TELL VIÑA Septiembre 2018

38 tell. cl El arquitecto a cargo fue Diego García de la Huerta, quien proyectó un hotel de siete habitaciones —todas con sol norte—, que funcionara como una casa, pero conservando ciertos elementos de la antigua construcción. ESPACIO inmobiliario el verano del 2011 y, desde entonces, ha recibido, principalmente, a turistas argentinos y chilenos. En el antejardín se pueden encontrar faroles y una fuente que, al igual que la reja, eran de la casa original. Este espacio destaca sus mesitas para disfrutar las tardes, su piso de piedra, los fogones de fierro, una antigua reja envejecida para estacionar bicicletas y sus árboles; parte del bosque esclerófilo de Zapallar con especies como boldo, peumo y quillay. Al ingresar al hotel, una puerta de madera da la bienvenida, pero no hacia una recepción, sino que a una gran mesa principal con hermosas astromelias, las cuales siempre están frescas y se en- cuentran repartidas a lo largo de los distintos espacios. De inmediato se llega al living y comedor, el área común más atrac- tiva y acogedora, rodeada por amplios ventanales que permiten disfrutar del jardín. La chimenea es un punto de reunión indiscuti- do para los días más fríos, la cual está rodeada por una pequeña biblioteca y sobre esta un gran espejo rectangular envejecido. Des- taca un ajedrez de greda pintado con colores, de un famoso arte- sano de la zona, que ha vuelto sus trabajos en un sello de la costa. A un lado, un comedor con tres mesas y sillas en tonos pastel que permiten compartir con los demás pasajeros. “Este espacio gene- ra lo que no se da en otros hoteles; que los huéspedes interactúen, se tomen una copa de vino juntos y conversen. En las tardes o noches, muchas veces, Zapallar está nublado, se prende la chi- menea y se crea un ambiente muy amigable”, nos comenta Daniel. Los muebles son un mix de mobiliarios familiares restaurados y creados por Carolina García de la Huerta y otros encontrados por

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