TELL NORTE SEPTIEMBRE 2018
34 tell. cl Las clases estaban pensadas para veinticinco alumnos y llegaron más de trescientos”. con la compra y, finalmente, nos cambiamos a esta casa, en el 2004. La matrícula ese año fue de trescientos noventa alumnos. Había una gran necesidad entonces, a nivel local ¡Enorme! Los adultos venían de diferentes sectores de Coquimbo. Ahora lo importante de este proyecto es que nació con la idea de que fuese gratuito y abierto a toda la comunidad y hasta el día de hoy, es así. ¿Esta obra se financia a través de proyectos? El Ministerio de Educación nos entrega mensualmente el finan- ciamiento y lo que nosotros hacemos es postular de manera per- manente a una serie de proyectos. Cuando les presentamos esta idea les pareció muy interesante, porque hasta ese momento solo existía el INSUCO y un liceo para adultos en Coquimbo. Mientras el ministerio aprobaba por partes, yo iba avanzando con las salas. Lo que buscamos no solo era entregar la formación educacional de dos años en uno, sino que innovamos con la formulación de talleres de capacitación en administración, turismo, prevención de riesgos y barman. En definitiva, además se les entrega un oficio Exactamente, porque el objetivo es que puedan tener mayores herramientas para enfrentar el mundo laboral. Incluso este año, estamos impartiendo una capacitación en innovación que consis- te en ayudar al alumno a llevar a cabo sus proyectos de empren- dimiento. MAKER SPACE A esta exitosa obra, se sumó con el tiempo un segundo gran proyecto. De la necesidad de las madres que asistían al colegio San Luis, bautizado así en honor al esposo de Rosa, y que no tenían las posibilidades de dejar a sus pequeños hijos al cuidado Rosa Tamsec, junto a su marido y sus dos hijos, Luiggi y Wilson, dieron vida, en 1989, a esta re- conocida empresa de Coquimbo, enfocada en sistemas de protección contra incendio, control cerrado CCTV y seguridad electrónica. “Comenzamos a adjudicarnos contratos mineros y nos encontramos con la triste realidad de que las personas que trabajaban con nosotros eran muy buenos técnicos, pero no habían terminado el cuarto medio. Nosotros los instamos a conti- nuar sus estudios, pero se encontraron con una serie de dificultades, así que se me ocurrió crear un colegio para adultos”, comenta. ¿La idea partió entonces por una necesidad de sus trabajadores? Exacto. No nos podíamos quedar de brazos cru- zados, así que me reuní con mi marido y mis hi- jos y les planteé la idea. Arrendé una propiedad en la Avenida Ossandón, pensando que podía utilizar dos salas de clases, pero al comenzar marzo, colapsamos. Las clases estaban pensa- das para veinticinco alumnos y llegaron más de trescientos. ¿Y qué hizo? Afortunadamente, en la misma avenida había una propiedad en venta. Fui al banco y les conté la si- tuación, porque la verdad es que los alumnos exi- gían una matrícula. El agente del banco me apoyó
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