Si tuviese la posibilidad de estar frente a un cuadro que admira, este sería El entierro del Conde de Orgaz, del Greco. Y si pudiese visitar un museo en Europa, el primero de su lista es el de Dalí, en Madrid. Amante de la pintura, la música y la literatura, Claudia Pérez (27), desde pequeña, se devoraba los libros de arte y afirmaba con devoción que quería ser artista. A los doce años, por primera vez, pintó óleo en el colegio y desde entonces, no dejó de hacerlo.
Al egresar de cuarto medio, quedó seleccionada en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Se matriculó, pero el primer día de clases solo fue para renunciar. “Esto puede sonar muy inconsecuente, pero estar sola en Santiago, me dio pánico. Siempre viví junto a mi familia en La Serena y estaba acostumbrada a estar en mi casa… en mi mundo de la pintura”, comenta Clodin.
Decidió estudiar derecho en la Universidad Católica del Norte, pero al segundo año, convencida de que esto no era lo suyo, se retiró. El motivo de esta deserción es que no le quedaba tiempo para pintar y fue una tortura, el no poder plasmar las ideas en sus añorados cuadros. Su vocación artística fue, sin duda, mucho más fuerte y sus ansias por sentarse frente a un atril con pincel en mano, dieron libertad a una inspiración dedicada única y exclusivamente a la pintura.
¿Cómo aprendes a pintar, entonces?
Ser autodidacta es un término discutible, porque no he aprendido a pintar completamente sola. No fui a la universidad, pero estudié los libros de grandes maestros, aprendí de videos con técnicas de pintura; del contacto con otros artistas e incluso de los alumnos.
¿Te pesa el no haber continuado tu carrera en el Bellas Artes?
A veces pienso que sí, porque mi aprendizaje ha sido a través de la práctica... equivocándome, pero también creo que el no haber contado con varios guías o académicos, me ha permitido ser más espontánea y auténtica en mi propuesta artística.
¿Y cuál es tu propuesta?
Trabajo en base a fotografías, pero con bastantes modificaciones. Esa pintura de mi hermano menor (muestra un cuadro de gran formato) es una foto en la que incorporé otros elementos que son surrealistas. Mi finalidad no es el hiperrealismo, como el de Claudio Bravo. Lo mío no es la copia exacta de la realidad.
¿Hace cuánto tiempo te dedicas por completo a la pintura?
Desde el 2007 y hace dos años tengo este taller. Lo hizo mi marido que es constructor civil. Aquí paso gran parte del día; como aún no tengo hijos, me es más fácil dedicarme a la pintura. Este es mi mundo.
¿Y también, tu trabajo?
Así es. Hoy, tengo un método de trabajo, con horarios. Hago varias pinturas de manera paralela. Si siento que no avanzo con un cuadro, lo dejo y hago una escultura u otra pintura.
¿Hiciste un curso de escultura?
El año pasado asistí al taller de Any Rodríguez. Fue una experiencia muy enriquecedora en varios aspectos, me sirvió no solo para esculpir, sino para aprender técnicas que se aplican al dibujo.
PINTURA PERSONAL
En el 2009, Clodin hizo su primera exposición individual en la galería ARTECO, en Coquimbo. Luego en la galería MUNDART, en el barrio de Bellas Artes y, más tarde, en la galería de arte Mundo Caballo, en el Valle de Elqui. Este año, participó en una muestra colectiva organizada por el Centro de Extensión de la ULS y hace muy poco; en el Museo Gabriel González Videla de La Serena.
Hace dos años, algunas de sus obras fueron publicadas en el International Contemporary Artists, un volumen de publicación griega y distribuida en galerías y museos de Estado Unidos y Europa.
Su próximo proyecto es reunir cerca de quince pinturas de su familia y amigos, para exponerlas a mediados del 2014. En su taller ya tiene varias y, en la mayoría, es ella quien aparece retratada en diferentes facetas.
No debe ser fácil retratarse
Lo hago por varias razones. Es el modelo que tengo más a la mano, me conozco mejor y creo que mi propia imagen representa lo que quiero transmitir. En el arte lo más importante es ser honesto y yo pinto mi verdad, lo que vivo y siento. Mi pintura es muy personal, por eso me gusta retratarme o pintar a mi marido, a mis padres o amigos. Tiene que ver con procesos intrínsecos.
¿Te dedicas también a hacer clases?
Tengo alumnos desde los ocho hasta los setenta años. Hago clases en mi taller, una vez a la semana. El diálogo sobre el arte, es lo que más me apasiona de enseñar, así como también el aprender de mis alumnos.
¿Qué buscas transmitir con tus pinturas?
La recompensa mayor está en provocar diferentes emociones en las personas. No me gusta explicar mis pinturas, lo que busco es que la gente pueda sentirla, que sus ojos se iluminen cuando observan mis cuadros y que la interpreten desde su punto de vista.
¿Qué sientes cuando pintas?
Es como si desapareciera. No siento hambre, ni sueño, no existen los problemas... ¡me encanta estar en mi taller! Tengo claro que voy a pintar siempre.