TELL VIÑA NOVIEMBRE 2018
38 tell. cl AMOLDAR LA ARCILLA “Siempre me gustó pintar y en Temuco dictaba clases, pero cuando llegué a Santiago, hace más de seis años, el maestro que yo tenía y que admiraba mucho, me dijo que no pintaba bien y me sugirió la escultura”, recuerda. Con toda humildad acogió el consejo y fue así como se enamoró del gres. ¿Qué fue lo que te gustó? La materialidad. El tocar. El hecho de que tú lo amoldes, se vuelve una pasión. Para mí es un vicio y una fuente de compañía. ¿En qué sentido el arte te acompaña? Llena mis espacios. Me acompaña mucho y me entretiene. Soy una mujer que tiene mucha fe, que cree que todo pasa por algo y que todo tiene su tiempo, y este es un tiempo para mí. Me puedo demorar tres semanas en hacer una escultura y eso tiene que ver con el momento y con la edad. Tiempo y paciencia, algo que parece escasear en estos días... Yo creo que el trabajo manual ahora está volviendo. Por una parte, mis pares lo están revalorando, pero también los jóvenes están con esta idea de que la comida tiene que ser hecha por ellos, por ejemplo… una vuelta hacia lo más natural. Por estos días ha empezado a dictar clases de gres a sus alumnas de pintura, pues quiere que ellas también experimenten el placer el moldear la arcilla, trabajar con paciencia y conectarse con una nueva expresión artística, pero también toma clases, porque ha sido y sigue siendo una eterna estudiante. “Me empezó a gustar la loza antigua”, dice mientras muestra un platillo de porcelana que heredó de su mamá. “Empecé a ver el detalle, a analizar cada flor, a pensar cómo las personas pueden hacer esto”, explica, y con tanta suerte, que consiguió a pocas cuadras de su casa una maestra alemana. Gracias a esta nueva incursión está probando nuevos materiales, dibujando e, incluso, incorporando textos a sus obras. MUJERES El sello de Erna ha sido su trabajo escultórico con gres y particu- larmente su mirada sobre lo femenino. Esculturas de mujeres que responden a estereotipos como la cabeza de pollo, la enrollada o la besadora, zapatos de tacones e imágenes de la virgen a quien ella simplemente llama “las marías”, son los infaltables de su colección. Soy una mujer que tiene mucha fe, que cree que todo pasa por algo y que todo tiene su tiempo, y este es un tiempo para mí. Me puedo demorar tres semanas en hacer una escultura y eso tiene que ver con el momento y con la edad”.
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