Viña julio 2018

ENTREVISTA mallory haney Mallory Haney V alparaíso, 2003. Mallory, de entonces cinco años, llenaba de acordes su casa en el puerto, una construcción patrimo- nial que había pertenecido a la hermana del pintor Camilo Mori. Beethoven y Mozart se colaban por las ventanas que daban a la avenida San Juan de Dios, y avanzaban hacia el Pacífico, como una estela. Piezas básicas en un comienzo, que la pequeña disfrutaba e interpretaba con un oído envidiable, ritmo y gran delicadeza. “Empecé a tocar piano a los cuatro años porque se lo pedí a mi mamá. Como siempre hubo uno en mi casa, me llamaba mucho la atención y al principio jugaba con él”. ¿Tu primer concierto? Fue en el Palacio Vergara a los cinco años, en una presentación de los alumnos de mi primer maestro, Ítalo Olivares. ¿Tienes recuerdos? ¿Cómo se me va a olvidar algo así? Mi mamá me vistió como una prin- cesita, con una tiara. Fui la primera en subir al escenario y me creí la muerte. Los aplausos me dieron mucho ánimo para seguir adelante. Con el tiempo, su repertorio fue engrosándose. Tenía once años cuan- do entró al Conservatorio de la PUCV con Samuel Quezada. “Audicioné por segunda vez a expensas de Sybil (Hammersley). Aprendí de teoría, de solfeo, que se refiere a las melodías, los tiempos y el ritmo. La primera vez que entré a la sala de clases me sentí extraña. Todos los El talento de Mallory, becada en la mejor universidad de música de Estados Unidos, la ha llevado por caminos impensados. Hija de porteña y marino mercante, sus manos han tocado en Notre Dame, Saint Sulpice, y en la mismísima Basílica del Vaticano. De paso en nuestro país, mientras ensaya para sus conciertos de órgano en diversas iglesias de la región, nos habla de su pasión y del futuro que sueña. Por Macarena Ríos R. Fotografía Mariela Sotomayor. Música concertista mágica 54 tell. cl

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