¿Sabe usted cuántos niños pudieron vivir luego de caerse a una piscina si alguien hubiese sabido cómo hacerle una simple reanimación? ¿O cómo actuar frente a un niño que se quema con el agua de un hervidor, o de una persona que se está ahogando con un pedazo de carne, u otra que está teniendo un infarto? No hay que ser médico para salvar vidas, sólo hay que saber lo básico. Si no lo sabe, lea esta entrevista. Aquí la historia de Natalia.
Así se ve este lago al amanecer y por casi todo el día. Como una taza de leche en donde lo único que perturba la paz y tranquilidad del lugar son los ruidos de unos patos silvestres y las hojas de los árboles autóctonos cuando el viento los despierta.