TELL VIÑA Agosto 2018
26 tell. cl LAS CASAS DE PATRIMONIALES DE BARISON: UN LAMENTABLE OLVIDO. E ste personaje, nacido en Venecia en 1883 y con vínculos familiares directos en la ciudad de Trieste, frontera con Eslovenia en el Adriático, es sin lugar a dudas uno de los arquitectos más importantes que ha trabajado en nuestra zona, a tal punto que dos de sus obras son Monumentos Nacionales. Formado en la “Scuola Industriale” de Trieste, se tituló como arquitecto en 1903 y comenzó a ejercer en su ciudad. Pero con las noticias del terremoto de 1906 en Valparaíso, puerto con fama mundial, junto con su amigo y colega Renato Schiavon decidieron viajar a Chile al año siguiente con el fin de poder ejercer su profesión, y al mismo tiempo, contribuir en la reconstrucción de la ciu- dad. Desde que arribaron al puerto, comenzaron a trabajar, organizando una oficina de arquitectura, la que si bien tuvo inicios complejos, daría muchos frutos en el tiempo. En 1908 diseñaron su primera casa, que debe haber generado mucho interés en el entorno de la ciudad–puerto. La obra, que fue construida más tarde, fue nada menos que la casa Campusano, una construcción hasta hoy emblemática, que se emplaza, casi colgante, junto al ascen- sor Artillería, y que se ha transformado en una verdadera postal de la ciudad. Después vinieron las grandes obras que les brindaron mucha fama, en especial como sociedad Barison–Schiavon, firma que se hizo célebre con varias edificaciones en la zona. Así trabajaron en la decoración del palacio Guillermo Rivera, que aún se emplaza en la calle Serrano, para más tarde levantar las obras emblemáticas aludidas. Y hubo muchas otras en la cuales Barison trabajó en forma individual, puesto que el estudio de arquitectura con su compatriota se disolvió en 1921. Diseñó varias casas y trabajó con otros arquitectos en proyectos famosos como el hotel O´Higgins. Pero hay una obra olvidada, y es visible para muchos quienes transitamos a diario entre Reñaca y Viña del Mar. Frente a la Stella Maris, conocida popularmente como “Virgen Negra”, en el camino costero se encuentra una bella casona que día a día sufre el desmantelamiento, a tal punto que su estado actual ya casi llega a la ruina. Pese a su estado calamitoso, aún se puede adivinar su soberbia arquitectura y calidad cons- tructiva, además de formar parte del pai- saje del sector. El autor de esa casa fue Arnaldo Barison, y fue encargada por Enrique López Huici. Como recuerda el propio arquitecto en una entrevista que concedió en 1962, dicha casa “fue retra- tada por el padre Stockins y publicada en Norteamérica como un modelo digno de ser apreciado”. Pese al oscuro presente que vive la caso- na, hay esperanzas de que dicha cons- trucción se pueda salvar. Hace pocos días tuve noticias de que hay personas intere- sadas no sólo en rescatarla, sino en darle un atractivo uso en el futuro. Ojalá sea así, porque si reconocemos el legado de Bari- son como uno de los más importantes arquitectos de la historia de la región, entonces debemos, con responsabilidad, asumir que todas las construcciones que aún quedan en pie, y que fueron de su autoría, deben ser resguardadas y puestas en valor. Esta- mos frente a una marca imborrable en que se puede perfec- tamente conciliar patrimonio y desarrollo. Puede que a muchos no les haga mucho sentido asociar el apellido Barison con el patrimonio del gran Valparaíso. Pero si hablamos, por ejemplo, del arquitecto de la Biblioteca Severín o del Palacio Baburizza en Valparaíso, y del Palacio Valle en Viña del Mar, entonces siempre vamos a encontrar un común denominador: Arnaldo Barison. conectados con la historia Por Rodrigo Moreno Doctor en Historia. Director Departamento de Historia y Ciencias Sociales Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez.
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