Viña julio 2018
compartían alegrías y novedades. También se recogían mensajes, se guardaban encomiendas y, si algún vecino pasaba por problemas eco- nómicos, existía la lista de los fiados, beneficio impensable para las grandes cadenas de supermercados actuales. De esos tiempos sólo quedan extraviadas notas del tipo: “hoy no se fía mañana sí”, cuyo motivo es bastante distinto al de antaño. PIMENTEL Y LA GUITARRA PORTEÑA A través de conversaciones, relatos en off e imágenes de archivo, el documental cuenta la historia de estos almacenes y la de quienes los mantuvieron con vida hasta fines del siglo pasado. Los emporios llegaron a ser más de mil, fueron negocios de tradición, esfuerzo y también nostalgia. “Los helados que me regalaba el nonno ”, recuerda Magdalena. A pesar de que era una niña cuando lo cerraron, tiene la imagen de sus dos nonnos siempre juntos atendiendo el local; de lunes a sábado, afirma hoy. Ecco, algo así como: ¡eso!, era uno de los modismos más usados en su casa y también en el emporio, donde los salames y jamones se exhibían en vitrinas de madera y de gran altura junto a sombreros, adornos, vajillas y un sinfín de productos. Las costumbres italianas se mantuvieron entre los inmigrantes y se transmitieron a los porteños, “nosotros escuchábamos ópera, esos clásicos de Italia como Verdi y Vivaldi”, recuerda Magdalena, quien La principal característica social de estos espacios comerciales era la familiaridad y cercanía amistosa con el barrio; mediante el negocio los extranjeros se iban relacionando con la comunidad porteña del plan”, Magdalena Gissi.
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