado y respeto por estas especies. “Hay personas que sacan los cactus del cerro y no saben cuidarlos. A los dos o tres años se les mueren por pudrición”.
GUARDIANES DEL ECOSISTEMA
El desconocimiento de sus virtudes medicinales y rol en el ecosistema, mantiene la conducta de arrasar con esta flora autóctona cuando los terrenos del Estado se vuelven propiedad privada. A juicio de Gina, es importante avanzar en la conciencia de la conservación y aprender a tener planes de manejo para su traslado en vez de optar por su destrucción.
¿Qué beneficio tienen los cactus para el ecosistema?
Tienen una importancia ecológica, porque están cubriendo un paisaje. Es el caso de las Eulychnias o los Echinopsis en nuestro valle; también, porque sus frutos forman parte de la cadena alimenticia de aves, reptiles y roedores. Son refugio para algunas plantas y animales; mientras que otros, como los lagartos, los usan como un medio para comerse a los insectos polinizadores que llegan a sus flores.
La experta lamenta que investigadores de otros países se lleven nuestro material genético y luego patenten flores que se obtuvieron de semillas nativas, como ocurrió, por ejemplo, en Holanda con un híbrido obtenido de nuestra alstroemeria silvestre. O el reciente caso de un hombre sorprendido cerca del Tololo que venía colectando semillas de cactus autóctonos de Chile y de Perú para los japoneses. “Es urgente que las autoridades legislen para detener la fuga de nuestro germoplasma y nosotros investigar los potenciales usos medicinales, antisépticos, pesticidas, etc. de los cactus”.
Tenemos un patrimonio natural invaluable que necesita ser estudiado y protegido. Así lo hicieron los profesores de la ULS Gina Arancio y Raúl Moreno, que apoyados por el laboratorio de ingeniería en alimentos de esta universidad, identificaron las cualidades medicinales del copao. Determinaron que gracias a sus altos niveles de saponinas era beneficioso para el sistema cardiovascular y que superaba en diez veces la cantidad de vitamina C del kiwi, la fruta con mayor cantidad de esta vitamina hasta ese momento.
¿Qué potencial tiene incluir la flora nativa en el paisajismo?
Potenciar el turismo. Sería una riqueza para los nacionales y extranjeros que nos visitan, pues ellos están ávidos de conocer la vegetación típica de los lugares que visitan. Y las municipalidades ahorrarían mucha agua.
PATRIMONIO NATURAL
Comencemos con algunas especies. El cactus del copao (Eulychnia ácida), es una planta de forma columnar con un solo tronco, que da un jugoso fruto ácido en sus ramas prominentes, en medio de espinas abundantes y extensas; presente en la tercera y cuarta región en zonas tan distintas como el Valle de Elqui o la costa cercana a Totoralillo.
Otros de forma columnar que dan fruto y que también se encuentran en nuestro país son el Echinopsis littoralis y el Echinopsis atacamensis, aunque su fruto es más dulce y seco que el fruto del copao. También de fruto ácido es el Miqueliopuntia miquelii o tunilla, que a juicio de la botánica de la ULS “es un fruto muy importante que debería analizarse”.
Entre los cactus chilenos de forma globular o sandillón, se encuentran el llamado asiento de suegra (Eriosyce aurata), hoy en estado de vulnerabilidad y bajo protección; el Copiapoa cinerea, que se caracteriza por crecer con sus cabezas mirando hacia el norte, cada una muy cerca de la otra como si se hubiesen reunido veinte cactus en uno solo; la oveja echada (Cyliondropuntia tunicata), de blancas espinas pegajosas; y el Copiapoa coquimbana.
“Estos cactus pueden tener cientos de años y medir algo más que un metro de altura, a diferencia de los cactus de forma columnar que tienen rápido crecimiento en forma vegetativa”, explica Arancio.
La reproducción de los cactus columnares se realiza con éxito tan solo enterrando una rama; no obstante, es más difícil con aquellos de forma de sandillones, que tienen mejores resultados a través de la germinación de sus semillas.
En general, se recomienda regar muy poco los cactus, debido a que sus estructuras tienen la facilidad de captar la humedad de ambiente. Desde sus espinas cae el agua a las raíces y para evitar pérdida de humedad, estas plantas abren sus estomas por la noche. Así, dependiendo del lugar que ocupe en el jardín o el interior de las habitaciones (con más o menos radiación solar), se sugiere regar una vez a la semana en verano y una vez al mes en invierno. Además, siempre deben estar en suelos con excelente drenaje, es decir, arenosos y con material calcáreo.
CACTUS DEL MUNDO
Quisimos indagar cómo se está abordando la reproducción de cactus autóctonos e introducidos en los viveros y para ello visitamos el cactario Valencia. Avecindados hace siete años en el Valle de Elqui, intentaron reproducir los cactus del hábitat y complementar con ellos la colección de cactus introducidos que ya habían logrado reproducir en la Región Metropolitana. No obstante, vieron que la tarea era mucho más compleja, sobre todo si se quería tener cactus asequibles a todo público.
Cuentan con un dos por ciento de cactus chilenos a la venta, siendo el resto cactus originarios de México, Sudáfrica y de Sudamérica. Son cerca de mil especies, pero con un potencial de llegar a cuatro mil en el futuro, si se considera, también, la reproducción que se hace a través de las semillas traídas de Alemania, explica Raúl Sepúlveda, de cactario Valencia.
Al visitar este vivero nos sorprende la diversidad. Espinas amarillas, blancas, rojas, verdes, gruesas, finísimas, cortas, largas, escasas o abundantes; cactus de formas columnares o globulares; de escasos centímetros o de tamaños cercanos a los dos metros; especies con flores blancas, amarillas, rosadas, naranjas; ornamentales, medicinales y hasta algunos con poderes alucinógenos. Toda una maravilla de la naturaleza, estas plantas xerófitas que premian la paciencia con la aparición casi “milagrosa” de sus espectaculares flores.
Muchas de estas especies también las encontramos en la colección personal del paisajista y ceramista Cristián Herrera. “Hay una tendencia que se está generando cada vez más hacia el uso de los cactus en la decoración y el paisajismo, por la necesidad del cuidado del agua, por su gran variedad y maravillosas flores. Además, su cuidado es relativamente simple”. En su jardín, vemos cómo se destacan estas plantas con la incorporación de las cerámicas como elemento decorativo.
A su juicio, para lograr un lindo diseño con cactus en casa hay que observar la naturaleza. Los cactus están en entornos rodeados de rocas o minerales. Es importante cobijarlos y hacer espacios en casa que incluyan principalmente estos elementos”.
Se están plantando en exteriores, combinados con áridos y otras plantas de poco riego, como suculentas o rastreras; también en interiores sobre macetas de cerámicas o fuentes de vidrio que se combinan con arena de colores o conchuela. Ya están en hoteles y restoranes y, quizás en un futuro cercano, pueda haber un espacio dedicado a estas especies en cada plaza de nuestro país, como sueñan los amantes de los cactus.