Son únicos, irrepetibles, tridimensionales y ecológicos. A simple vista, enigmáticos y con una insinuante expresión de misterio. Pulcritud, delicadeza, meticulosidad y mucha paciencia es lo que aplica esta licenciada en arte y diseño en cada una de sus esculturas, con cuerpos y rostros que a nadie dejan indiferente.
Un mes se demoró mi abuelo en llegar. El puerto de Génova fue el lugar para la despedida; América el destino final. Desde el Mediterráneo se embarcó junto a una vieja maleta que hoy es la mesa de centro del living de mi tía en Chile. Un baúl que guarda los secretos, sueños e ilusiones de uno de tantos italianos que escaparon de la Segunda Guerra Mundial, para nunca volver. Lo que Angelo no imaginó fue que, a pesar de su temprana muerte, cada costumbre y receta que sembró en Chile le daría vida a un pequeño Levaggi al otro lado del mundo.